Editorial

La incontinencia verbal de Morales

viernes, 17 de enero de 2020 · 00:15

Las acciones del expresidente Evo Morales son cada vez más erráticas. Se nota que haber abandonado el país, y su lejanía geográfica con respecto a Bolivia, están afectando sus decisiones. Casi no hay un día en el que Morales no haga alguna declaración y muchas de ellas son fallidas y contradictorias entre sí. En los primeros días después de su fuga y refugio en México, decía un día que se ofrecía para pacificar el país y al siguiente daba instrucciones a sus seguidores para que mantuvieran los ataques violentos.

Luego, en Argentina, ha continuado su incontinencia verbal. Morales tiene una necesidad incontrolable por ser escuchado y obedecido. Ahora que le falta lo segundo, se notan los primeros desequilibrios de sus acciones. De todos modos, esto no es nuevo. Cuando en 2015 fue operado de la rodilla por segunda vez y tuvo que estar un par de semanas en reposo, convocaba a casi diarias conferencias de prensa en la residencia de San Jorge para hablar y hablar. Dijo entonces que lo que más le extrañaba era poder viajar por todo el país, inaugurar obras y jugar partidos de fútbol. Algo más o menos similar afirmó hace poco en Buenos Aires. Ese es su carácter.

Morales también ha dicho cosas muy polémicas, como dar a entender que en Bolivia era inevitable una guerra civil y que promovería milicias armadas. Ha tenido por esa opinión que retractarse.

La incontinencia verbal de Morales lo convirtió en un personaje incómodo para México, país del que salió primero hacia Cuba. Allí, extrañamente, ninguna autoridad le dio una bienvenida oficial ni informó de su visita. Ahora que está en Argentina, también ha empezado a contrariar al sistema político de ese país. Por ejemplo, la opositora Unidad Cívica Radical (UCR) ha pedido que se interrumpa el trámite de solicitud de refugio que Morales tiene en curso. La petición fue retirada, pero el mensaje es claro para el exmandatario: o se modera o seguirán las presiones contra él.

La situación de Morales es de paulatino aislamiento. La semana pasada, por ejemplo, decidió no acudir a una reunión de derechos humanos en Chile, a la que había sido invitado, ante el riesgo (mínimo, habrá que añadir)  de ser detenido. Un diputado de derecha de ese país exigió al sistema judicial analizar la posible detención de Morales. El expresidente explicó que no iba a viajar a Chile porque no había sido invitado, pero ello es falso según se desprende de la información que los organizadores del evento publicaron en su portal de internet.

Si Morales desea mejorar su situación en Argentina debe moderar (y espaciar) sus mensajes. Pero hablar y hablar son, precisamente, las únicas cosas que le dan satisfacción.
 

 

 

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