Agustín Echalar Ascarrunz

Derechos universales que se aclimatan a nuestro medio

domingo, 13 de diciembre de 2020 · 00:11

El jueves pasado se conmemoraron los 72 años de la declaración universal de los derechos humanos, un documento que es muy importante y que inaugura, luego de los horrores del pasado inmediatamente anterior europeo, una época de mayor justicia para los seres humanos. 

A pesar de muchas atrocidades actuales de las que nos enteramos, a pesar de horrores que suceden cerca, podemos de todos modos decir que esta es la mejor época de la historia de la humanidad, precisamente porque hay más respeto; en primer, lugar para la mitad más importante de la humanidad (un poco de lisonja no hace daño y cumple con el cometido de enfurecer a algunas feministas de fuste)  para los débiles, para los diferentes, para los minusválidos, inclusive para los “perdedores” (en el peor sentido Trumpesco), aunque aún falte mucho para llegar a una situación ideal. 

 Sí señores, el 10 de diciembre es una fecha para festejar, y lo es precisamente porque no recuerda a una revolución, éstas tarde o temprano terminan traicionadas o distorsionadas, sino porque es el inicio de una línea de reconocimiento de derechos que ha ido creciendo con el tiempo. Es difícil imaginarse, por ejemplo, que quienes redactaron ese documento, en 1948, hubieran podido creer que entre los derechos de las personas estaría el de formar una familia con alguien de su mismo sexo. 

Eso precisamente ha sucedido casi a modo de celebrar la famosa declaración en este fin de mundo que es nuestro querido país, un tribunal de la jurisdicción constitucional ha determinado que el pedido que han presentado los señores Aruquipa y Montaño ante el Sereci,  para que se reconozca su relación como una unión civil con todos los derechos que esto implica, es procedente. 

La noticia no puede ser mejor, no sólo para el pequeño grupo de personas del mismo sexo que viven o quieren vivir juntas y regularizar su situación ante el Estado, sino para los homosexuales en general, porque es un reconocimiento más de su derecho a vivir su afectividad en forma plena; esto también se extiende a las familias de éstos y, claro, a toda la sociedad boliviana. 

Lo logrado por la feliz pareja y por los abogados de Derechos en Acción y la Comunidad de Derechos Humanos que los han patrocinado es un gran servicio a la sociedad boliviana, aunque en estos momentos eso no sea necesariamente visto de esa manera por un importante porcentaje de los ciudadanos.

En medio de esta verdadera fiesta de los derechos humanos es importante recordar que esta forma de entender la vida no deja de ser un planteamiento colonial, colonial moderno, o global, o cosmopolita; los bolivianos están pudiendo construir una mejor sociedad para ellos gracias a su dependencia cultural de occidente. El movimiento LGTBI en Bolivia  sólo se entiende a partir de ser un tributario de lo que ha sucedido en los últimos 50 años en los grandes centros culturales del mundo occidental.  Vale hacer notar este detalle en estos tiempos en que hemos creado un Ministerio de Culturas y Descolonización. 

Para celebrar un poco más el día de los derechos humanos, hemos podido presenciar un acto que también tiene una gran trascendencia, me refiero al traslado del señor Kuschner de la cárcel de San Pedro a su domicilio, donde cumplirá detención mientras tiene lugar el juicio, en segunda instancia, al que ha sido sometido. La detención preventiva es una terrible violación a los derechos humanos, y es una figura a la que nos hemos acostumbrado en Bolivia de una manera no sólo irracional, sino que nos convierte en una sociedad aún más injusta. El reconocer que una persona, aún condenada, sigue teniendo el derecho a la presunción de inocencia, si es que está yendo a la siguiente instancia, es un antecedente del que nos podemos alegrar enormemente.

Sería mucho mejor que Kuschner hubiera podido defenderse desde el principio en libertad, y que más que una unión civil, la pareja Aruquipa-Montaño pudiera casarse como lo hacen las parejas heterosexuales, pero pasos menos contundentes son a veces los que más avances logran, como decían las abuelas: “Lo mejor es enemigo de lo bueno”.   

Este es, sin lugar a dudas, un domingo mejor que la mayoría de los anteriores.

 

Agustín Echalar Ascarrunz es operador de turismo.
 

 

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