Carlos Toranzo Roca

El olvido de pensadores de la Revolución Nacional

miércoles, 16 de diciembre de 2020 · 00:11

 La Revolución de 1952 no tiene películas clásicas que generen un recuerdo sobre esa insurrección popular, fenómeno que sí sucede con la Revolución Mexicana; de otra parte, no es excesivo el número de autores que hayan escrito libros sobre ella, asimismo, es corta la serie de textos que rescatan el aporte de los intelectuales que pusieron su sello a esa Revolución. Son pocos los actores-autores del fenómeno revolucionario, cuya obra es rescatada, hay escasos libros o ensayos sobre dichos intelectuales, los más han sido olvidados. Tampoco hay la gran novela de la Revolución de Abril, recién comienzan a aparecer películas sobre la Guerra del Chaco.

Los aportes de la historia son parcos en  reconocer  a los actores de las épocas de la Guerra del Chaco y, menos aún, a los de la Revolución Nacional, se ha derramado mucha tinta sobre los escritos de Carlos Montenegro, Augusto Céspedes, René Zavaleta Mercado, Sergio Almaraz, Tristán Marof, así como ensayos sobre la obra de Guillermo Lora que, sin ser pensador de la Revolución Nacional, pero sí fue un político que escribió bastante sobre el fenómeno revolucionario desde una perspectiva crítica, pero muy cercana históricamente al proceso revolucionario.

 De otra parte, existen algunos aportes analíticos que rescatan la obra de Guillermo Bedregal o Walter Guevara Arze. En cambio, es más restringida la cantidad de textos que analizan los aportes, por ejemplo, de autores como Edwin Möller, José Cuadros Quiroga, José Fellman Velarde, Alfonso Gumucio Reyes, Orlando Capriles, José María Palacios o sobre Ernesto Ayala Mercado, todos quienes han tenido un influjo intelectual muy importante sobre la Revolución de Abril. 

Es necesario penetrar en la obra de esos pensadores con el objeto, primero, de rescatar su obra y, segundo, mostrar por dónde transcurrieron sus aportes más importantes, no sólo para la reflexión sobre la Revolución de Abril, sino cómo su pensamiento influyó en dicho proceso revolucionario. Además, y muy importante, el rescate de esos autores nos permitiría dar una mirada a la historia de la revolución, pero con ojos de presente para descubrir qué herencia ideológica y de actitudes cotidianas dejó el proceso de Abril y cómo ese proceso influye en la política contemporánea.

Al rescatar a los intelectuales de las épocas de la Guerra del Chaco y de la Revolución de Abril, lo que se recupera es la tradición de los polemistas políticos en Bolivia, así como se pone en escena la tradición nacional del ensayo político; es en este género donde hubo más aporte de los bolivianos, no así en la investigación social, de esa que se basa en la generación de evidencia empírica para la verificación o negación de hipótesis políticas o sociales.

 Asimismo, al pasar revista a esos intelectuales, lo que se encuentra es que, es casi inexistente la línea divisoria entre intelectuales y políticos, pues la división del trabajo en el país no llegó a poner fronteras entre ambos, cuestión que aún está presente en el siglo XXI. Empero, en el presente, los más de los políticos, parlamentarios, dirigentes partidarios o de movimientos sociales, ya no tienen huella de haber sido formados como intelectuales. Es una pena, pero esta es la triste realidad.

En Bolivia el deporte fundamental es el fútbol, cada boliviano es de algún equipo, normalmente no son solamente simpatizantes apasionados de su club, sino que, las más de las veces, son fanáticos de ellos. Pero, por el otro lado, es difícil hallar bolivianos que estén lejos de la política, ésta es el otro deporte de los nacidos en este país; es cierto que la mayoría no es militante de partidos políticos, pero siempre son simpatizantes apasionados y hasta fanáticos de algunas ideas y de algunos procesos políticos.

 Pero, si no militan en partidos, es normal que lo hagan en sindicatos o en organizaciones sociales, en los cuales no sólo se debaten las cuestiones gremiales, sino que se elevan inciensos en favor de algunas líneas o propuestas políticas. Es que, en la historia de Bolivia, en especial en el siglo XX, la forma sindicato ha sido más extendida que la forma partido; si lo fue así en la historia, ahora, sin embargo, la lejanía del partido es aún mayor y, además, la existencia del sindicato como lugar donde se discuten ideas políticas es una falacia.  Otros son los signos de los tiempos.

 

Carlos Toranzo Roca es  economista.
 

 

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