Editorial

El MAS, Evo y las movilizaciones

jueves, 13 de agosto de 2020 · 00:15

El país se encuentra sumido en una pandemia que alcanza, especialmente en la sede de Gobierno y algunas ciudades del occidente, su pico más alto. Y, sin embargo, la prioridad ahora es la situación política, exacerbada al máximo porque grupos de poder ligados al MAS mantienen un incomprensible bloqueo de caminos, que afecta seriamente las tareas de lucha contra la expansión del coronavirus. Mientras tanto, en el plano político, el Gobierno y los actores políticos opuestos al MAS, lejos de encontrar una salida común, alientan el clima de tensión con un lenguaje de confrontación con sus rivales y contra el TSE.

Ambos bandos hacen gala de la fuerza, no de la inteligencia ni de intentos de pacificación, pero es el MAS el que tiene mayores responsabilidades en esta coyuntura. Bajo la influencia del mesianismo de su líder, protegido en una mansión en Buenos Aires, se alienta la violencia extrema, como dinamitar cerros para bloquear carreteras o quemar árboles para atemorizar a los ciudadanos en distintos lugares del país.

Los problemas que vivimos se pueden remontar a que Morales no respetó el resultado del referendo del 21F, lo que generó una molestia social creciente contra su figura y su régimen, que pensaba mantenerse de manera indefinida en el poder. La chispa que activó las protestas masivas de octubre y noviembre pasado fue el fraude que intentó hacer con apoyo del TSE, lo que forzó a la renuncia y posterior fuga de Morales. Pero, desde la comodidad de su exilio, el expresidente animó a sus seguidores a generar una escalada de violencia, que generó luto en el país en esa fase.

Ahora vuelve a hacerlo, no se sabe bien con qué objetivo, bajo el pretexto de rechazar la decisión del TSE de postergar por sólo seis semanas la realización de las elecciones. Por lo visto el partido de Morales está dispuesto a incendiar el país sólo porque él mismo no puede gobernar. 

Pero, a la luz de los últimos acontecimientos, ni siquiera la palabra de Morales es suficiente para apagar la chispa ya encendida de la violencia social. A través de su cuenta de Twitter sostuvo: “Convoco a dirigentes sociales y pueblo movilizado a considerar propuesta borrador de Acta de Entendimiento trabajada por organizaciones sociales y del TSE, con ONU como testigo, para que el 18 de octubre sea, con ley, fecha definitiva, impostergable e inamovible de elecciones”. Más tarde, volvió a tuitear: “No debemos caer en las provocaciones que nos quieren llevar a la violencia. Sólo con el pueblo en el poder democrática y pacíficamente podremos resolver las crisis y eso significa elecciones ya, con fecha definitiva e inamovible”.

Lejos de ser su voz apaciguadora, los puntos de movilización no han hecho otra cosa que reproducirse y radicalizarse. Varias organizaciones afines al MAS y que participan en las protestas, han surgido en nuevos puntos y los negociadores del MAS no pueden convencer a los movilizados para que se levanten los bloqueos.

Esto muestra que hay varios sectores del MAS que apuestan por varios  caminos y que tienen diferente tipo de relación con las organizaciones que hacen parte del Pacto de Unidad, que a su vez es el conjunto de movimientos que tienen al MAS como su instrumento político. Pero, también esto muestra la complejidad de un conflicto que, de haber sido manejado con criterio democrático y conciliador por Morales y los principales dirigentes del MAS, pudo haber sido contenido.

Los voceros del MAS dicen defender el derecho a la protesta, pero este derecho no implica, se ha dicho muchas veces, violar los derechos de los demás, especialmente en un momento tan duro como una pandemia. No son solamente los movilizados de las organizaciones sociales quienes sufren hambre y quieren elecciones;  gran parte del pueblo boliviano está en una situación económica más que precaria y quiere un Gobierno legítimo, salido de las urnas. Sin embargo, la forma de llegar a esa meta no es buscando el caos político y social. Otros intereses sí lo desean, pero con seguridad no el conjunto de la población boliviana. 
 

 

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