Editorial

La tónica de una pobre campaña

miércoles, 16 de septiembre de 2020 · 00:15

A poco más de un mes de los comicios,  las campañas han arrancado con intensidad y furia. Sí, con furia especialmente, porque lo que más se aprecia es el combate cuerpo a cuerpo entre candidatos, sin miramientos de ninguna naturaleza. 

El primer fin de semana de campaña estuvo marcado, por ejemplo, por la pugna en redes sociales entre Samuel Doria Medina y Luis Fernando Camacho, quienes se enfrascaron en una contienda verbal sobre el regionalismo (o anticruceñismo) del primero, quien se refirió al segundo como “un joven cruceño con gorrita”.  Pero no quedaron fuera del ring los ataques que lanzó la presidenta Jeanine Añez contra Evo Morales y, veladamente, contra Mesa, en un gran despliegue de emisión en el canal del Estado, al viejo estilo del expresidente Morales. Comunidad Ciudadana aprovechó el guante para anunciar una demanda de la candidata presidenta ante el TSE por uso de bienes públicos en campaña.  ¿Debate sobre propuestas o sobre lo que uno u otro piensa hacer para conducir el país? Nada.

Lo que también hubo fueron masivas concentraciones de adeptos a los partidos y  en ellas  inexistentes controles de bioseguridad en plena pandemia. Entretanto, las autoridades municipales e incluso las del TSE se lanzan la pelota sobre quién debe controlar ese aspecto de los actos de campaña.

Pero, volviendo a la tónica proselitista, además de la pobreza discursiva -que no extraña a nadie en Bolivia-, queda claro que existen dos bloques claramente definidos: el MAS y los anti-MAS. El primero tampoco incide en grandes propuestas -excepto la de combatir la crisis pospandemia- y parece ajeno a la rendición de alguna cuenta de lo que representó el largo régimen que condujo el país por 14 años. Más bien, apunta a cosechar en la tormenta y mostrar que la estabilidad económica del decenio pasado puede volver como por arte de magia.

En el bloque antimasista nadie mira el bosque, sólo el árbol personal, y esto se refleja en cómo y cuánto se combaten entre ellos. No aspiran todos a ganarle al MAS, claro está, sino en estar mejor posicionados para negociar con el que gane. Y el que va segundo, que es Carlos Mesa, tampoco quiere arriesgar ese sitial, y con una campaña conservadora en grado superlativo prefiere esperar  el voto útil.

Así tendremos con seguridad un gobierno débil, de poder parlamentario fragmentado y sujeto nuevamente a las pulsiones y presiones de sus acompañantes en la división de la torta.

Difícil situación para el país, difícil decisión para el elector, pero también triste balance de lo que todo esto dice de nuestra clase política.
 

 

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