Alberto Bonadona Cossío 

El tipo de cambio

sábado, 12 de diciembre de 2020 · 00:10

Si tan sólo Bolivia hubiera creado la base productiva para diversificar sus exportaciones, la alteración del tipo de cambio no sería mencionada con la frecuencia que hoy se hace. Fortalecer el tipo de cambio exige mayor producción, productividad y calidad, aspectos que, históricamente no se alcanzaron en el país. Una modificación del precio del dólar no logra el aumento de ninguna de estas tres fundamentales condiciones para hacer más competitivos a los productos de exportación. Puede circunstancialmente hacerlos más baratos; un efecto efímero cuando las otras monedas se devalúan permanentemente.

Existen voces acerca de la invasión de productos agrícolas importados que estarían afectando a la producción nacional. Es posible que se importaría menos papas, tomates o mangos si hay una devaluación, pero también es más probable que no y se sigan importando esos productos, pero más caros. 

Bolivia presenta una tendencia al crecimiento de la producción agrícola ascendente. De acuerdo a los datos del INE, en 1984 se produjeron cuatro millones 632 mil TM de productos agrícolas, en 2000 llegaron a ocho millones de TM y en 2109 se aproximaron a los 20 millones. Esto supuso un crecimiento de las hectáreas cultivadas de 917 mil a tres millones 856 mil durante los 35 años referidos. Salvo descensos, por lo general, causados por fenómenos climáticos, Bolivia aumenta su producción agrícola sostenidamente.

La productividad del sector crece mínimamente (con variaciones respecto al promedio de poca significación) y, por lo tanto, el crecimiento de la producción se debe al uso cada vez mayor de un uso extensivo de la tierra. Nuevas extensiones de tierra que son, a la vez, la explicación del aumento de la producción y el mínimo crecimiento de la productividad. Si no existiese la posibilidad de importar, con certeza habría escasez de los productos que llegan a la mesa de los bolivianos. La preocupación, entonces, en la agricultura de productos tradicionales y no tradicionales, debe ser el aumento de la productividad y no la devaluación del boliviano respecto al dólar.

Hablando de productos no tradicionales es de relevancia observar cómo estos productos han crecido en sus volúmenes de exportación. Se exportaron en total algo más del millón de TM en 1998 y triplicadas en 2019. Incluso, la caída de estas exportaciones no tradicionales en 2015 coloca su volumen en más de dos millones de TM. Una tendencia creciente y sostenida en los volúmenes exportados sobre la base de mercados internacionales favorables que establecen precios que hacen posible la compra del producto agrícola boliviano a pesar de su baja productividad. 

En el caso de la castaña o de maderas, el aumento exportado se debe a que todavía somos casi únicos productores en estos productos y en joyería es posible se deba a la calidad. Todos los productos no tradicionales muestran aumentos considerables en un período de dos décadas. La excepción son las artesanías, los cueros y las prendas de vestir. Productos que con un esfuerzo en su calidad o el uso de lanas autóctonas (vicuña, por ejemplo, o tratamiento mejorado de los cueros), Bolivia podría dar un gran salto en volúmenes y precios.

Cuando a las exportaciones se incluyen productos como el turismo o las TIC, ambos rubros se destacan, aunque con variaciones notables en su porcentaje de participación en la generación de divisas. Las TIC significaron el 12% de las exportaciones y el turismo 5% el año 2000. Porcentajes que se modificaron a cerca del 2% en las TIC y 9% en turismo en 2018. Sin embargo, estos son rubros que pueden rendir mucho más y convertirse en sólidos generadores de reservas internacionales.

En las exportaciones de productos no tradicionales, como en las TIC y el turismo, pesan más los precios que se determinan en los mercados internacionales. Para todos ellos no hace falta una devaluación sino una política económica que mejore la calidad, diversifique la producción y promocione las exportaciones. En el caso de los productos agrícolas en general, el momento que aumente la productividad con riego, asistencia técnica, fertilización del suelo, respeto a la vocación de los suelos, se logrará, no solo la disminución de este tipo de importaciones, sino que se alcanzará una real y efectiva competitividad lejos de los juegos monetarios que suponen la modificación del tipo de cambio.

Alberto Bonadona Cossío es economista.
 

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