Carlos Toranzo Roca

El odio como política de Estado

miércoles, 15 de diciembre de 2021 · 05:12

No es sólo la lógica amigo-enemigo con la cual actúa el régimen, ella implica que no hay adversarios políticos con los cuales debatir; no, hay solamente enemigos a quienes destruir; parte del criterio: estás conmigo o estás contra mí, y si es así, hay que aniquilar al enemigo. Esto implica que no hay respeto por las ideas de otros, no existe libertad de pensamiento y de prensa, no hay derecho a la disidencia, lo único que existe es obediencia y hasta obsecuencia con el poder. Está claro que nada de esto es democrático, es más bien la antítesis de la democracia, entonces ¿en Bolivia de qué democracia se puede hablar cuando no hay respeto de las ideas de otros?

Pero, no es únicamente esa

lógica la que prevalece en la política actual del poder, también está presente una mirada conservadora de la realidad, pues sólo se gobierna con el retrovisor, mirando atrás, se denosta la llegada de los españoles a América, se ataca al liberalismo del principio del siglo XX, se sigue aborreciendo a los barones  del estaño, se miente diciendo que en el inicio de este siglo los indígenas no podían entrar a las plazas principales de nuestros departamentos  ¿Y dónde está la mirada de futuro?, ¿dónde están las respuestas sobre la falta de empleo, sobre las carencias de la salud?, ¿qué se dice en torno a la baja calidad de la educación, cuál es la postura por el fin del ciclo del gas en Bolivia?  No, únicamente se habla de golpe de Estado, se construye un relato mentiroso para reprimir los opositores o a quienes piensan de manera distinta al poder. A Jeanine Añez ¿la tienen presa por la represión en Senkata y en Sacaba? No, la tienen prisionera por odio contra los opositores, por odio contra quienes estuvieron en un gobierno que no era el de Morales. No les importa las muertes de Sacaba y Senkata, son ellos quienes empujan a su gente a afrontar muchos peligros, hasta arriesgar la vida ¿para defender la democracia? No, para defender la sed inagotable de poder de su jefe.

¿Por qué detuvieron a Pumari? Por lo mismo, por odio contra un líder de la oposición que se enfrentó a Morales en 2019 y empujó a que éste renuncie, sí renuncie, por su propia decisión y huya a otro país; solo la amnesia le hace olvidar que renunció. Pero, su odio sigue, contra Camacho, contra Pumari; y como a Potosí la pueden maltratar cada rato, por eso apresaron a ese líder de 2019; no es la primera vez que el Jefazo dirige ataques contra ese departamento que ha recibido muchas bofetadas del MAS. ¿Y el Presidente? Ciego por la obsecuencia, más dogmático que el Jefazo, debido a que su puesto se lo debe a Morales y como tal debe intentar mostrarse más radical, más odiador que el Jefazo. Odio también contra doña Amparo Carvajal, a quien amenazan y hasta agreden físicamente. Odio contra todos aquellos a quienes consideran como neoliberales, sin percatarse que los más neoliberales de este país son los cocaleros del Chapare protegidos por Morales, esos productores no desean que el Estado interfiera en sus negocios que, por cierto, no son muy santos; como neoliberales también son los contrabandistas, gremiales o camioneros que no desean ningún control de sus actividades por parte del Estado.

El odio está en el poder, en éste que sólo sabe mirar hacia atrás y que no entiende la necesidad de mirar el futuro, es ese odio el que obliga a construir un relato falaz que habla únicamente de golpe de Estado, al cual la oposición partidaria responde con el relato del fraude. Unos y otros no entienden que en la cotidianidad esa antítesis no importa, porque la gente está preocupada por el empleo, la salud, la educación o el futuro de sus hijos. Ese odio del poder también colocó en el centro de muchos debates la oposición entre indígenas y no indígenas, glorificando a los primeros para que odien a los otros. Es extraño que este poder construya ese relato de defensa de los indígenas cuando en la práctica los reprimió en Chaparina, cuando cotidianamente manda a los  “interculturales”, léase cocaleros, a tomar las tierras de los indígenas.

Una democracia no debe admitir el odio como política de Estado, al contrario, debe basarse en el respeto de los demás. Construyamos democracia y no odio entre los bolivianos.

Carlos Toranzo es economista

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