Editorial

Violaciones en carceletas

jueves, 14 de marzo de 2019 · 00:22

Un nuevo escándalo afecta a  efectivos de la Policía Boliviana.  El senador opositor Yerko Núñez destapó un caso de enormes proporciones al revelar que una mujer de nacionalidad brasileña, identificada con el nombre Eva C.A., denunció ser objeto de constantes abusos sexuales por parte de tres policías en la carceleta en la que se encuentra, en el municipio beniano de Rurrenabaque.

La mujer, de 21 años, tuvo la valentía de filmar su testimonio y ahora las autoridades municipales le han ofrecido protección ante las amenazas que sufre. La joven está detenida, de manera preventiva, desde hace un año.

Ese caso hizo que se conocieran denuncias de otras dos mujeres que también aseguran haber sido violadas múltiples veces en 2017 por un grupo de policías en la carceleta de Reyes, también en el Beni. Una de las dos aseguró que tuvo un embarazo por efecto de esas violaciones. Según esa denuncia, las obligaban a desnudarse en su celda en horas de la noche y eran abusadas por varios policías.

Si un acto de violación es una acción espantosa, que genera secuelas psicológicas graves en las víctimas, ya podemos imaginar lo que es una seguidilla de ellas, ocurridas en una celda y cometidas durante meses. Es un acto despreciable que debe ser investigado con seriedad.

El ministro de Gobierno, Carlos Romero, anunció que los tres policías acusados en Rurrenabaque han sido suspendidos temporalmente de sus funciones mientras duran las investigaciones y que el caso de la localidad de Reyes también será indagado.

La Policía Boliviana es la entidad más impune de Bolivia. Ya sea que sus efectivos matan a manifestantes usando bolas de vidrio como munición (tres de ellos murieron en los últimos años y solo un caso fue indagado), o que atacan con sus armas de fuego y quitan la vida de inocentes, como en el caso del atraco a la joyería Eurochronos en Santa Cruz, o incumplen los protocolos en casos de toma de rehenes, como el del exviceministro Rodolfo Illanes, provocando indirectamente su muerte, la Policía nunca es apropiadamente investigada y sancionada.

Los casos de abusos policiales son numerosos, pero en la gestión actual sienten total protección. Vale la pena mencionar uno más: hace tres años, un grupo de extranjeros, supuestos narcotraficantes, fueron primero filmados en Santa Cruz siendo maniatados por efectivos policiales y, luego, a las pocas horas, todos ellos aparecieron muertos, algunos con tiros en la nuca.

El drama de las tres mujeres que han denunciado violaciones sexuales puede ser también el de cientos de otras mujeres detenidas en carceletas que están a cargo de policías varones.

Las cárceles bolivianas son un infierno de abusos, violencia y falta de condiciones mínimas. Un reciente informe de la Defensoría del Pueblo confirmó que sigue habiendo niños y niñas en cárceles de hombres de Bolivia, que casi un tercio de los recintos no tiene siquiera alcantarillado y que la ausencia de médicos es alarmante.

El año pasado, el abogado de Franz Pari, el acusado de cometer un millonario desfalco en el Banco Unión y que estaba detenido en la cárcel de Chonchocoro, exhibió fotografías de su defendido, cuyo cuerpo estaba cubierto de severas escoriaciones, contusiones y hematomas. Había sido torturado por policías en ese centro de detención, que seguramente deseaban obtener información de dónde está el dinero que Pari aparentemente robó y que todavía no fue hallado.

La crisis de la Policía, afectada por hechos de corrupción, negligencia e ineficacia, es de larga data. Desde hace décadas que uno de los desafíos del Estado es lograr una reforma de esta entidad. Nada de ello ha sucedido y más bien, considerando la larga gestión gubernamental, que en general tiende a evitar que se hagan cambios y ajustes, la situación ha empeorado.

El caso de las tres mujeres que denuncian haber sido abusadas es una terrible radiografía de esa impunidad policial, sumada a la trágica situación de las cárceles y de la justicia boliviana en general (70% de los detenidos no tienen sentencia).

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