Juan José Toro

Reconstruir

jueves, 14 de enero de 2021 · 05:08

En el pasado, a los habitantes de nuestras ciudades les gustaban los arcos. Esa es una deducción de la arquería que quedó en los centros históricos de muchas de ellas.

Potosí tuvo arcos en el edificio del cabildo, que después se convirtió en Prefectura y ahora es Gobernación. A fines de la década del ‘60 y principios del ‘70, a un prefecto se le ocurrió echarlos abajo con el fin de “modernizar” el inmueble. Don Armando Alba se opuso, y, en audiencia, le rogó al prefecto que no lo hiciera, pero no solo recibió una negativa sino que hasta fue insultado por su empeño. Le dijeron que era un viejo que vivía en el pasado, que había que modernizar la ciudad. Con esa idea, no solo se echó abajo la arquería de la Prefectura sino también la de la plaza 6 de Agosto y la que existía junto a la catedral, enmarcando un parque y/o plazoleta aledaña.        

Parece que el fenómeno “modernizador” llegó a la mayoría de las ciudades bolivianas porque muchos edificios antiguos fueron demolidos en años posteriores. En Santa Cruz, donde me encuentro escribiendo este artículo, me contaron que muchos arcos, e inmuebles del pasado, fueron demolidos entre los ’70 y ’80. Pese a eso, lo que se salvó le da una característica peculiar a la plaza 24 de Septiembre y calles aledañas.

En Oruro queda una arquería que caracteriza a los edificios públicos de la plaza 10 de Febrero. Lo de La Paz no tiene nombre. Cuando la sede de gobierno fue llevada a esa ciudad, la fiebre “modernizadora” arrasó con muchos edificios antiguos, incluso coloniales. La cereza en la torta fue ese esperpento que lleva el pomposo nombre de “Casa grande del pueblo” y se construyó sobre lo que fue un edificio antiguo, que bien podría restaurarse, pero, por lo que vemos en los últimos años, la protección del patrimonio es un tema mal entendido en la heroica ciudad del Illimani.

En Potosí, la presión de los gestores culturales consiguió que se reponga la arquería de la plaza 6 de Agosto, aunque con errores. Recientemente nos enteramos que el edificio de la telefónica fue construido sobre lo que antes era el parque aledaño a la catedral y ahora ese es un nuevo tema a resolver.

Son detalles de las ciudades que no importaban mucho en el pasado, pero ahora tienen su peso si se quiere hablar de turismo.

Antes de la pandemia, el mundo estaba cambiando y el turismo se había convertido en una industria muy lucrativa, tanto que era uno de los principales generadores de divisas de muchos países. Cuando pase la pesadilla del coronavirus, habrá que pensar en reconstruir nuestra economía y eso deberá extenderse, también, a nuestro pasado, a nuestras ciudades.     

  

 

 Juan José Toro es Premio Nacional en Historia del Periodismo.

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