Jhanisse Vaca Daza

La mortalidad de un mal gobierno y el calentamiento global

miércoles, 6 de enero de 2021 · 00:12

¿Pretenderán nuestras autoridades seguir ignorando la mortalidad de su negligencia combinada con los efectos del calentamiento global? Bastó menos de una hora de tormenta e inundación para dejar a Sucre en luto este lunes. Una impetuosa granizada, más fuerte que cualquiera en la última década, afectó a distintas partes de nuestra capital, causando muertes, heridos y desaparecidos. Esta tragedia se suma a la subida de números de Covid en Chuquisaca, mayor a la primera oleada reportada el año pasado. Vale recordar que activistas y expertos medioambientales veníamos anunciando que inundaciones fatales vendrían como consecuencia de los incendios en los últimos años. Ocurrió.

Sin embargo, la respuesta del gobierno ha dejado mucho que desear, como fue indicado por los comerciantes del Mercado Campesino, una de las zonas más afectadas. Muchos tuvieron que salvar sus vidas subiéndose a sus puestos de venta, mientras el agua se llevaba toda su mercancía. Vecinos de la zona también reportaron que no recibieron socorro alguno de ambulancias cuando reportaron personas ahogadas o con hipotermia, dado que había un solo chofer para tres ambulancias en el momento. ¿Cómo es posible semejante abandono en la capital del país?

Mientras el elemento descontrolado esta vez es el agua, a diferencia del fuego en los incendios en años pasados, el escenario es el mismo: tenemos un fenómeno meteorológico ya anunciado por el calentamiento global (ayer incendios, hoy inundaciones), sumado a una planificación gubernamental negligente y deficiente que, en conjunto, con prácticas incorrectas, normalizadas por la “costumbre” (ayer chaqueo, hoy contaminación urbana), terminan generando crisis con muertes y devastación para los sectores más vulnerables de la población. 

Lo que es aún peor, la respuesta a estas crisis también continúa siendo la misma: las autoridades antes de socorrer, reparten culpas, ya sea a otros niveles de gobierno o a su adversario político. Y, por último, se lanza la culpa a la misma ciudadanía de su desgracia, alegando que si los comerciantes no generaran tanta basura el agua no se estancaría, como si éste no fuera un problema más estructural de planificación de sistemas de drenaje y urbano. Nótese que este problema de pésima o nula planificación urbana no sólo aqueja a Sucre, sino a la mayoría de las ciudades del país. 

Las soluciones a estas crisis entonces no son simples ni rápidas, pero son necesarias frente a la repetición de tragedias que cada día cobran más vidas. Momentos como éstos deben servirnos para entender que se debe atender tanto lo inmediato, que es el apoyo efectivo e inmediato a las víctimas, como la necesidad de hacer cambios de fondo en cómo se administra el país.

 Bolivia tiene un gobierno que no sólo es pésimo en dar socorro a su población en épocas de crisis, sino que no hace esfuerzos efectivos en la prevención de desastres. Por eso el rol de activistas ambientalistas, anunciando la cercanía de estos desastres, cumple un rol útil y necesario en nuestra sociedad, pero el gobierno sigue sin entenderlo. Ven al ambientalismo como un estorbo político porque, nuevamente, prima el análisis del juego político sobre el principio de proteger la vida.

Mientras tanto, en Sucre, distintas personas continúan escarbando entre los escombros y el granizo para rescatar sus pertenencias con sus propias manos. Periodistas reportando desde zonas inundadas indican con un nudo en la garganta que pese a ser la capital, somos el patio trasero del país, y que la respuesta a esta tragedia sería distinta si ocurriera en el eje central de La Paz - Cochabamba - Santa Cruz. Si no fuera por la resiliencia de la ciudadanía, que una y otra vez se levanta y sigue adelante, sería imposible explicar cómo en Bolivia sobrevivimos no sólo al calentamiento global, sino también a nuestros gobiernos.


Jhanisse Vaca Daza es activista de derechos humanos y noviolencia, cofundadora de Ríos de Pie.
 

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