María Galindo

Mezclar parto con aborto para confundir

Desde la acera de enfrente
miércoles, 12 de junio de 2019 · 00:12

Dice la sabiduría popular que el papel aguanta todo; lo dice  para burlarse de la veracidad, intensidad y sentido con el que se escribe;  ese refrán tiene la urgencia popular de quien pide algo más que palabras.

Hoy, sin embargo, puedo escribir con la certeza que el papel del periódico en que van impresas mis palabras no es capaz de aguantar el dolor, la rabia, la indignación, el asco y la angustia con la que escribo. Este papel impreso no es capaz de aguantar la sangre de mi hemorragia, de mi menstruación, de mi aborto, de mi desvirgación en escena de violación; de  mi vida ensagrentada de dolor por ser mujer y por querer seguir siendo mujer a pesar de todo el significado tortuoso que hoy ustedes le quieren impregnar a nuestras existencias.

No es que una se va a buscar dolores ajenos por figurar, porque no tiene nada mejor que hacer, sino por el hecho de que ningún macho entiende, y es que el cuerpo de las mujeres, que es hoy un cuerpo torturado, es uno solo y el mismo. Somos todas un solo cuerpo, somos todas el mismo cuerpo: el mismo cuerpo somos la niña y la vieja, el mismo cuerpo somos la chola, y la señorita, el mismo cuerpo somos la asesinada y la viva, la puta y la señora, la parturienta y la abortienta, la amante y la esposa. 

Porque somos el mismo cuerpo cuando torturan a una niña violada, como hoy la están torturando lo siento yo, como todas las mujeres también en nuestros propios huesos, en nuestras vulvas de clítoris amputado por la represión, en nuestros pechos hinchados de pus, en nuestras barrigas amoreteadas, en nuestras piernas hoy adormecidas de dolor.

Sensaciones que ni el papel ni las palabras aguantan. 

Es posible que la sociedad no imagine lo que significa que una niña violada pida un aborto y que las instituciones que por ley le debieron ofrecer tal paliativo la sometan a un parto prematuro; pero de lo que estoy segura es de que cada mujer madre o no, violada o no, joven o no, siente en su cuerpo y entre sus entrañas lo que el cuerpo de ella está sintiendo.

Está claro que  la maternidad Percy Boland, confabulada con la Conferencia Episcopal, actuó con saña postergando el aborto para convertirlo sañudamente en un parto prematuro y para hacer de ese parto bandera, usaron su poder para violar los derechos de la niña. La objeción de consciencia que todo médico tiene no es una objeción institucional, sino personal, por lo que el hospital debió proceder de inmediato y, además, procurar un médico que asista el aborto a la primera solicitud. No lo hicieron de forma deliberada, desinformaron a la hermana y la tuvieron yendo de un sitio en otro, conscientes de que estaban ganando tiempo  para usar este hecho como instrumento de confusión social: mezclar parto con aborto y exhibir a la bebé prematura como trofeo para volver, una vez más, a representar socialmente el aborto como un asesinato. 

Lo que han hecho los médicos y los curas es un acto de crueldad extrema, tal cual lo hizo el patriarca Salomón al partir al niño en dos, en el juicio para que sea el dolor el que dirima el resultado. Eso es el patriarcado. 

Yo no puedo más. Llorar no me basta, pensar no me basta, escribir no me basta, hay que frenar tanta crueldad.

Frente a este acto de tortura contra una niña violada no hay ministra de salud, ni presidenta del Senado, ni Defensora del Pueblo, ni comisión de justicia del Parlamento, ni Ministerio de Justicia, ni servicio de la mujer, ni institución estatal alguna, ni funcionaria alguna capaz de tomar ni una sola acción para que esto no se convierta en un precedente de obligación a parir a las niñas violadas,  a pesar de que seguramente muchas de esas funcionarias han podido optar por abortos clandestinos seguros en clínicas privadas, como la hipocresía social manda. Abortos que ni siquiera son capaces de asumir públicamente.

Un hecho como éste nos demuestra, una vez más, que ninguna de esas instituciones les sirve a las mujeres. En Bolivia no hay justicia, ni Estado de Derecho, ni respeto a la vida, la palabra y el cuerpo de una niña, y todo eso tiene que ver con democracia.  

Quiero decir desde este lugar que nosotras ofrecemos acompañamiento y asesoramiento rápido urgente e inmediato para aborto, porque no nos vamos a contentar con escribir y porque es necesario actuar, y no sólo hablar. Nuestras puertas y nuestras vidas están abiertas a toda mujer que lo necesite, aquí estamos hermana.

 

María Galindo es miembro de Mujeres Creando

Confidencial

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