Editorial

La epidemia mundial de la desinformación

sábado, 30 de mayo de 2020 · 00:15

Junto con la pandemia del coronavirus, hay otra, paralela, la de la desinformación. Esta puede ser tan peligrosa como la primera, ya que impide que la ciencia pueda actuar . En Bolivia se han visto  desde militantes masistas que dicen que éste es un invento de la derecha, hasta curanderos que aseguran que con medicinas caseras se mata al virus.

Lo más serio de esto es que son algunos de los líderes mundiales los que propagan este virus de la desinformación, informaciones falsas, teorías conspiracioncitas, etc.

El irreflexivo presidente de EEUU, Donald Trump, por ejemplo, ha dicho que consume hidroxicloroquina, pese a que especialistas de salud de su propio gobierno han advertido sobre los riesgos de su consumo. Trump también dijo en anteriores ocasiones que el virus iba a desaparecer al llegar el verano. Eso ha generado, además de su demora en tomar acciones, que su país sea el epicentro de la enfermedad, con 1,6 millones de contagiados y más de 100.000 fallecidos.

En ese país, grupos de derecha han difundido  teorías que achacan al fundador de Microsoft, Bill Gates, y al encargado contra la enfermedad del gobierno, Anthony Faucci, de haber  creado el virus de manera artificial para provocar muertes intencionales. Eso no es lo peor. Lo peor es que hay miles de personas que lo crean.

Otro caso dramático es el brasileño, epicentro de la enfermedad en Sudamérica. Mientras el necio líder brasileño sigue señalando que la Covid-19 es como una gripe, y se resiste a aceptar las medidas de su propio Ministerio de Salud, Brasil ya es el segundo país en el mundo con más casos, con 350.000 y 22.000 muertes.

Europa no está exenta de estas informaciones equivocadas. Un extenso reportaje del New York Times contó que una de las teorías   más ilógicas es la que se ha establecido en Gran Bretaña, donde rumores relacionaron el virus con la propagación de la tecnología celular 5G, lo que llevó a un brote de incendios intencionales contra esas infraestructuras. Más de 50 torres de transmisión han sido quemadas. Creer que una torre  de internet propaga un virus ya es mucho.

El escándalo aumentó cuando Piers Corbyn, hermano del exlíder del Partido Laborista, Jeremy Corbyn, fue detenido junto a otros manifestantes que alimentaban esa teoría, señalaban además que la vacunación no es necesaria y que el coronavirus es un invento de empresas farmacéuticas.

En Alemania, considerado por una parte como un país modelo en la lucha contra la propagación de este mal también ha mostrado su parte negativa: masivas protestas contra la cuarentena han ido en aumento, pasando de unas pocas docenas de manifestantes el mes pasado a más de 10.000 que participaron en manifestaciones en todo el territorio.

Las recientes protestas en ese país han atraído a una mezcolanza de partidarios de todo el espectro político e ideológico, desde los anticapitalistas de extrema izquierda hasta los neonazis, los antivacunas, etc.

También están los casos en los que los propios gobiernos mienten descaradamente. Trump, por ejemplo, dijo tener información de que el virus había sido creado por un laboratorio en China, pero ese país lanzó la versión contraria, es decir que era EEUU el que lo creó. Los medios estatales rusos han atizado esa versión, para desacreditar a su rival norteamericano. El gobierno iraní promueve, como era de esperarse, esa teoría.

Según el New York Times, en Oriente Medio se difunden también teorías inconcebibles, incluyendo advertencias de que el virus puede causar infertilidad en los hombres, y alentando métodos no probados para prevenir la infección, como comer ajo, beber agua caliente cada 15 minutos y rezar cinco veces al día.

Todo esto demuestra la importancia de la información creíble y contrastada, que solo la ofrecen medios de comunicación serios y que cumplen con los protocolos de verificación y racionalidad. Esos medios son los que están batallando, tanto como el personal de salud, para contrarrestar la enfermedad.
 

 

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