Alberto Bonadona Cossío 

Sustitución de importaciones

sábado, 9 de enero de 2021 · 00:10

La sustitución de importaciones en América Latina logró avances relevantes en la industrialización de Brasil, México, Argentina, Colombia y Chile. Avanzaron, aunque en diferentes grados de éxito, positivamente por ese camino. ¿Qué les ayudó a ellos que no lo hizo con otros países? El principal factor que funcionó con esos países fue el tamaño de sus mercados. Esto significa una capacidad de compra capaz de adquirir la producción sustituida. A la vez, la capacidad de producción debe alcanzar una escala como para que el producto sea competitivo internacionalmente. De otra manera, requerirá protección que tiende a hacerse permanente como en un alto número de productos de origen brasileño. Estas economías tenían un grupo poblacional de altos ingresos que fueron los que dieron impulso al nivel de consumo requerido.

En medio de distribuciones altamente desiguales del ingreso personal, las economías de estos países alcanzan a tener un grupo lo suficientemente numeroso con ingresos que permiten elevados niveles de consumo. Esto es, tienen habitantes ricos cuantiosos en medio de un mar de pobreza que es suficiente para que una industria, que sustituye lo que antes se importaba, pueda vender su producción internamente de manera rentable.

Los países nórdicos (Suecia, Dinamarca, Noruega y Finlandia), con poblaciones relativamente pequeñas, pero con una distribución altamente igualitaria del ingreso,  alcanzan un grupo numeroso de habitantes lo suficientemente elevado como para crear mercados que dan el respaldo de consumo a industrias que producen en grandes volúmenes.

Al hablar de industrialización, se habla, entonces, de unidades productivas generadoras de grandes escalas de producción y de consumidores en cantidad e ingresos sobradamente elevados como para comprar lo producido. Esto no se presenta en economías pequeñas en cuanto a consumidores y sus respectivos niveles de ingresos. Por eso es que en América Latina se intentaron agrupar a esas pequeñas economías en acuerdos internacionales que nunca prosperaron.

El camino hacia la industrialización de países como Bolivia encuentra muchos impedimentos difíciles de transponer. Está el tamaño de su mercado reducido porque la mayoría de los bolivianos tienen bajísimos ingresos y los ricos parece que no pasan de 150. Para franquearlos hay que tener algo más que buenas intenciones o decretos. Sí, se necesitan fondos que la impulsen, pero con mínimas condicionalidades.

“Hoy,  más del 80% de los insumos que llegan al país, de los bienes intermedios, son importados” afirmó el presidente Arce en el Congreso Empresarial 2020 y recordó que la estrategia ofrecida en su campaña es modificar, precisamente, esa estructura. Sin embargo, lo que explicó en la reunión de empresarios fue más una estrategia de impulsar nuevas exportaciones.

 Habló de “producir 42 industrias a través del litio, que van a sustituir muchos de los productos que hoy por hoy la industrialización del país requiere”. Cualquier derivado del litio o su transformación en baterías u otros acumuladores de energía requiere de un mercado que Bolivia no cuenta y de los recursos humanos capacitados, los cuales, tampoco el país los tiene. 

Estos últimos pueden ser formados en un tiempo, lo cual es aconsejable y factible. No así, el mercado interno. Los productos terminados de las 42 líneas de producción tendrán la necesidad de ser exportados. 

El Presidente, habló también de la Hidrovía Ichilo-Mamoré como la ruta para “sacar” productos, o sea exportar lo que se puede producir favorablemente en el norte del país. Al respecto, añadió “que también se convierte en una estrategia turística para Cochabamba, Santa Cruz y Beni; no sólo es un traslado de mercancías, sino de pasajeros y turismo, en la que la participación del sector privado, con inversiones extranjeras, es una necesidad y eso tenemos que planificarlo conjuntamente”

Estas palabras de Arce son verdaderamente alentadoras. Parece que el Gobierno  se da cuenta que el camino para desacoplar a la economía nacional de los ancestrales caminos de los enclaves productivos de materias primas es la exportación. Aunque se lo denomine proceso de sustitución de importaciones, el camino a seguir es el de la ampliación de los mercados internacionales. Se debe esperar que, a pesar de la denominación de la estrategia, los reglamentos para disponer de los 911 millones de bolivianos para alentar la producción nacional tengan el contenido y las facilidades para hacer realidad lo dicho en su referido discurso. Esta es la oportunidad que Bolivia tiene para su desarrollo y es también la oportunidad de Luis Arce Catacora para dejar su impronta en este trascendental proceso.

Alberto Bonadona Cossío  es economista.
 

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