Ventana al mundo

Para occidente siempre del este viene el perturbador

lunes, 15 de abril de 2019 · 00:06

El almirante y estratega francés Raúl Castex (1878-1968) solía repetir: “del este viene el perturbador”. Para la Europa occidental, el este siempre fue Eurasia, con sus recónditas, incógnitas e invasiones recurrentes. El mismo apodo de hunos que los aliados franco-británicos endilgaron a los alemanes en la Primera Guerra Mundial, más allá de la indignación que a ellos  les provocaba, también anunciaba con claridad que el ataque venía del este. Berlín estaba bastante más al oriente que Londres y París.

 Al dividirse el imperio romano en occidente con Roma y oriente con Constantinopla, subsistieron hasta hoy dos mundos europeos: el romano-germánico y el greco-bizantino, el que tras la caída de Constantinopla (1453) y por el derrumbe de Bizancio quedó posteriormente centrado en Rusia con base en la religión ortodoxa. Asimismo, durante casi cinco siglos los otomanos ocuparon los Balcanes, transformando la ecuación política-étnico-religiosa de esa parte de Europa oriental.

 Las migraciones germanas fueron en su época el factor básico que permitió el mantenimiento de una pauta occidental que quedó a la deriva tras la debacle del imperio romano. Desde Roma surgió la Iglesia y convirtió al catolicismo en gran parte de Europa. Luego vino la creación del Sacro Imperio Romano-Germánico, que perduró hasta 1806.

Su nombre reflejaba la triple condición del mundo europeo occidental en lo religioso, en su origen histórico y en su generalización germánica, a la que concurrieron -cada uno por su lado- reinos europeos tales como España, Francia, Inglaterra y principados italianos.

Todos estos países consolidaron su carácter nacional con los aportes migratorios de anglos, sajones, francos, godos, visigodos, vándalos,  suavos, lombardos, varegos, normandos y otros grupos tribales provenientes de la vieja Germania.

 Poco y nada de esto podría haber surgido sin el constante desafío proveniente del Oriente. Desde las hordas hunas de Atila que casi toman Roma hasta las masas de caballería mongólica de Gengis Khan, el sentido occidental se forjó sobre la amenaza de las recurrentes invasiones provenientes del este; la historia medieval de Europa refleja ese temor constante. La lucha contra el perturbador y la respuesta positiva al desafío que venía del este forjaron pues la identidad de Occidente.

 Es más, lo occidental no podría interpretarse cabalmente sin esa amenaza oriental que a veces -por reacción- se transformó en lo inverso, esto es, en la marcha hacia el este de los Caballeros de la Orden Teutónica durante la Edad Media, la marcha de Napoleón hacia Moscú y hasta la invasión alemana de Rusia en 1941. El movimiento geopolítico pendular entre occidente y oriente viene de siglos. Y sigue vigente. Aún nos traerá sorpresas. Esta vez  el perturbador del este  tal vez sobrepasará a Rusia y quizá sea un actor internacional más grande y poderoso: la República Popular China.

Agustín Saavedra Weise es economista y politólogo. www.agustinsaavedraweise.com

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