Editorial

El legado del Mallku

jueves, 21 de enero de 2021 · 05:15

Ha muerto Felipe Quispe, mítico dirigente aymara, cuyas posiciones fuertes, y sin duda polémicas, estuvieron presentes en la política boliviana por varias décadas. Cuando era joven participó en organizaciones campesinas; en 1978 fundó el Movimiento Indígena Túpak Katari y en 1983 los Ayllus Rojos. En 1990 se unió al Ejército Guerrillero Túpac Katari, EGTK, grupo con el que participó en acciones violentas. Detenido en 1992, pasó cinco años en la cárcel. Al salir de prisión, en 1998, fue elegido secretario ejecutivo de la Csutcb y comenzó a ser conocido como El Mallku. Desde entonces, se convirtió en una figura prominente de la política boliviana. Las posiciones de Quispe contribuyeron a que en el país se generara un debate sobre la nación aymara y la plurinacionalidad; el racismo y la exclusión a la que una gruesa parte de la población boliviana ha sido históricamente sometida. 

El Mallku fue uno de los actores clave en la fase de inestabilidad social y política entre 2000 y 2005, así como en el cambio político que   empezó a experimentar el país desde 2006, cuando llegó al poder Evo Morales. Su lenguaje aguerrido y sus posiciones combativas  quizás limitaron su base política pero, al final, mucho de lo que lograron las movilizaciones que organizó contra el anterior sistema de partidos allanaron la llegada del MAS al poder. En las elecciones de 2002, su partido, el MIP, consiguió un nada despreciable 6% de los votos, y una bancada de seis diputados, frente al 20% logrado por Morales. En los comicios de 2005, sin embargo, el líder del MAS consiguió más del 50% de los votos y Quispe se marginalizó. Desde entonces tuvo una relación de cierta cercanía con el MAS que no logró mantener, llegando a ser abiertamente crítico de este partido.

A sus 78 años, que no se le notaban, Quispe seguía en actividad política y se había inscrito como candidato a la Gobernación de La Paz, con buenas posibilidades de estar entre los postulantes más favorecidos por el voto. Postulaba por Jallalla La Paz, un partido departamental de corte campesino e indígena, que también lleva como candidata a Eva Copa para la Alcaldía de El Alto. Su muerte causa un importante vacío en el equilibrio de fuerzas, pero es prematuro evaluar este impacto.

Como todo político idealista y comprometido con una lucha compleja, Felipe Quispe ha cometido muchos errores; no es difícil señalarlos. Más difícil es encontrar hombres que se hayan dedicado a lograr cambios para mejorar la condición de los postergados. La posteridad lo juzgará con la serenidad de la historia.

En este momento queremos despedir al hombre que quiso cambiar el país para que su hija no fuese la sirvienta de nadie.

 

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