Editorial

La importancia de la mediación

lunes, 02 de diciembre de 2019 · 00:15

En un país incendiado por el miedo, el rencor, la revancha y otras expresiones después de la renuncia de Evo Morales, hablar de un acercamiento entre las fuerzas parlamentarias del MAS y la entonces oposición parecía imposible.

En plena convulsión aún, el MAS apenas podía recuperarse del impacto y de la forma en que dejó el poder su máximo líder. Y el tradicional grupo opositor, largamente relegado por la aplanadora masista en el Legislativo, desconfiaba de cada paso de su proverbial adversario.

Esto sin mencionar la persecución y deseo de rendición de cuentas que se sentían en el aire y las expresiones –algunas muy violentas– de acoso a dirigentes y asambleístas del MAS.

¿Cómo, entonces, pretender arribar a los acuerdos necesarios para llevar a cabo las tareas que se esperaban del Gobierno transitorio?,   ¿cómo no dar la razón a la desconfianza instalada entre los adeptos al MAS que veían que, de la mañana a la noche sus dirigentes desaparecían y cundía el caos?

Fue necesario mucho más que voluntad para ir acercando a las partes, para ir demostrándoles que sin la participación conjunta, la única solución sería el desastre, que Bolivia merece que sus parlamentarios estén a la altura de las circunstancias como nunca antes.

En este proceso la presencia e intervención de dos entidades y sus mediadores fue esencial:  la Conferencia Episcopal, con sus obispos Monseñor Aurelio Pesoa y Monseñor Eugenio Scarpellini, y la Unión Europea, con su embajador León de la Torre Krais.

Estos actores, quienes gozan de la confianza de las partes por su imparcialidad, pudieron contribuir para que tanto las exautoridades y representantes del MAS como el nuevo gobierno, pudieran sentarse a la mesa y encontrar una agenda común que permitió luego el acuerdo que hemos celebrado los bolivianos: un impensable consenso para anular las elecciones, convocar a nuevas elecciones y, ahora, elegir un nuevo Tribunal Electoral.

Un acuerdo que sin la facilitación de los actores mencionados hubiese sido difícil, pero que finalmente desvirtuó las ideas de que el país estaba en puertas de una confrontación civil y de que el MAS sin Evo no existe.

No están aún las asperezas limadas y será difícil que esto suceda a corto plazo, pero la decisión de apostar por la viabilidad de la democracia en un acuerdo propiciado por la Iglesia Católica –tan largamente atacada por el MAS– y la Unión Europea, nos demuestra que sí es posible una Bolivia diversa pero pacífica. Ahora que se empieza a escribir la historia de estos difíciles días, es importante pararse para agradecer a estos actores, de la Iglesia y la diplomacia, por su esfuerzo y amor por Bolivia.
 

 

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