Agustín Echalar Ascarrunz

Vivir sin Defensoría del Pueblo

domingo, 22 de mayo de 2022 · 05:11

Las últimas semanas hemos vivido un ejercicio democrático, que aunque frustrante, no deja de ser positivo. Me refiero a la imposibilidad de elegir en la Asamblea Plurinacional al próximo defensor del Pueblo. La cosa se ha puesto difícil, porque en primera instancia, el partido de gobierno, que tiene mayoría en la Asamblea, pero no los dos tercios que se requieren para hacer ese nombramiento, en realidad o no entiende las verdaderas funciones de un defensor del pueblo, o las entiende muy bien, y por eso mismo no quiere tener uno.

En efecto, el defensor del pueblo debe ser una piedra en el zapato para quienes están en función de gobierno. Esa institución es una sofisticación de la democracia, que solo puede darse en espacios democráticos consolidados, donde quienes detentan el poder dudan de sí mismos, y crean una instancia que no solo los fiscalice, luego de haber actuado, sino que pueda llamarles la atención en el mismísimo momento en que un ciudadano o un colectivo se siente afectado por el estado.

Las dos veces que el MAS eligió a un defensor del pueblo, en 2010 al pastor Rolando Villena y en 2016 a David Tezanos Pinto, lo hizo por los motivos equivocados, en el primer caso, porque veía en Villena un aliado, en el segundo, porque veía en Tezanos Pinto un sumiso. Villena finalmente logró ser un probo defensor del pueblo, en parte porque la agrupación política a la que se sentía afín, se retiró del gobierno, y terminó en la oposición.

La señora Cruz, tuvo un cuarto de hora de un accionar positivo en su interinato, fue durante el gobierno de la señora Añez, cuando trató de defender los derechos de las personas frente al autoritarismo del entonces ministro de gobierno.

Lo cierto es que no puede haber un defensor del pueblo que sea afín al gobierno.  Para empezar este tiene que ser alguien que no despierte suspicacias en dos tercios de los electores parlamentarios, y eso simplemente no puede aquilatar el MAS con su visión de cosas que ha dividido el país entre los que están con ellos y los que están contra ellos.

La actitud de los representantes no masistas de la Asamblea Plurinacional ha sido coherente y correcta, y eso nos puede alegrar, para bien de la democracia. Hace cinco años que el país vive sin un genuino defensor del pueblo, y por lo visto seguiremos en esa situación por un largo período más. Eso pone en evidencia las debilidades del gobierno del presidente Arce, que no tiene genuinas convicciones democráticas, ni de respeto a los derechos humanos, y a los derechos ciudadanos. No es casualidad que hoy por hoy Bolivia apañe a Putin, y que al interior del MAS se crea que Cuba, Nicaragua, y Venezuela son ejemplos democráticos.

La pugna que está teniendo lugar estos días en el legislativo es una muestra de las bondades de la democracia, por lo menos porque pone en evidencia en el hemiciclo a quienes no tienen la capacidad de actuar democráticamente.  El diálogo, la concertación, el poder encontrar espacios de afinidad, es algo no solamente saludable, sino imprescindible en un sistema de gobierno sano. Y ese diálogo debe ser tarea de todos, pero ante todo de quienes tienen la mayoría.

El gobierno está en la disyuntiva de elegir a un defensor de verdad, o elegir a un defensor de sus intereses, en otras palabras, tiene la opción de fortalecer la institucionalidad democrática, o de desecharla, manteniendo a la señora Cruz, que solo sería una buena defensora, si el MAS no estuviera en el poder.

 

Agustín Echalar Ascarrunz es operador de turismo.

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