Editorial

La huelga de los médicos

jueves, 4 de marzo de 2021 · 05:15

Los médicos, representados por el Consejo Nacional de Salud (Conasa) determinaron este domingo extender su paro por 15 días. Esta extrema medida en medio de una pandemia no puede sino causar preocupación en la población. Sin embargo, como suele suceder, hay en ella más razones e implicaciones de las que se puede percibir.

En primer lugar no se puede dejar de reconocer el esfuerzo en horas de trabajo y vidas que esta pandemia ha impuesto a los profesionales médicos y sanitarios de todos los niveles. En medio de las mayores precariedades y riesgos, los médicos bolivianos dieron literalmente sus vidas para salvar las de otros en esta pandemia. A finales de enero pasado, se habían registrado 241 galenos muertos en la lucha contra la Covid-19 desde el inicio de la pandemia, en marzo del año pasado.   A todos nuestro agradecimiento y a los fallecidos nuestro homenaje.

De manera que no se puede ligeramente, como lo han hecho algunas autoridades y funcionarios estatales, acusar al sector médico de inhumano o insensible. Bien se sabe que las fricciones y diferencias en la gestión de salud entre médicos y este y el anterior gobierno del MAS, tienen larga data.

Las razones alegadas por los galenos para iniciar y mantener su huelga son de distinto peso y no todas, aunque razonables, parecen justificar una medida que a todas luces tiene en este momento un impacto nefasto para la población. 

Podemos enlistar las siguientes razones: a) El Consejo Nacional Estratégico para Emergencias Sanitarias, compuesto por once ministerios no cuenta con una secretaría técnica; b) se dispone la contratación directa de bienes y servicios cuya documentación podrá incluir cláusulas de confidencialidad; c) no se podrá exigir depósitos previos, garantías o cualquier tipo de cobro anticipado en los establecimientos de salud del subsector privado; d) la prohibición de interrumpir los servicios de salud durante la emergencia y; e) la posibilidad de contratación de personal médico en el extranjero.

La contratación directa por parte del Estado ya ha dado pie a sospechas de corrupción en gran escala en el anterior gobierno del MAS, y no es de ninguna manera una práctica aceptable por más que se entregue documentación a la Contraloría, pero cabe dudar si lo mismo en menor escala es razón real para la huelga.

La no existencia de una secretaría técnica, por razonable que sea el pedido, tampoco parece justificar una huelga. 

El derecho a huelga debe respetarse como principio general, pero durante una emergencia, es razonable que no se permita ese tipo de medidas. Otros países lo hacen. El derecho a huelga no puede afectar vidas.

Quedan, pues, dos razones de tipo económico. Las clínicas privadas no quieren ser obligadas a atender a pacientes que después podrían no tener los recursos para pagar las voluminosas cuentas que el tratamiento Covid 19 impone, y los médicos no quieren que vengan más profesionales a aumentar la competencia. Los reclamos son comprensibles.

Más allá de la validez de las razones para la huelga como protesta por una ley que afecta directamente el ejercicio de su profesión, sobre lo que quizá haya más de lo que vemos, una ley como ésta tiene una interesante lectura democrática.

Asociamos la democracia a la voluntad de la mayoría, pero como esta ley lo ilustra, algunas veces esa voluntad se impone a la de una minoría, posiblemente violando sus derechos. Lo que olvidamos es que la democracia no reside sólo en el ejercicio de la voluntad de la mayoría, sino en el respeto de los derechos de las minorías.

En un momento en el que el gobierno tiene el control de la Asamblea y se ve como defensor de derechos e intereses de una mayoría que lo ha elegido, el peligro de que se ignore este principio es preocupante.

Con todo, es de esperar que prime la apertura y la búsqueda sincera de soluciones a este conflicto. Sin que se impongan los epítetos fáciles ni la demagogia, pero también considerando el delicado momento que vive la población.
 

 

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