Gonzalo Chávez A.

Hacia un acuerdo verde y equitativo

domingo, 29 de marzo de 2020 · 00:13

La mayoría de los países del mundo están adoptando estrategias de cuarentenas y aislamiento social para combatir el avance del coronavirus. Como resultado, la economía mundial se está deteniendo. Se vaticina una recesión económica similar a la crisis de los años 30; es decir, máquinas, tierras y trabajadores parados. Decrecimiento de la economía mundial. La estrategia adoptada por la mayoría de los países son planes de salvataje que inyectan recursos financieros a través de políticas monetarias y fiscales expansivas. Se invierte entre el 15% y 20% de Producto Interno Bruto (PIB). 

En Bolivia, las medidas de lucha contra el coronavirus y la crisis económica van en dirección correcta. Sin embargo, se debe profundizar en el tema de la integralidad de las acciones y en la necesidad de un plan económico y social de corto y largo plazo basado en un acuerdo nacional amplio. 

La cuarentena es adecuada pero debe ser complementada con realizar miles de test a los ciudadanos bolivianos, siguiendo el modelo exitoso de Corea del Sur. Conocer a los contaminados para seguir aislándolos será fundamental para contener la enfermedad y prepararnos para la salida del encierro. Debido al elevado nivel de informalidad de la economía, la cuarentena funciona parcialmente y es insostenible. Una de las herencias más crueles del populismo económico es que condenó a la mayoría de gente a vivir de un empleo de baja calidad, sobreviviendo al día en el comercio y los servicios.

En términos de los programas económicos, también se requiere de una visión más global e integral. Debemos señalizar a la población boliviana que se hará la inversión y el gasto más importante en la historia de Bolivia. No se escatimará ni un centavo para salvar vidas.

Deberíamos preparar un paquete de por lo menos 6.000 millones de dólares entre diferentes programas de soporte a las personas y a las empresas. La prioridad son los  más pobres y necesitados. Bonos, canastas de alimentos, alivio de deudas y reducción en el pago de servicios y otras medidas adoptadas en Bolivia van por el camino correcto. 

Asimismo, tenemos que trabajar priorizando sectores en el mediano plazo. Sin duda alguna, primero la salud. Cañonazos de plata para crear un sistema de salud de largo plazo, contratar más médicos y comprar todos los insumos médicos que sean necesarios. Pero también se debe trabajar con el turismo, gastronomía, construcción y todos aquellos sectores que generan muchísimo empleo. 

El desafío pendiente es juntar las medidas de emergencia con las acciones de largo plazo. Por ejemplo, un masivo programa de inversión pública/privada para transformar el patrón de desarrollo primario exportador. La crisis económica mundial está acelerando la transformación digital en empresas e individuos.   En los años 30, frente a una crisis económica de igual envergadura a la actual, Estados Unidos lanzó lo que se conoció como el New deal (Roosevelt): Un masivo programa de inversión pública en infraestructura, junto a un modelo de industrialización y diversificación productiva que colocó las bases de la potencia económica del norte.

Con  base en un gran acuerdo nacional, Bolivia tiene la oportunidad de hacer su New deal. Las crisis son también grandes oportunidades. En la actualidad en el mundo se discute un Green new deal. Un nuevo acuerdo verde es una transformación audaz de la economía para abordar las crisis gemelas de la desigualdad social y el cambio climático.

En Bolivia, el desafío es movilizar recursos públicos y privados para ayudarnos a pasar de una economía basada en la explotación de recursos naturales, a una impulsada por trabajo de calidad, energía limpia y la tecnología. Por lo tanto, junto a las medidas de emergencia se debe comenzar a trabajar en inversiones en energía solar y eólica, en fibra óptica, en capital humano, en emprendimiento productivo y tecnológico.  

Un gran desafío es la forma de financiamiento de la emergencia y de los cambios estructurales. Pues se debe usar todas las alternativas posibles. A nivel interno, seguramente que debemos aceptar por lo menos dos puntos porcentuales del PIB de déficit público (800 millones de dólares). Gastar unos 1.500 millones de dólares de las reservas internacionales. Negociar una moratoria de la deuda externa por cinco años y usar recursos ahorrados del pago de los servicios (amortización e interés) para el plan (800 millones de dólares).

También se requerirá cooperación internacional por 3.000 mil millones de dólares. A mediano plazo, requerimos de una reforma tributaria para poder sobrellevar el esfuerzo de inversión y gasto de este momento de crisis.

Gonzalo Chávez A. es economista.

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