Pedro Portugal Mollinedo

Rediseño del movimiento indígena

miércoles, 3 de marzo de 2021 · 05:09

En el continente se da una regeneración del movimiento indígena. Siguen en pie, cierto, traumas antiguos, pero empiezan a tomar un nuevo cariz. En julio de 2020 el entonces presidente norteamericano Donald Trump celebró su “Día de la Independencia” en el Monte Rushmore, bajo los rostros tallados en piedra de varios expresidentes. En el siglo XIX el gobierno norteamericano reconoció la pertenencia de esas colinas a la nación siux. Durante la “fiebre del oro” las arrebató y nunca las devolvió. En 1980 el Tribunal Supremo dio la razón a los indígenas, obligando pagar a las tribus más de 1.300 millones de dólares (no en vano es el país del “Precio de la Historia”): las tribus fueron reticentes. En julio de 2020 el líder LakotaThunderHawk reiteró: “No queremos el dinero, queremos nuestra tierra”.

En el extremo Sur los mapuches, pueblo indígena que logró victorias militares contra los colonizadores españoles primero y resistencia tenaz a los ejércitos republicanos luego, verifica que hoy no hay con el Estado diálogo ni diferente relación.

Continuidad del fenómeno colonial y permanencia de la resistencia. Pero, se forjan nuevas estrategias que quiebran los tradicionales esquemas de rebeldía. El forcejeo habitual —con todo lo heroico que puede ser— solo disipa la vida de los oprimidos, sin perturbar realmente la estabilidad de los opresores. Ese cambio es sobre todo visible en Bolivia y Ecuador, con la emergencia de fenómenos que tienen nombre y apellido: Eva Copa y Yaku Pérez.

Bolivia fue laboratorio de resistencia indígena, generando teorías y estrategias que irradiaron al Centro y Sud americano. A partir de los años 60 se forjó el indianismo y el katarismo. En 1980 marcó los debates del Congreso Indígena de Ollantaytambo (Perú). Simbólicamente, ese influjo es ahora visible en el uso continental de la wiphala, con colores y diseño que su autor, Germán Choque Condori, las imaginó para diferenciar el Qollasuyu de las otras regiones del antiguo Tawantinsuyu.

Las organizaciones indígenas en el Ecuador recibieron con creatividad la singularidad indianista y katarista. En el comportamiento e ideología de los movimientos de ambos países hay aspectos comunes y disímiles, por la influencia de sus respectivas historias republicanas. En nuestros países el colonialismo interno actúa a través de una tupida red de interacciones. En Bolivia, la Revolución de 1952 generó cambios a través de la eliminación de la servidumbre. Libres de la sujeción feudal, el rol político campesino fue cada vez más independiente y específico. En Ecuador, esos cambios estructurales fueron menos drásticos. Por ejemplo, Ley de Reforma Agraria y Colonización de 1964 recoge más las pautas de la formulación de la OEA en Punta del Este que las aspiraciones indígenas y campesinas. En aquel país la tendencia es hacia la preponderancia; en este, hacia el acoplamiento con las fuerzas políticas criollas.

En ambas experiencias se dan, sin embargo, pautas comunes y, ahora, rupturas semejantes. A la desconfianza hacia las fuerzas políticas conservadoras se conjuga ahora el rechazo a la izquierda oportunista y manipuladora. En ambos casos, ello concurre con el esfuerzo por la formulación de políticas propias y originales, y en la expectativa por el poder político, aspectos característicos del indianismo.

Proseguirá la preocupación por independizarse de la tutela doctrinal que, a título de reivindicación, somete al indígena al imperio de caricaturas sobre su identidad cultural, lo que se conoce como pachamamismo. Y es que tanto Eva Copa como Yaku Pérez se expresan y deben su éxito popular a presentarse y expresarse como contemporáneos, no como indios del cliché de ONG de la academia occidental.

El éxito inicial de ambas personalidades (a las que hay que añadir en Bolivia el del hijo del Mallku, Santos Quispe, actual candidato a la Gobernación de La Paz) dependerá de la necesaria creatividad que ensamble su herencia histórica con el mundo contemporáneo; de asumir los derechos específicos de cada uno de los componentes de sus respectivas sociedades con la necesidad de construir una nueva identidad nacional; asumir que más que reivindicar diferencias se trata de lograr igualdades. De cualquier manera, se abren nuevas perspectivas históricas. Desafíos que deben asumir las nuevas generaciones.

 

Pedro Portugal Mollinedo es  director de Pukara, autor de ensayos y estudios sobre los pueblos indígenas de Bolivia.

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