Carlos Toranzo Roca

Revoluciones en México y Bolivia

miércoles, 25 de agosto de 2021 · 05:11

América Latina muestra en el siglo XX un acontecimiento mundial: la Revolución Mexicana. Ella introdujo el tema latinoamericano en el mundo del pensamiento social y político. Estuvo muy cerca de nosotros los bolivianos, traía menos hielo y menos estepa que la Revolución Rusa.

En el pasado, México y Bolivia, fueron reconocidas por Zacatecas, Guanajuato o Potosí, eran miradas con ojos de explotación de plata en la época colonial. Pero, la Revolución Mexicana cambió la visión de América Latina; luego de las guerras de Independencia, condujo a mirarnos con los ojos de revolución social, abrió los ojos a actores de piel morena.

La Revolución Mexicana, luego la Guerra Civil española, marcaron al mundo con una fuerte impronta solidaria. La hecatombe social mexicana señaló un camino de renovación cultural, expresó la pertenencia de parte de la intelectualidad a las ideas del cambio social; por eso, es difícil pensar a México sin posar la mirada en la plástica de Rivera, Siqueiros y Orozco. Para los foráneos, no se sabe si ella nació del muralismo o si éste nació de la Revolución.

En el pasado, la historia universal revolucionaria podía ser leída por medio de la Revolución Francesa. Sin conocer la justicia de la guillotina, sin Robespierre; no podíamos penetrar en las profundidades de la cultura universal. En América, el conocimiento del cambio podía venir por la intelección de lo sucedido en la Guerra de Secesión norteamericana, pero la historia universal más nuestra, más latinoamericana, ésa que llevó a los “inditos” a ser sujetos de su historia, pasa por el conocimiento de la Revolución Mexicana. Sin Pancho Villa, Emiliano Zapata no se puede ser universal; sin penetrar en ella, sería imposible leer otras revoluciones, como la boliviana.

La irradiación de la cultura de la Revolución Mexicana no sólo se plasma en su muralismo, se expresa en cuestiones cotidianas. ¿Quién de nosotros no ha aprendido a cantar?  “Si Adelita se fuera con otro, yo la seguiría por tierra y por mar, si por mar en un buque de guerra”… Para los bolivianos, esas adelitas se han reeditado en las barzolas de la Revolución Nacional. Su muralismo de colores fuertes tuvo parientes bolivianos con el muralismo de Alandia Pantoja, quien al pintar no sólo miraba Bolivia, sino que también tenía en su retina a los Rivera, Siqueiros, Orozco.

Es imposible pensar esa Revolución sin la presencia de un profundo espíritu laico, que en un país de alta religiosidad, en una nación tan guadalupana, logró separar al Estado de la Iglesia. Para los intelectuales es difícil olvidar la memoria de John Reed, recordando que éste tuvo que cruzar muchos kilómetros para mirar el México revolucionario. Los gustos intelectuales fueron un acto de iniciación revolucionaria y artística, así nos lo recuerdan Tina Modotti o Frida Kahlo.

Las dos posteriores revoluciones son la de Bolivia en 1952 y la de Cuba en 1959; la nuestra guarda familiaridad con la revolución mexicana por el despertar del campesinado, por el carácter, no sólo obrero, sino campesino de la Revolución. Nuestra Reforma Agraria, creadora del minifundio, no dio una solución colectivista como la del ejido mexicano; sin embargo, la paradoja de la historia es que una y otra se van diluyendo casi al unísono en el presente. Las masas en las calles, el obrero o el campesino armados  fueron la postal revolucionaria mexicana, pero también lo fueron de la revolución boliviana.

El Estado mexicano se construyó como Estado corporativo, en torno al aporte obrero, campesino y popular; el Estado boliviano también intentó edificarse en torno a esos pilares, quizás solamente le faltó construir el pilar denominado popular. En el presente, Bolivia y México van desmontando lo que surgió como Revolución.

La historia política mexicana es ininteligible sin recurrir a la historia del partido que hizo la Revolución, lo bueno y lo malo de esa revolución se sintetiza en ese partido. En nuestro país, sucede otro tanto, la historia política de estos últimos 60 años es incomprensible sin entender lo que hizo el MNR; es más, durante mucho tiempo éste trató de ser el émulo del PRI, para bien o para mal, no lo logró. Es que Bolivia, siendo tan común a México, también era muy diferente.

Carlos Toranzo Roca es economista.

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