Juan Antonio Morales

El periplo de un crédito

jueves, 25 de febrero de 2021 · 05:09

La devolución por el Banco Central de Bolivia (BCB) del crédito de desembolso rápido del Fondo Monetario Internacional (FMI) merece que se lo analice con detenimiento. Este crédito fue aprobado por el directorio del FMI en abril del 2020 para atender las necesidades causadas por  la pandemia del Covid-19. Muchos países en desarrollo lo habían solicitado. Las condiciones del crédito eran: plazo de cinco años, un periodo de gracia de tres años y una tasa de interés de 1% más una comisión de 0,5% por una sola vez. El crédito estaba en Derechos Especiales de Giro (DEGS). Fue estructurado como un swap (intercambio de divisas) por el que el país vendía su cuota en el FMI a cambio de dólares, pero con la obligación de recomprarla al vencimiento. 

El DEG consiste de una canasta de monedas de países industrializados. Su valor fluctúa con respecto al dólar, variando  con el promedio ponderado de las modificaciones en el tipo de cambio de cada moneda de la canasta con relación a él. Desde  el momento en el que se recibió el préstamo y en lo que va de este año, el dólar se ha depreciado con relación al euro y a las otras monedas de la canasta. En otras palabras, el precio del euro aumentó en términos de dólares y sucedió lo mismo con las otras monedas que componen los DEGs.

Aunque es tema de controversia, las depreciaciones /apreciaciones son un fenómeno de corto plazo. En el plazo pactado para el vencimiento de la operación se podía esperar razonablemente una reversión de la depreciación.

La depreciación del dólar si bien aumenta el costo financiero en el corto plazo, contribuye también a que suban los precios de los commodities que exportamos, como se puede notar ahora y a que se recupere  en algo la competitividad internacional. Aún más importante, era la utilización del crédito la que diluiría, por lo menos parcialmente, el efecto cambiario en el costo del crédito.

La aprobación del crédito por la ALP por las condiciones que tenía y dadas las penurias causadas por la pandemia parecía que era cuestión de mero trámite. Desafortunadamente para el país no fue así. Se interfirió con motivaciones políticas. La ALP, dominada por el MAS,  bloqueó la aprobación con el argumento de que el FMI imponía condiciones muy duras, lo que no era cierto. Como no podían ir muy lejos con ese argumento comenzaron a encontrar toda clase de pretextos para no aprobarlo. Todo da a pensar que el objetivo principal era estrangular financieramente al gobierno de Añez, aún a costa del sufrimiento de la población.

Con el cambio de gobierno se podía haber aprovechado la disponibilidad de ese crédito que estaba en los libros del BCB. Una vez más no se lo hizo por razones políticas. Se necesitaba devolver el crédito, además en un momento inoportuno, para continuar azotando al gobierno de Añez. 

Hubiese sido más ventajoso para el país utilizar ese crédito que “imprimir dinero”, en sentido figurativo y también literal. Es lo que se ha estado haciendo con los créditos del BCB al Sector Público No Financiero (SPNF). El año 2020 el crédito interno neto del BCB ha sido de más de 25 mil millones de Bs (9,5% del PIB) y que se ha excedido en casi 4 mil millones con relación al programa financiero acordado entre el MEFP, el MPD y el BCB a principios de diciembre de 2020. La base monetaria se ha expandido en 18,503 millones de Bs (6,9% del PIB). El peligro de esa expansión de la liquidez no está tanto en la inflación a corto plazo, como en que ella  se vuelque contra las reservas internacionales, que en divisas ya están en un nivel bajo. 

El gobierno ha anunciado su intención de colocar $us 3,000 millones de bonos soberanos en los mercados internacionales de capital. Tiene a su favor la gran liquidez de esos mercados, la desesperación de los inversionistas por rendimiento y nuestro  bajo endeudamiento con el exterior con relación al PIB. Además el crédito  solicitado es pequeño con relación a los montos que se transan en los mercados. Tiene en contra la falta de un programa creíble de reactivación y la devolución del crédito al FMI. Si la colocación llega a efectuarse  será previsiblemente a un interés por encima del 5%. La tasa de rendimiento  de los bonos del gobierno americano a 10 años está en 1.36%, a la que hay que sumarle el riesgo país.

 

Juan Antonio Morales es profesor emérito de la Universidad Católica Boliviana y expresidente del Banco Central de Bolivia.
 

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