Juan José Toro Montoya

Nos morimos

sábado, 25 de julio de 2020 · 00:08

Y es literal. Nos estamos muriendo. De un punto a otro del país hay reportes de periodistas enfermos con coronavirus o, peor, de fallecimientos a causa de la enfermedad y en circunstancias más o menos parecidas: falta de seguro médico, atención oportuna y dificultad para la realización de pruebas de laboratorio.

Sí. Existen sectores en mayor riesgo y, consiguientemente, con una mayor tasa de mortalidad, pero el peligro que corre la prensa no se limita al personal; es decir, el de cada uno de sus miembros que se exponen al contagio por sus condiciones de trabajo, sino, también, al del cierre de sus fuentes de trabajo.

Y, otra vez, hay que responder sí cuando alguien diga que la crisis provocada por la pandemia ha afectado más a otros sectores y muchas empresas ya han cerrado, pero también hay que hacer notar que la prensa es el único sector cuya desaparición está siendo provocada, no por la covid-19, sino por acciones —u omisiones— de las autoridades.

Desde el gobierno ya se ha instruido la salvación de varios sectores de nuestra economía como, por ejemplo, la minería, y se ha hecho hincapié en la necesidad de ayudar a la micro y pequeña empresa. ¿Qué se ha hecho o dicho para salvar a las empresas periodísticas?.. ¡nada!

Y la razón es elemental: el periodismo es la piedra en el zapato del poder y, sin él, los políticos estarían mucho mejor. 

Sin prensa, muchos habrían permanecido en el poder  más tiempo del que estuvieron porque jamás se habría conocido de sus abusos a los derechos humanos o de los despilfarros de los bienes públicos. Sin periodismo, Evo Morales habría sido reelecto sin problemas, porque nadie habría denunciado su gigantesco fraude electoral. Sin prensa, los niveles de aprobación de Jeanine Añez no habrían bajado porque nadie habría informado de las compras con sobreprecio de insumos para afrontar el coronavirus.

Hasta antes de Evo, el Estado designaba una determinada cantidad de recursos para publicidad estatal y lo distribuía bajo criterios más o menos equitativos. Cuando él asumió el poder, le declaró la guerra a la prensa que no se alineó con su ideología, mandó reforzar los medios estatales, abrir muchos otros y, paralelamente, se compró medios independientes a través de terceros, como fueron los casos de La Razón, PAT y ATB. El grueso de la publicidad estatal fue destinado a estos medios, dejando a los demás sin recursos frescos.

Esa situación debía cambiar tras la salida de Morales, pero seguimos igual. El gobierno de Añez no ha repuesto los antiguos niveles de distribución publicitaria y, por lo tanto, los medios se están muriendo.

Al parecer, ha visto la conveniencia de esas muertes y prefiere dejar las tocas tal como están.   
 

 Juan José Toro es Premio Nacional en Historia del Periodismo
 

 

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