Editorial

Samanta y los niños desaparecidos

sábado, 17 de octubre de 2020 · 00:15

En Bolivia cada día se registran desapariciones de bebés. Es una triste realidad que tiene que ver con la facilidad con que operan ciertas redes de trata y tráfico, además de la vulnerabilidad de muchas madres y familias, que las hacen susceptibles a estos crímenes.

En el último mes, un caso captó la atención de todo el país: una bebé,  de algunos días de nacida, le fue arrebatada a su madre (de 19 años) con el cuento del tío: una mujer le pidió ayuda en la calle para que le comprara unos medicamentos y se quedó “cuidando a la bebé”. 

Pasaron 35 días antes de que esta pequeña fuera encontrada y devuelta a su madre. Dos vecinos, calificados como “ángeles anónimos”, llamaron a la Policía para alertar  que habían visto movimientos sospechosos en un domicilio. Ello logró dar con  la pista para que los investigadores pudieran dar con  la niña y entregársela a su desesperada madre.

Según los hallazgos de los investigadores, la raptora hizo una vida normal durante el mes que duró el secuestro,  llevando a la bebé a diferentes lugares públicos, como mercados y otros. Pese a ello, y a lo mediático del caso, no se la pudo identificar. Quizás el retrato hablado original era deficiente. De no haber sido por los datos de las dos personas que dieron información a la Policía, el caso tal vez no se hubiera resuelto.

Sin embargo, el trabajo realizado por los efectivos de la Felcc (Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen) fue incesante y finalmente terminó con el rescate de la pequeña. Como decimos, fue un caso que conmovió a todo el país. La desesperación de Yandira, la joven madre, golpeó a toda una sociedad cansada de los abusos y maltratos a los niños, y de la impunidad con que opera la trata y tráfico con menores de edad.

La presidenta Añez solicitó a las autoridades una rápida intervención en ese caso, lo que contribuyó a que se desplieguen investigaciones en todo el país. Con tal rapidez actuaron las autoridades que incluso se detuvo y acusó a una persona inocente, que fue presentada  ante los medios como la probable raptora.

Con todo, este caso no ha sido el típico secuestro de niños con fines de extorsión o tráfico. Parece ser que la secuestradora, que no le hizo daño a la criatura, había perdido a un hijo, y ello la motivó a robarse a Samanta. Eso no justifica, obviamente, la terrible acción, pero sí es un atenuante: desde su perspectiva. Sin embargo, así como este hecho tuvo un desenlace afortunado, el país está lleno de desapariciones y raptos de niños y bebés que nunca son encontrados. Tenemos una ley y muchas buenas intenciones, pero debemos tratar de mejorar las operaciones de búsqueda y rescate de estos menores.

 

 

 


   

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