Juan Pablo Guzmán

Sobredosis de insensatez

lunes, 24 de enero de 2022 · 05:11

Cuando la filosofía griega amalgamó el concepto de insensatez, pensó en aquellos actos humanos en los que estaba ausente el sentido común, resultado de que una persona “no pensaba bien”. El ser insensato, desde entonces, pobló parte de las reflexiones de Aristóteles y Platón, mientras Homero fabricaba con su literatura ejemplos de personajes de esa condición, que, desde luego, tenían su antípoda en héroes sensatos, es decir hombres que actuaban con la razón y el buen juicio.

Para los filósofos griegos, la persistencia en cultivar la insensatez como conducta habitual llevaba inevitablemente a la desgracia, no solo del insensato, sino también de las personas de su entorno, porque las decisiones asentadas en el absurdo, la irreflexión y la ignorancia son el embrión de la infelicidad e, incluso, de la tragedia personal y colectiva.

En la Bolivia de hoy no es necesario explorar la filosofía ni la literatura griega con el fin de comprender el concepto de insensatez. Basta dar una mirada a nuestro alrededor para encontrar casos que dejarían perplejos a Aristóteles y Platón, mientras con seguridad Homero caería en una profunda depresión al constatar que su prolífica creatividad fue incapaz de concebir decisiones y actos sin sentido, como los que abundan ahora en nuestro país.

Desde luego la insensatez ha sido una pauta de acción permanente en gran parte de los protagonistas de la historia de la nación (por algo estamos como estamos), pero la  pandemia del coronavirus parece haber acentuado dramáticamente esa tendencia, hasta llevarla al límite de lo insólito.

Es suficiente ver o escuchar algún noticiero, o leer alguna página informativa para encontrar casos extremos de ese absurdo. En una revista televisiva matinal, por ejemplo, una vendedora de artesanías de La Paz que tiene mal puesta una tela en la boca (con seguridad no es un barbijo) invita a la gente a visitar la Alasita 2022 porque “están garantizadas todas las medidas de bioseguridad”.

En otro canal, un dirigente de los propietarios de locales nocturnos advierte que su sector “no aceptará la restricción en el horario de funcionamiento de bares porque se quiere liquidar un noble trabajo”, para luego vaticinar que en el mes de febrero dueños y clientes ignorarán la medida debido a que “el carnaval no puede parar, ya que sirve para aplacar las penas”.

Otras necedades se escuchan en declaraciones de  portavoces y militantes de los llamados “movimientos antivacunas”, que sin el mínimo sentido común, y haciendo gala de una ignorancia atroz, articulan frases absurdas para justificar una conducta que quieren disfrazar de “libertaria”, aunque lo único que provocan es dar libertad a la enfermedad y a la muerte.

Mayor aún es el descriterio de algunos líderes y autoridades, de quienes, precisamente por esa condición y la responsabilidad que conlleva, se podría esperar algo de cordura. ¿O no es insensato anular “temporalmente”  la exigencia del carnet de vacunación que, como consecuencia inmediata ha reducido dramáticamente los índices de vacunación en todo el país? ¿O no es insensato también, con un añadido de contradicción, que la Alcaldía de La Paz proponga una cuarentena en sábado y domingo, para dar curso el lunes a las aglomeraciones de la Alasita?

Barbara Tuchman, una historiadora, periodista y escritora estadounidense ganadora de dos premios Pulitzer, se ocupó en sus reflexiones de la insensatez y concluyó que aunque forma parte inevitable de la condición humana, claramente es más grave cuando se expresa a nivel de gobierno, por el alcance de sus daños.  De los gobernantes, recalca Tuchman, debería esperarse  el culto a  la racionalidad, la cordura y el buen juicio. En una palabra, sensatez.

Sin embargo, lo real es que los insensatos pululan hoy en los puestos de mando con el peor ejemplo posible de liderazgo, y se multiplican como clones entre los que eluden el uso del barbijo, los que rechazan las vacunas, los insensibles que solo velan por su bien,  y los ignorantes que desacreditan a la ciencia.

Junto a Tuchman se podría decir que hoy, en Bolivia, “la insensatez reina soberana”.

 

Juan Pablo Guzmán es periodista.

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