Gonzalo Chávez A.

Construyendo la nueva normalidad

domingo, 29 de noviembre de 2020 · 00:12

La crisis de la pandemia y la cuarentena han acelerado la transformación digital de personas, instituciones y empresas. El futuro ya comenzó. Todos estamos frente al desafío de trasladar, total o parcialmente, las actividades que realizamos, como individuos u organizaciones, a la nube del internet, a la economía digital. El teletrabajo, la teleeducación, la telemedicina, la telerreligión, los negocios digitales y el cibergobierno son algunos de los ejemplos de la nueva normalidad. Por supuesto, esto no afectará a todos de la misma manera. Las empresas también tendrán diversos y complejos desafíos. En este contexto de cambio vertiginoso, surge una pregunta capital: ¿cuáles son las nuevas competencias, que los negocios y las personas deben obtener para afrontar el nuevo mundo? 

En la actualidad, la inmediatez, la incertidumbre, la volatilidad son algunas de las características de la economía, de los mercados financieros, del pulso de la sociedad y del ritmo de la política. El mundo y Bolivia enfrentan una recesión, los empleos son escasos, crece la informalidad, los ingresos de las empresas disminuyen y los mercados se vuelven atrozmente competitivos. Los conflictos sociales aumentan vertiginosamente y las transformaciones tecnológicas avanzan a un ritmo también muy veloz. La coyuntura y la estructura se han convertido en arenas movedizas. Por supuesto, todas estas peculiaridades del contexto son una avalancha de problemas, pero también ofrecen algunas oportunidades. Por lo tanto, el primer paso para enfrentar un mundo tan volátil es que personas y empresas deben ampliar sus capacidades de resiliencia (resistencia + adaptación  + superación) para enfrentar las adversidades y los choques imprevistos. 

Otra actitud a desarrollar, para sobrevivir en la nueva normalidad, es aumentar la capacidad de aprendizaje. El capital humano debe adoptar una postura de aprendizaje de por vida. La constante renovación de ideas y  la adquisición de nuevas habilidades son claves para construir el futuro. Las empresas, para prepararse para un mundo más gelatinoso e incierto, deben desarrollar una tecnología de aprendizaje, institucional y organizacional constante. Sólo así podrán responder mejor a los mercados en evolución, atraer más clientes, procesar mejor los datos, pero, sobre todo, mejorar la propuesta de valor para la sociedad.

Otro elemento central es que individuos y actividades públicas o privadas deben entender que hacen parte de ecosistemas. Ya no es posible pensar que actores, actuando de manera independiente y aislada, puedan sobrevivir.  Los profesionales y emprendedores exitosos requieren de una participación dinámica en redes de trabajo, centros de investigación, mercados interconectados, universidades, asociaciones profesionales y equipos de alto rendimiento. 

Asimismo, las nuevas arquitecturas del emprendimiento y de desarrollo productivo o las mejores políticas públicas también resultan de la coordinación en redes complejas que incluyen personas, instituciones de educación, empresas, bancos, mercados y gobiernos. Liderar o participar efectivamente en estos ecosistemas, primero, requiere comprender el valor de las interrelaciones  sociales y empresariales, y segundo, entender que muchas de las actividades funcionan mejor si se desarrollan en plataformas de cooperación. 

Por otra parte, en la actualidad se debe aprender a moverse en mundos híbridos o duales. A ofrecer servicios y productos en el mundo físico, pero también en el digital. Por ejemplo, vemos empresas digitales, como Amazon o Google, abriendo tiendas minoristas o sistemas de distribución físicas. O empresas como Electrolux que han invertido en el internet de las cosas (heladeras, lavadoras y otros equipos que se comunican con la empresa) para abrir mercados cibernéticos de servicios de reparación en línea.

 En los años 60, los jóvenes disconformes con el statu quo social y económico acuñaron la frase: la imaginación al poder. Ahora el desafío está que el capital humano o las empresas deben apostar a la imaginación y a la disrupción creativa para generar nuevas ideas, productos y habilidades profesionales. Así mismo, las empresas requerirán de emprendedores innovadores que cambien el ADN de las empresas. Esto implica organizaciones más planas y menos jerárquicas que creen los espacios para propuestas imaginativas. 

En suma, la nueva normalidad requerirá que personas y empresas que sean resilientes, dispuestas a aprender siempre, que valoricen los ecosistemas donde interactúan, que tengan una dupla identidad, física y virtual y, sobre todo, valoricen la imaginación y la innovación. 
      
Gonzalo Chávez A. es economista.
 

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