Carlos Miranda Pacheco

Ferrocarriles de llamas y automóviles eléctricos

viernes, 5 de marzo de 2021 · 05:12

Conjuntamente con todos los países de la Tierra (159) somos participes comprometidos en el Acuerdo de París. Este acuerdo, el más amplio en toda la historia de la humanidad, se ha firmado para cumplir programas de trabajo a fin de contener el calentamiento del planeta. Uno de los programas fundamentales es que para el 2050 prácticamente todos los países habremos dejado de utilizar combustibles fósiles que generan gases contaminantes, que han provocado que el mundo este envuelto en una especie de invernadero. 

Lo anterior representará que para el 2050, los vehículos de transporte dejarán de ser propulsados por el uso de combustibles fósiles y, más bien, serán vehículos con motores eléctricos. Nuestra red ferroviaria es muy reducida, por tanto, el transporte público de carga y pasajeros se realiza por la red caminera. Entonces, teniendo esa importancia para nosotros, presentamos una breve verdadera historia del uso de vehículos propulsados con derivados de petróleo.

En 1904, el primer automóvil impulsado por gasolina empezó a funcionar en La Paz. La presencia de este vehículo causó curiosidad, respeto y hasta temores, pero creó la tendencia a utilizar vehículos motorizados de transporte. Como éstos funcionaban con gasolina importada, también se estableció traer gasolina del Perú hasta La Paz en llamas

La utilización de vehículos en Santa Cruz era dificultosa por la necesidad de contar con combustibles importados. Tratando de solucionar esa dificultad y habiendo emanaciones de petróleo a 30 km de la ciudad, en la propiedad la Casona de Lourdes, de la familia Velasco, se instaló con medios locales una refinería que producía gasolina para automóviles. Con el fin de construir un gran proyecto, la familia Velasco obtuvo una concesión del gobierno para producir y refinar petróleo.

Por otro lado, en esos años la Standard Oil de Nueva Jersey obtuvo concesiones del gobierno para explorar y producir hidrocarburos y derivados. En rápida sucesión descubrió yacimientos en Bermejo, Sanandita y Camiri, donde también se construyeron pequeñas refinerías. 

Por la falta de carreteras, el mercado de occidente del país era más accesible a la importación de gasolina de Perú. Esta situación empujó a Standard Oil a solicitar al gobierno nacional obtuviera la seguridad del gobierno paraguayo para construir un oleoducto  para transportar por el Chaco hasta el río Paraguay, por donde se podía evacuar en barcazas la producción nacional. 

Esta solicitud fue negada al gobierno boliviano, lo que se constituyó en un elemento irritable más de los que precipitaron la Guerra del Chaco. Meses después comenzó la guerra entre Bolivia y Paraguay. Mantener abastecida de carburantes a nuestras Fuerzas Armadas fue uno de los principales problemas nacionales.

 Sumándose al esfuerzo nacional de abastecer de carburantes a las Fuerzas Armadas, el transporte usando llamas creció a niveles casi increíbles. Ver a  miles de llamas transportando gasolina daba la impresión de ver un ferrocarril que se movía lentamente. Por este motivo, al transporte masivo del carburante por parte de estos camélidos de los Andes se lo denominó el “ferrocarril de las llamas”.

Concluido el conflicto, el “ferrocarril de las llamas” que transportaba carburantes del norte al sur desapareció rápidamente. En su lugar, aparecieron largas filas de camiones que llevaban  del sur al norte los combustibles que producían las refinerías de Standard Oil.

Nacionalizada Standard Oil, YPFB continuó operando exitosamente las ex-refinerías de Standard Oil y mantuvo el flujo de camiones llevando carburantes de sur a norte.

Pocos años después YPFB construyó oleoductos y poliductos eliminando el transporte por camión. Esa red de oleoductos continúa siendo el sistema maestro de distribución de producción.

Más allá de 2050, cuando se construyan museos energéticos, se mostrará la evolución de los vehículos a gasolina que fueron reemplazados por los vehículos eléctricos. En estos museos se deberá contar con una o varias imágenes del “ferrocarril de llamas” que contribuyó al crecimiento de la utilización de vehículos con refinados de petróleo.

 

Carlos Miranda Pacheco es ingeniero y experto en hidrocarburos.
 

 

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