Editorial

Se normaliza la situación en Perú

sábado, 21 de noviembre de 2020 · 00:15

Podríamos describir lo que ha sucedido en Perú como “crónica de una crisis anunciada”. Cuando el malhadado expresidente del Congreso peruano, Manuel Merino, decidió junto a otros 104 legisladores acelerar el juicio contra el expresidente Martín Vizcarra, se sabía lo que iba a venir. 

La ciudadanía peruana estaba en contra de que se procediera con ese juicio y, peor, que se llegara a destituir al primer mandatario. El hecho de que solo faltaran cinco meses para las elecciones presidenciales profundizaba el rechazo ciudadano contra el proceso de “vacancia”, como se llama a este asunto en Perú. Pero Merino y sus adherentes siguieron con su plan de todos modos y cesaron a Vizcarra en un “juicio exprés”.

Una vez destituido Vizcarra, que es acusado de haber cometido irregularidades durante su gestión como gobernador del departamento sureño de Moquegua, y posesionado Merino en su lugar, ocurrió lo que era fácil prever: se produjo una masiva protesta popular contra estos oscuros tejemenejes de la política. 

Las manifestaciones fueron tan grandes y la reacción policial tan desproporcionada, que Merino tuvo que aceptar la realidad y renunciar a su cargo a los cinco días de haberlo asumido. Si los políticos pudieran por una vez mirar más allá de los empañados vidrios de sus oficinas…

La renuncia de Merino bajó la tensión en el país vecino y el Congreso eligió a nuevo mandatario de entre los pocos legisladores que se habían opuesto a la destitución de Vizcarra. El nuevo Presidente, que tendrá como tarea principal llevar al país adecuadamente hacia las elecciones de abril y el traspaso de mando de julio, es el respetado ingeniero Francisco Sagasti, un congresista de tendencia centrista.

De 76 años y llamado por algunos Don Quijote de la Mancha, por su espigado físico y su barba, Sagasti es la mejor persona para ocupar el cargo: su bonhomía, su moderación y el respeto que le tiene buena parte de la ciudadanía peruana facilitan el que será sin duda un trabajo difícil: recuperar la confianza de la sociedad en su clase política, seguir la lucha contra la pandemia del coronavirus, enfrentar la crisis económica y reducir las refriegas internas para que el proceso electoral sea los menos disruptivo posible.

Al final, Perú tuvo tres presidentes en poco más de una semana: Vizcarra, Merino y Sagasti. La grave crisis, sin embargo, fue sorteada finalmente con altura por todos los actores, que prefirieron realizar distintas concesiones en pos de pacificar el país y colocarlo en la senda de la normalización institucional hacia una transición democrática.

 

 

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