Agustín Echalar Ascarrunz

Covid, luchar, aguantar, superar

domingo, 17 de enero de 2021 · 05:11

En esta segunda ola, uno de los países grandes que más está sufriendo es Alemania, el país que tiene uno de los mejores y más equitativos sistemas de salud, uno de los mejores sistemas educativos, y una población amaestrada al extremo de que (casi) ningún peatón se anima a cruzar la calle cuando el semáforo está en luz roja, aunque la soledad y el silencio abrumen en esa esquina. Y sí, son puntuales hasta en vacaciones. 

Esta realidad, haber tenido más de 1.000 muertos por día durante más de una semana nos puede angustiar enormemente, porque si eso puede pasar en ese país, ya podemos imaginarnos lo que nos espera a nosotros, con un sistema de salud paupérrimo, con muy mala educación, con enorme pobreza y con una población incapaz de seguir las más elementales reglas.

Lo cierto es que a Alemania, sí la Alemania de Angela Merkel, le ha ido estas semanas peor que al Brasil de Bolsonaro y a los Estados Unidos del impresentable Trump -y esto debe ser subrayado- parece ser que las medidas que toma un gobierno, que seguramente tienen un cierto efecto, en realidad no significan mucho a la hora de enfrentarse a una pandemia como la que nos ha tocado.

Y eso es algo que deberíamos entender y asociar a nuestra realidad. No se trata de cuán bien o cuán mal lo hizo Añez en el gobierno, ni se trata de lo que esté haciendo el gobierno de Arce: el resultado, nuestro periplo, nuestro destino, nuestro “Schiksal”, será muy parecido. En términos generales, es obvio que es mejor tener más hospitales que menos; es obvio que es mejor tener más médicos  que menos, y más material médico y medicinas, y desinfectantes que menos, pero aclaremos, parece ser que los resultados de la pandemia, sean menos duros o más, no dependen sustancialmente de la actitud o de las medidas que tome un gobierno.

Esto creo que es importante de entender y socializar para no perder el tiempo con las peleas vulgares de la politiquería, para que nadie trate de beneficiarse o beneficiar a su partido de la desgracia del pueblo, de nuestra desgracia, sea ésta la terrible muerte de un ser querido, el aislamiento o la pérdida, a veces total, de ingresos y el consiguiente empobrecimiento.

Algo interesante en el caso de Angela Merkel es que ella no ha sufrido que su popularidad hubiese menguado debido a la terrible situación del Covid, y eso tiene ante todo que ver con el capital social y político que ella tiene; hasta la izquierda de su país la respeta, algo muy diferente en el caso de Trump o de  Bolsonaro, que no convencen ni a quienes votaron por los ellos.

 En casa, Arce no tiene y  Añez no tuvo el capital social para enfrentar este desastre, gracias al cual, la segunda perdió el chance de ser elegida, y el primero es posible que tenga que verse en figurillas en los próximos meses.   

Debemos entender que esta es una pelea de todos, que debe ser librada en su conjunto, es tan penoso y canalla que Arce y los suyos  critiquen las políticas de Añez, como que Añez y la oposición actual hagan lo propio, más allá de que, por supuesto, la fiscalización debe tener lugar. Lo que nos pasa no debe convertirse en un concurso de quién lo hizo peor.

La segunda ola se nos viene con todo, y hay que tomarla muy en serio, pero la experiencia de la primera nos da enormes ventajas;  podemos aprender de los aciertos y de los errores de lo que pasó el año pasado, pero es imperativo sacar de la discusión las premisas de que todo lo anterior estuvo mal, o todo lo que se hace ahora está peor.  

Tenemos además la ventaja de que la vacuna está a la vista, este es el momento de -como dice el Presidente Arce- aguantar. Morir o sufrir enormemente a pocos meses de poder acabar con la pesadilla puede ser el resultado de la mala suerte, pero puede ser también las malas decisiones tomadas en un momento de debilidad. A cuidarse se dijo, falta poco, ya hemos pasado el intermedio, el concierto está por terminar. 

Agustín Echalar Ascarrunz es operador de turismo.
 

 

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