Max Murillo Mendoza

Las torres gemelas y los aprendizajes de la historia

sábado, 18 de septiembre de 2021 · 05:08

Hace veinte años exactamente unos aviones comerciales, secuestrados por islamistas radicales, se estrellaban en los edificios de las torres gemelas, símbolo del capitalismo exitoso norteamericano. Todo eso lo vimos en las pantallas de televisión en vivo y directo. Así, se consumaba un ataque planificado y ejecutado en tierra estadounidense, paradójicamente los supuestos terroristas eran hijos de clase alta de Arabia Saudita. Más allá de ese hecho, lo que se debe leer e interpretar es que ese hecho tiene contenidos históricos de trascendencia. El medio oriente siempre fue el patio trasero de las potencias occidentales, todas a su turno se repartieron esos territorios para simplemente enaltecer sus ansias de imperios. Se inventaron países, los partieron a su gusto y se inventaron guerras para venderles armas al mejor postor. Demasiados años de soportar que imperios destruyan y saqueen sus riquezas, sobre todo petroleras.  

La reacción sin duda alguna fue el ataque a las torres gemelas y parte del Pentágono. Miles de inocentes ciudadanos murieron, como cientos de miles de ciudadanos árabes murieron y mueren todos los días en represalias guerreras. Ojo por ojo. Al final, en esa lógica occidental de la historia tradicional: dividida consciente o inconscientemente entre bárbaros y civilizados, pues los bárbaros han aprendido mejor de los errores de occidente. Hipócritamente se dice y se respira que la historia ha cambiado; no en los hechos, no en las prácticas reales cuando los países centrales o capitalistas siguen nomás en esas lógicas de conquistas, que no han cambiado un ápice en los hechos. Los discursos son bonitos poemas de los ambientes de las NNUU, que no corresponden a los hechos factuales del mundo real.  

A las pocas semanas de aquel hecho los norteamericanos, por supuesto acompañados por las potencias europeas, invadieron Afganistán en el año 2001. Simplemente continuaron los fracasos de la invasión soviética de 1979. Pensaron que los poderosos ejércitos de ocupación imperiales, serían suficientes para doblegar a ese país agrario y en ruinas, por tantos años de guerra irracional imperial. Los resultados simplemente han sido contundentes para el mundo moderno: derrota total y vergonzosa de todos los ejércitos imperiales de la era moderna, de la historia moderna occidental.  

Cientos de miles de muertos. Destrucción del país, de sus culturas y costumbres. Corrupción total de los burócratas de la guerra, pues sólo los norteamericanos gastaron 300 millones de dólares por día en esos veinte años de ocupación. Armas sofisticadas del arsenal gringo, que mostraban incluso en televisión y en sus películas, sólo para destruir una realidad que a todas luces resistieron contra el poder total, a partir de sus lógicas culturales y comunitarias vistas por los invasores como bárbaras y atrasadas. Ningún sentido común existe en ese desacierto de la historia occidental, ninguna razón lógica que justifique semejante brutalidad en nombre de la democracia, en nombre de los altos valores filosóficos occidentales que realmente están cada vez más en duda, por su propia historia.  

La impunidad de los conquistadores es harto conocida desde tiempos inmemoriales. Desde el inicio de la era moderna allá en el siglo XVI. El invento de la historia, y la historiografía, no les ha servido de mucho porque no aprenden y no les llega a su consciencia histórica. Guerras de conquista y guerras mundiales, sólo para justificar que son civilizados, que son los portadores de la filosofía de la existencia. Se matan entre ellos incluso, como desenfreno de su descabellada forma y manera de consensuar sus diferencias. Civilizados como son, destruyen todo lo posible para imponer sus caprichos de poder y dejar claro que la sangre es también un medio de beneficio, en sus ansias de conquistas al infinito.  

Las torres gemelas no fueron precisamente un aprendizaje, en el sentido de buscar soluciones a un mundo siempre complejo y problemático, desde las altas cúpulas donde se toman las decisiones más importantes del mundo. Las torres gemelas sólo fueron otra excusa más para la demostración del poder impune, sanguinario, brutal, imperial, conquistador y civilizatorio de occidente. La vergonzosa salida del país más poderoso de la tierra, con el ejército más poderoso que es el agujero negro de cientos de miles de millones de dólares (que servirían al menos para resolver el hambre de todo el mundo), de Afganistán pues sella nomás esa vieja idea colonial: el mundo se divide entre bárbaros y civilizados.  

En cambio, los bárbaros han aprendido mejor de la historia occidental. Han aprendido a saltar y gambetear todos los muros que construyen los civilizados; han aprendido a conocer el desprecio y la ignorancia hacia sus culturas. Han aprendido que sus guerras pueden ser vencidas, en definitiva han aprendido, con más sabiduría, que la historia occidental tiene que ser modificada, y reconstruida desde las miradas bárbaras por el bien de occidente.  

Seguirán habiendo torres gemelas, si es que no cambia el mundo los esquemas estrechos de occidente: bárbaros y civilizados. Ya llegó hace tiempo la postmodernidad, superando las estrecheces de la modernidad; pero nada cambia en el fondo de las visiones y relaciones del mundo, porque occidente no quiere cambiar ni superar sus arcaicas maneras de ver el mundo.  

 

Max Murillo Mendoza es ciudadano boliviano

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