Drina Ergueta

El coronavirus juzgará a Añez

martes, 31 de marzo de 2020 · 00:05

Me atrevo a decir que la situación que hoy enfrenta la presidenta boliviana Jeanine Áñez es la más difícil que la inmensa mayoría de anteriores mandatarios varones ha tenido que encarar en la historia boliviana de las últimas siete décadas, desde la revolución de 1952, por los posibles efectos que en la salud y vida de la población puede causar el coronavirus y por sus posteriores, y actuales, efectos en la economía.

Áñez, a quien algunos sectores sociales citadinos apoyan totalmente y a quien otros la consideran la primera presidenta de facto de Bolivia, asumió el cargo de manera inopinada en noviembre pasado y de forma transitoria; sin embargo, hoy sorpresivamente le ha caído encima una coyuntura internacional de crisis global por el Covid19 que, sembrando dolor y muerte, va arrasando uno a uno países ricos y pobres.

Ella, como presidenta transitoria, es hoy también candidata en unas elecciones generales que debían celebrarse el próximo 3 de mayo y que, debido a la situación, se ha visto conveniente posponer; sin embargo, sus actos siempre son tomados y/o vistos inevitablemente bajo esa condición de actuación electoral.

Es así que las medidas que ha adoptado el gobierno, además de tener el tinte electoral, hoy tienen dos graves problemas: el primero es que están enfocadas para una parte de la población que le puede votar, mientras que la otra es prácticamente ignorada. Sirven para una ciudadanía citadina y de barrios con servicios suficientes, como supermercados próximos; no toma en cuenta las necesidades de barrios alejados donde las dificultades para abastecerse aumentan por la falta de trasporte y de mercados, ni toma en cuenta la realidad de los productores campesinos ni su logística de distribución, que es vital también para las ciudades ¿Cómo pueden ir a la ciudad, vender, abastecerse y volver al campo en una mañana? Favorece a los supermercados y a sus propietarios y saca de un plumazo a los pequeños y micro productores.

Segundo, y tal como lo es desde el primer momento en que asumió este gobierno, todo va acompañado de una política de violencia y amenaza de sanción económica y penal, con constantes bravuconadas de sus propios ministros que llevan a detener a muchas personas por infringir las medidas de confinamiento, sin tomar en cuenta los motivos y necesidades vitales. Parte de esa violencia es que en unos barrios bien los militares o policías van con sus bandas a amenizar y a animar el confinamiento, mientras que en otros están persiguiendo y gasificando; mientras a esos barrios y poblaciones rurales se les está estigmatizando constantemente con calificativos de “salvajes” e “ignorantes”, destilando racismo que es precisamente ignorancia.

Estas poblaciones eternamente olvidadas por los gobiernos tienen sus propias organizaciones, costumbres y sistemas de autoridad. Para lograr que acaten las medidas se deben incorporar sus maneras de canalizar la información (abriendo las radios campesinas que fueron silenciadas, por ejemplo) y consensuar las decisiones. No es cuestión de ir con cámaras al campo a gritar a quienes estaban en un velorio ¿No es esto un acto electoral?

Las mujeres hemos sido criadas en el aprendizaje del cuidado y por ello le pido a Áñez que use ese conocimiento y práctica y piense en qué es posible hacer y cómo organizarlo. Deje las amenazas del macho violento, gobierne en favor de toda la población y fíjese en formas para que los barrios alejados puedan ser atendidos, en cómo la misma población se puede organizar, en integrar al campo con sus propias maneras de hacer. Tenga una lógica alejada de la política electoral, alejada de favorecer a una clase social y deje de fomentar el racismo.

A lo que hoy se enfrenta, como Presidenta, tiene tal trascendencia que lo que haga puede opacar la cuestionada manera en que llegó al poder. Debe ser consciente de su momento histórico y actuar en consecuencia. Es por esto por lo que se la juzgará y recordará.

Esta situación requiere una Presidenta y no una candidata, con un gabinete técnico y no político, para que las medidas que tome tengan esa claridad y un único objetivo. 

Drina Ergueta es periodista.

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