Carlos Toranzo

Retos de la educación del futuro

miércoles, 29 de diciembre de 2021 · 05:10

El signo del presente es la incertidumbre, el futuro no queda claro para nadie, la única certeza es que todo cambiará al influjo de la transformación digital. La pandemia no solamente trajo millones de muertes en el mundo, vino de la mano de la aceleración tecnológica, ya antes del Covid 19 se sabía que el mundo estaba marcado por la automatización de la producción, por la incorporación de robots a los procesos de trabajo, por nuevos fenómenos de desempleo. Son tiempos en que el manejo de los macrodatos, de la llamada big data parecen dotar de poder a quiénes los manejan.  ¿La educación, los procesos educativos, las curriculas toman en cuenta esta revolución tecnológica? Si la respuesta se remite a Bolivia, con certeza podemos afirmar que esa preocupación es aún inexistente en la administración del Estado, ésta  navega todavía en las aguas ideológicas de una reforma educativa que no impulsa el país hacia adelante.

Años atrás la educación comprometida con el desarrollo, en colegios y universidades, explicaba la gran distancia existente entre países industrializados, los llamados desarrollados y los que sólo producen materias primas, los nuestros, los subdesarrollados; actualmente, la brecha ha cambiado, son otros temas los que la definen; la brecha radica entre países que aceden al manejo de datos y los que no pueden hacerlo. ¿Cómo puede la educación ayudar a disminuir esa asimetría? Este es un reto que no solo lo debe responder el Estado, sino que también debe ser pensado por la sociedad civil, por las universidades, por los intelectuales, por los políticos, en especial por los jóvenes, pues ellos y su trabajo pueden convertirse en irrelevantes en el  futuro, lo cual es más grave que el desempleo que padecen hoy en día.

No debemos descuidar que en un contexto de transformación digital, de biotecnología y de infotecnología, desaparecen y desaparecerán algunos tipos de trabajo.  ¿Entonces cuáles son los retos de la educación para formar gente para un mercado de trabajo que está cambiando? ¿Cómo puede la educación responder al mercado de trabajo si éste, por la revolución tecnológica, se modifica cada diez años? En esta época sabemos que la revolución tecnológica otorga a la inteligencia artificial una gran importancia para definir en que espacios de trabajo podrá ubicarse la gente; no olvidemos que ella ayuda a entender la evolución de los humanos con mucha anticipación, a conocer sus gustos, a saber, con años de anticipación, cómo se comportarán los mercados, pues permite conocer anticipadamente las inclinaciones de los consumidores. Está claro que ella, la inteligencia artificial, debe ser un soporte de la nueva educación. ¿El Estado, los maestros, los educadores están tomando en cuenta estas temáticas? Insistamos, vivimos en la época de los datos, del uso de los algoritmos para el conocimiento de muchos fenómenos ¿la educación boliviana se ocupa de esto? Actualmente se pueden conocer anticipadamente muchas cosas de los humanos, por ejemplo, sus vocaciones, en esa medida, el uso de datos podrá ser un soporte de la educación del futuro. En la época de los macrodatos, de la big data y de los algoritmos, baja un poco el libre albedrío de las decisiones humanas, no siempre el consumidor de a pie o el sujeto de la calle define cómo se comporta el mercado, incluido el de la educación, pues los “dueños de los datos” conducen a imponer gustos, productos, carreras, empleos. ¿Considera esto el Estado, los maestros, las universidades?

Entonces, en estos tiempos ¿Qué estudiar? ¿Qué enseñar? Quizás algo que no sea definitivo, pues todo está en completo cambio, esto implica que la nueva enseñanza debe ser realizada para manejar la incertidumbre; si el mercado laboral se modificará cada diez años, entonces, quizás no haya profesiones eternas en el futuro, como existían en el pasado. En el presente se entierran con facilidad muchos trabajos, pero, simultáneamente nacen muchos nuevos. El reto probablemente sea educar para que la gente aprenda a reinventarse, para que siga aprendiendo para adatarse a nuevos escenarios, para que maneje con normalidad la incertidumbre. Todo cambio estresa, la educación debería ayudar a evitar esos sufrimientos, ayudar a lidiar con el fracaso, con el cambio constante de actividades, empujar a entender la flexibilidad de los empleos y de los procesos de trabajo. En este contexto complicado de cambios que nos mueven el piso y que atentan contra nuestras seguridades, está bien aceptar que los datos son básicos, pero también hay que relievar el  conocimiento de la inteligencia emocional. Como en los viejos tiempos, las matemáticas, el lenguaje, la comunicación son vitales para que los jóvenes tengan futuro.

 

Carlos Toranzo es economista

 

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