Editorial

Evo Morales y un posible «poder dual»

miércoles, 25 de noviembre de 2020 · 00:15

Evo Morales ha empezado en Santa Cruz su “gira nacional” para elegir a los candidatos a los municipios y gobernaciones del país, con miras a las elecciones subnacionales de marzo próximo. En los próximos días hará lo propio en todos los departamentos. Eso lo ha conseguido gracias a haber sido ratificado como jefe nacional del MAS, ya con todas sus atribuciones tras retornar a Bolivia, y actúa obviamente como tal. El hecho de ser él quien designe a los candidatos lo coloca en la misma posición de la que gozó durante su largo gobierno, como el personaje de mayor autoridad en su partido.

Junto con eso, toda la bancada masista en el Legislativo también le debe a Morales su designación, ya que fue él quien tuvo la atribución de designar a esos candidatos. Por ejemplo, como senadores de Cochabamba nada menos están sus dos alfiles principales del Chapare, Leonardo Loza y Andrónico Rodríguez.

Todo esto conforma ya una nueva realidad en el país: la existencia de una especie de “poder dual”, en el que el presidente Luis Arce dirige la formalidad del poder institucional y que muestra a un Evo Morales construyendo aceleradamente un “poder real”. Quien tiene el control sobre los movimientos sociales, sobre la bancada del MAS, sobre los futuros alcaldes y gobernadores y sobre decenas de funcionarios intermedios es el expresidente.

Todo esto entraña un desafío para el jefe de Estado. En general, en el pasado, los presidentes gozaban de importante influencia, que compartía con aliados y ministros; la atribución presidencial se incrementó grandemente durante los 14 años de gestión de Morales, en el que él y un círculo minúsculo tomaba todas las decisiones. Ahora Arce tendrá que vivir una realidad inédita, en la que podrían en el futuro existir virtualmente dos mandatarios.

Sin duda Morales puede ser de gran ayuda para Arce. Su capacidad movilizadora y su influencia sobre sectores populares puede ayudarle a resolver los innumerables obstáculos que con certeza su gestión enfrentará. Pero también puede ser un incordio, que le impida tomar decisiones y lo fuerce a negociar más allá de lo que él quisiera.

Ante esa situación de por sí compleja, debe añadirse un asunto adicional: el rol que jugará David Choquehuanca, que tiene alta ascendencia en el altiplano paceño. De perfil bajo, Choquehuanca no es dado a grandes muestras de histrionismo, como sí lo es Morales, pero su legitimidad es alta entre grupos indígenas. Es otro desafío que vencer para la gestión que recién empieza.

De todas maneras, lo que está fuera de discusión es que Evo Morales no ha llegado al país para dedicarse a las piscicultura ni para tener un rol subalterno o subsidiario en el actual Gobierno. Por el momento, su preocupación -además de instruir la liberación de allegados suyos que estaban siendo procesados por la justicia por diferentes razones- es fortalecer la presencia del MAS en las subnacionales y elegir a los candidatos. Ya ha dicho que espera que el MAS se haga con la victoria en la mayoría de las regiones.

“Somos realistas y sentimos que podría ser siete gobernaciones. Una cosa es decir ‘ganamos las nueve’, (pero) sabiendo que tenemos algunas debilidades, siempre se presentan. Entonces siete (gobernaciones) y si garantizamos las 300 alcaldías, imagínense. Es la fuerza política desde el campo a la ciudad”, dijo.

La dispersión y desestructuración absoluta de la oposición bien podría facilitar este propósito.

Pero, además, como ya conocemos al que ha sido nuestro mandatario por 14 años, Evo Morales no va a permitir -si está en sus manos- que le pase lo que a Lula Da Silva o a Rafael Correa; uno acabó en prisión y el otro perdió todo su poder en manos de su delfín. 

La apuesta de Evo Morales es la toma del poder y en eso no va a transigir por mucho que la elección la haya ganado otra persona y que en su propio partido hayan fuerzas contrarias a su excesiva presencia.
 

 

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