Alfonso Gumucio Dagron

El cojo

sábado, 12 de diciembre de 2020 · 00:11

“El cojo le echa la culpa al empedrado”. Arce Catacora cojea y le echa la culpa a Añez. Ni aunque manipule las cifras puede borrar con el codo lo que hizo durante 14 años de gestión como Ministro de Economía, años en los que Bolivia recibió más recursos que nunca antes en su historia, y el gobierno del MAS los dilapidó con ineptitud e irresponsabilidad. 

El nuevo relato de Arce y sus adeptos pretende hacernos creer que hubo una caída en la inversión pública durante el gobierno de transición y que la pandemia influyó poco. Pero no dice cómo fue la inversión pública durante los años autoritarios del MAS, cuando había bonanza y no pandemia. 

El gobierno constitucional de Añez, cuya tarea principal era conducir al país a elecciones democráticas no hizo sino heredar una situación de colapso y administrarla como pudo con la pandemia mundial encima. A pesar de la mala salud de la economía (ni un solo nuevo pozo de gas en 14 años) y de un sistema de salud abandonado, logró llevar a buen puerto elecciones democráticas y combatir con relativo éxito la pandemia, a pesar de los sabotajes del MAS en ambos frentes. Le fue mal en lo económico, como a todos los países afectados, incluso a los de economías muy sólidas. 

Lo anterior es una verdad irrebatible, aunque el MAS quiera imponer un discurso fabricado a su medida, como cuando tuvo que contratar a mercenarios para producir su telenovela “El cartel de la mentira”. Al igual que todo movimiento nacionalsocialista, el MAS sabe que «una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad» (Göbbels), sobre todo con una militancia obsecuente, caracterizada por el oportunismo y la prebenda. 

No olvidemos que el MAS es una masa amorfa, sin ideología. Esgrimió durante 20 años un discurso “de izquierda” para alinearse con lo que estaba de moda, el “socialismo del siglo XXI”, pero en los hechos, en el manejo económico se mostró tan neoliberal como los gobiernos que execraba o peor que ellos, pues no tenía un derrotero claro.  Y en lo político, desplegó las mañas neofascistas de quienes persiguen y reprimen a los que ponen en evidencia sus abusos. Ideología, no tiene. 

El cojo Arce está en problemas. El opaco economista que nunca soñó con llegar a la presidencia, tiene que resolver una difícil ecuación: ¿cómo tapar el agujero de malgasto y de deuda externa que él mismo creó durante los 14 años que estuvo a cargo de la economía del país? Ya que no puede echarle la culpa al empedrado que el MAS tapizó en la ruta trazada por Evo Morales, entonces se ensaña con un gobierno que durante un corto año no hizo sino apagar incendios (literalmente). 

La agresividad verbal y física es característica del sector azul más belicoso, cuyos grupos de choque queman autobuses y apedrean ambulancias. Cuando se acercan con palos y estribillos de guerra, las tiendas y los edificios parapetan sus puertas y ventanas. Arce se tendría que cuidar de ellos, porque como un búmeran la bosta que esparcen con ventilador regresará sobre su cara. Hay un límite para la mentira, y ese límite son las cifras: bastará que economistas serios pongan en evidencia cuánto dinero ingresó a Bolivia durante el periodo de bonanza del MAS, cuánto se gastó y cuanto se invirtió.

La diferencia entre “gasto” e “inversión” pone en figurillas al supuesto artífice del boom económico del MAS. Gastó a manos llenas: palacios mussolinianos, museos a la gloria del emperador, aviones y terminales aéreas presidenciales de lujo, empresas estatales diseñadas para quebrar (Bulo Bulo, Mutún, Enatex o San Buenaventura, entre otras), sin pensamiento de desarrollo con horizonte de largo plazo. Solo narcotráfico y contrabando. Y estamos pagando las consecuencias.

El gasto es vistoso como el teleférico subvencionado e impagable que se construyó en La Paz a un costo por kilómetro más caro que cualquier otro en América Latina, pero la inversión requiere de un proyecto competente y amortizable cuyo objetivo de mediano plazo es crear empleo permanente y fortalecer la industria y la integración económica nacional. 

El MAS no hizo inversión, sólo encandiló a ingenuos con gastos superfluos como el costo de cada hora de vuelo del avión de Evo Morales, cientos de miles de dólares irrecuperables. Arce endeudó al país como nunca antes y ahora ruega en Naciones Unidas que le condonen la deuda. 

Arce Catacora va por mal camino y a tropezones cuando intenta imponer un discurso que no tiene asidero en la realidad. La verdad que quedará al final ya la conocemos: él fue causante de malgastar la bonanza de Bolivia en su mejor momento, y él es ahora responsable de corregir sus propios errores. 

Tiene la oportunidad de hacerlo, si se rodea de gente competente, ya que a él solito no le alcanza la sesera.

 

@AlfonsoGumucio  es escritor y cineasta.
 

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