Juan José Toro

Fue golpe

jueves, 17 de diciembre de 2020 · 00:08

Si un golpe de Estado es la toma del gobierno de un país con el auxilio de la violencia, ¿eso fue la renuncia de Gonzalo Sánchez de Lozada? No. A Goni nadie le puso una pistola en la cabeza para que renuncie ni se le sacó de Palacio a empujones. Salió caminando, flanqueado por su gente, y todos vimos su partida por la televisión.

Lo de Evo Morales fue algo parecido. Él renunció a su cargo, por la presión popular. Nadie le puso una pistola en la cabeza. Es más… tuvo tiempo de grabar un largo mensaje televisivo y, luego, salió caminando, flanqueado por su gente, y todos vimos su partida por la televisión. Nadie le sacó de Palacio a empujones.

El derrocamiento de Sánchez de Lozada no fue golpe porque, tras la partida del presidente renunciante, operó la sucesión constitucional y el congreso siguió funcionando con los mismos integrantes que habían sido elegidos por el voto popular.

En el caso de Evo Morales, la sucesión constitucional tuvo que buscar a la autoridad habilitada por la prelación ya que el vicepresidente y los presidentes camarales también habían renunciado. Así fue como se llegó hasta Jeanine Añez. El mismísimo Tribunal Constitucional, integrado por gente afín a Morales, lo validó esa sucesión.

Tras la renuncia de Evo, el congreso siguió funcionando con los mismos integrantes que habían sido elegidos por el voto popular. Los presidentes de las cámaras eran masistas y su partido controlaba los dos tercios en la asamblea. No, pues… no hubo golpe.

Y es que, para ser tal, un golpe de Estado tiene que quebrar la institucionalidad del Estado. Se viola la Constitución y se actúa en contra de esta. Eso fue lo que pasó, por ejemplo, cuando Evo Morales quiso presentarse nuevamente a la reelección, pese a que ya tenía hasta tres mandatos consecutivos por atrás. Como el artículo 168 de la Constitución lo prohíbe, convocó a un referéndum para preguntar si la gente estaba de acuerdo con modificarlo. La respuesta de las urnas fue NO, pero, aun así, él se presentó a las elecciones, violando la Constitución y el mandato del referéndum. Ahí se produjo una ruptura de la institucionalidad del país. Podría decirse que fue un golpe de Estado, pero el congreso seguía funcionando, igual que cuando renunció Evo.

Entonces, no se trata de decir, machaconamente y por consigna, que hubo golpe de Estado. Para ser tal, este necesita de ciertos requisitos que las renuncias de Goni y Evo no cumplen.

El silletazo que Evo recibió en Lauca Ñ, sí… ese sí es un golpe, pero no de Estado.

Que inventen otra cosita.
  

Juan José Toro es Premio Nacional en Historia del Periodismo.

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