Alberto Bonadona Cossío

COVID, crisis económica y dineros internacionales

sábado, 18 de septiembre de 2021 · 05:10

Es evidente que las economías del mundo se han visto seria y profundamente afectadas por la pandemia. Esta causó una interrupción repentina e imprevista de la actividad económica comparable únicamente a las crisis iniciadas en 1929 o en 2008. No fue causada por causas económicas o financieras como las dos crisis mencionadas; su causa fue el COVID19, un fenómeno de salud pública que afectó y afecta al mundo entero.

La caída de la producción fue más rápida que en cualquier otra crisis porque toda actividad económica se paralizó bruscamente. Afectó a los trabajadores informales y formales, a los pequeños empresarios como a los grandes, la educación en todos sus niveles se vio seriamente afectada, así como la capacidad de los centros de salud fue superada. Por cierto, en cada país con diferentes grados de intensidad y gravedad.

El FMI proveyó 130 mil millones de dólares a 85 países y alivió el servicio de la deuda a muchos otros países pobres. Que Bolivia no se haya beneficiado de estos apoyos es otro asunto, pero pudo haberlo hecho. En las pasadas semanas ha repartido dinero a todos los países que pertenecen a dicho organismo y ha destinado la suma de 650 mil millones de dólares para respaldar las reservas internacionales de estas economías. The Economist (17, julio, 2021) se pregunta si pudo haber sido más generoso y si realmente serán los países más pobres los que se beneficien de esos recursos. Pudo haber repartido el dinero en función de un criterio de ponderación de la pobreza para que sean estas economías las más favorecidas. No es lo que hizo y ha dado a países ricos montos millonarios que ciertamente no los necesitan para reforzar sus reservas internacionales. Queda que esas ricas economías decidan favorecer a las más pobres y reencauzar esos recursos hacia economías en apuros.

Los recursos internacionales pospandémicos no solo se encuentran disponibles en los derechos especiales de giro (DEG) que el FMI ha emitido y que cada país intercambió por dólares en sus cuentas nacionales. También se encuentran en otros organismos multilaterales y en organismos que propician la creación de fondos verdes para beneficiar la sostenibilidad medioambiental. Algunos de esos fondos tienen líneas financieras a las que Bolivia puede acceder. Así, está el International Finance Corporation (IFC), parte del Banco Mundial con recursos para preservar empresas y empleos. También  tiene el programa de financiamiento global dirigido a medianas y pequeñas empresas relacionadas con cadenas de oferta mundial especialmente abierta para países de economías frágiles. Por otra parte, el BID ofrece su fondo climático verde para financiar proyectos y programas en energía limpia, cuidado de la salud, desarrollo agrícola y manejo de recursos naturales. A la vez, la Corporación Andina de Fomento (CAF) tiene tres fondos verdes: Green Climate Fund (GCF), Global Environmental Facility (GEF) y Adaptation Fund (AF), para inversiones en infraestructura, energía, desarrollo social, sostenibilidad ambiental y cambio climático. Aparte, la CAF ha asumido como propios los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Organización de las Naciones Unidas y apoya a los países latinoamericanos en la emisión de bonos verdes en mercados internacionales. 

Bolivia, en este momento de crisis, puede transformar ésta en una excelente oportunidad. Los recursos internacionales están ahí, disponibles. Pero, también internamente se tiene la posibilidad de aumentar el gasto público. Sí, con gasto fiscal, incrementando el déficit fiscal. La economía boliviana se encuentra en un rebote de su crecimiento del 5%, que no es suficiente como para volver a niveles del PIB alcanzados antes de 2015. Tampoco se tiene una economía al borde de la inflación y la desestabilización. Se tiene la posibilidad de aumentar y crear fondos destinados a los municipios que presenten potencialidades de aumentar la producción y el empleo en el corto, mediano y largo plazo. Esto supone un plan que armonice las potencialidades de desarrollo productivo en las distintas regiones del país y se coloquen los medios más apropiados para convertirlas en fuentes de avance regional, local y comunitario. Así también se generarán los recursos para honrar los compromisos asumidos y se otorgarán las fuentes para cubrir el déficit fiscal. El FMI está dando la lección de que es tiempo de gastar, sin mayores velos ideológicos que el bienestar de la población; es aconsejable aprender de esa decisión de repartir dinero a todo el mundo.

 

Alberto Bonadona es economista.

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