Agustín Echalar Ascarrunz

Fútbol y cosas peores

domingo, 6 de diciembre de 2020 · 00:11

Quienes siguen mi columna, y quienes me conocen, saben que no sé nada de fútbol. Yo mismo he declarado en este espacio que una vez cada cuatro años me siento un extraterrestre en mi propio planeta, cuando todos no hacen otra cosa que asistir a ese torneo, y hablar de él. 

No, no puedo hablar de fútbol, aunque por cultura general, y porque fui torturado en la escuela, sé que en ese juego está prohibido tocar la pelota con la mano, que eso es un faul, y tiene castigo, y siempre me he preguntado cómo es posible que un gol que fue determinante en un campeonato, que fue hecho con la mano, no hubiera tenido sanción; aunque confieso, que nunca vi la secuencia, ni las imágenes de ese momento tan importante en la vida del astro futbolero que nos acaba de dejar. 

Lo interesante es que lo que pasó en ese momento no tenía nada que ver con futbol, sino con nacionalismos y asuntos no resueltos entre Inglaterra y Argentina o, si se quiere, entre el primer mundo y el tercero; y en realidad se trató del menos deportivo de todos los momentos del fútbol. 

Los ingleses no estuvieron en condiciones de denunciar un acto grosero porque quien(es) lo cometi(ó) eron acababan de perder una guerra, que además tenía un retrogusto colonial.  Y los argentinos, y los cumpas latinoamericanos, se sintieron reivindicados, no con una jugada brillante, sino con un faul, así de tristes somos.

El fútbol no me atrae, principalmente porque tengo dos pies izquierdos, pero no le resto su valor y gracia, y hasta creo que es mejor que las rivalidades nacionales se den en un partido antes que en un campo de batalla. Eso sí, el inmenso negocio que ese espectáculo es y la manera como es manejado me indisponen. 

Maradona es un producto de lo aberrante que es ese mundo, del trastoque de valores que eso significa, de lo poco deportivo que es en realidad todo ese andamiaje; aunque, aclaremos, eso no se debe a la FIFA, sino a los cientos de millones de seguidores que se emocionan, a nivel éxtasis, con una patada bien dada. 

En primera instancia, los bolivianos deberíamos estar felices de no ser parte de ese mundo o de no ser por lo menos parte de lo más exagerado de ese mundo, pero claro, tenemos nuestra variante que, ay,   fue peor.  

Aquí no podemos hablar de la “mano” de Dios, sino de la “rodilla” del que se creía dios. Aquí hemos desarrollado, durante la larga fiesta de Evo, un ritual de corte en relación al fútbol.  El Presidente se dedicaba a hacer una parodia del fútbol. Siempre ganaba porque nadie se atrevía a hacerle perder, y recorría el país con un equipo conformado por amateurs bien entrenados para jugar a que jugaban al fútbol en casi cada lugar que visitaba.  Más que un partido, era un ballet, y todos se tragaron eso, y es posible que la estrella de los partidos hasta se lo creía de verdad. 

Maradona hizo ganar muchísimo dinero a mucha gente gracias a su habilidad con la pelota y ganó él también una fortuna que, dicho sea de paso, además conservó hasta su muerte. Morales y su afición al fútbol le costó a este pobre país una pequeña gran fortuna, no se han hecho los cálculos todavía. 

 Podemos alegrarnos de que el nuevo Presidente no esté siguiendo los pasos y las gambetas del anterior; de hecho, sólo se puede aplaudir el gesto de este viernes de Su Excelencia, de usar los servicios de la línea aérea regular para trasladarse a Cochabamba. Obviamente, de paso pone en evidencia la vida extravagante, poco racional, y onerosa de su antecesor. A quienes creemos en la mesura y en el cuidado del dinero de todos, ese tipo de actitudes - usar un vuelo regular cuando se puede - sólo nos puede crear simpatías. 

Agustín Echalar Ascarrunz es operador de turismo.
 

 

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