Rafael  Puente

Derechas e izquierdas en Bolivia

viernes, 18 de diciembre de 2020 · 00:10

Es fácil comprobar que en nuestro país las fuerzas políticas de derecha se caracterizan por no conocerlo. Y no es que ésa sea la característica de la derecha política en cualquier parte. No se puede negar que las fuerzas de derecha en Brasil, Argentina y Chile (por mencionar sólo ejemplos de países vecinos) conocen sus respectivos países y por tanto tienen la base política e ideológica necesaria para constituir gobiernos estables, con frecuencia reelegidos y muchas veces exitosos (desde su perspectiva derechista, por supuesto).

En Bolivia no. En nuestro caso los partidos y dirigentes de derecha siempre se han caracterizado por no conocer el país que pretenden gobernar, y así les ha ido sistemáticamente, de fracaso en fracaso. Basta recordar los bloques Conservador y Liberal, que llevaron a Bolivia a un lamentable nivel de subdesarrollo simplemente porque no sabían cuál era el país que gobernaban. Y la gran excepción, que pudo haber sido el primer gobierno de Paz Estensoro, fracasó por someterse a las condiciones de la Embajada de Estados Unidos (y en el fondo porque era un invitado al proceso revolucionario del que no había formado parte). Y, por supuesto, las dictaduras ignoraban más que nadie las características del país que pretendían “gobernar” y al que sólo lograron “someter”.

Interesante ¿no?, y parecería que ventajoso para la izquierda, pero no ha sido así. Todo lo contrario, al no tener contrincantes políticos conocedores del país y la sociedad que pretendían gobernar, las fuerzas de izquierda se dieron el lujo de manipular el Estado (el Nacional y el Plurinacional) y acabaron convirtiéndolo en fuente de beneficios (personales y partidarios). Eso explica la increíble decadencia de un país que nació como el más prometedor y venturoso de Sudamérica y acabó siendo el más pobre y el más débil, hasta el extremo de acabar perdiendo más de la mitad de su territorio original.

Y seguimos así. No es que la derecha no exista, nunca ha dejado de existir, desde la derecha extrema y fascista (donde destaca el ejemplo de la ADN) hasta la derecha moderada y democrática como la que nos propone Carlos Mesa (que ya fue presidente y se tuvo que retirar porque no sabía qué hacer con el país, y ahora tampoco nos explica cómo lo podría presidir si pudiera ganar las elecciones). Nunca hemos tenido una derecha con ideas claras y visión estratégica. Aparentemente qué bien, ¿no?

Pues yo creo que no, porque esa debilidad y marginalidad de la derecha criolla hace posible que las fuerzas de izquierda puedan abusar del poder —cuando lo tienen— y abusar impunemente. Y si no, veamos el ejemplo extremo del MAS, un partido indudablemente de izquierda (pese a que su propio nombre fue un obsequio de la derecha, concretamente del MAS-U, ¿lo recuerdan?).

Gracias a la inexistencia de una derecha fuerte, los compañeros y compañeras del MAS (cuyo primer gobierno fue sin duda el mejor de nuestra historia) pueden darse el lujo ahora de generar tremendas peleas internas por candidaturas en las próximas elecciones subnacionales. Ni siquiera Evo ha podido ponerlos en su lugar (hasta el extremo de recibir un silletazo cuando ha querido intervenir en su calidad de supuesto líder indiscutible e inacabable).

Si hubiera una derecha seria y consistente, las fuerzas de izquierda (empezando por el MAS) se verían obligadas a ser consecuentes, a respetar sus propios principios y sus sucesivos programas de gobierno, pero con rivales como CC, el PDC o Creemos, el MAS puede darse el lujo de ser inconsecuente y de permitir que se multipliquen peleas y rivalidades por las candidaturas de las próximas elecciones.  Por tanto el riesgo político que ahora asume la izquierda (peleas y divisiones internas, aparición de presuntos candidatos procedentes del campo de la derecha, y “asuntos varios”) es resultado de la inexistencia o incapacidad de las fuerzas de derecha…

Curioso, ¿no?, pero aleccionador. Y que las próximas elecciones nos cojan confesados.

Rafael  Puente es miembro del Colectivo Urbano por el Cambio (CUECA) de Cochabamba. 
 

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