Renzo Abruzzese

El socialismo: inventario crítico

martes, 27 de julio de 2021 · 05:12

A propósito de lo que está sucediendo en Cuba, pienso útil hacer una breve reseña de los proyectos socialistas desde el siglo XX a la fecha. Empecemos por Bolivia.

La izquierda tiene en nuestro país un largo recorrido. Las primeras expresiones políticas calificadas de “comunistas” las encontramos en Belzu (1848-55) cuya afinidad (más utilitaria que ideológica) le valió el sobrenombre de “plebeyo”. Andrés Ibáñez (1876-77) influido por la misma literatura “socialista” sacrificó la vida al mando de los “igualitarios”. Las oligarquías dominantes de entonces también lo tachaban de “comunista”. Estos experimentos, empero, se enfrentaban a una estructura social y económica en la que el desarrollo de las fuerzas productivas difícilmente hubiera podido constituir un dispositivo político, y menos ideológicamente articulado. 

Las experiencias propiamente marxistas se desarrollan en Bolivia a partir de 1935 con la fundación del Partido Obrero Revolucionario. En 1940 se fundó el Partido Comunista de Bolivia (PCB), en 1950 el Partido de la Izquierda Revolucionaria (PIR) y de ahí en adelante una proliferación de grupos de obreros e intelectuales dieron curso a la formación de pequeños partidos de filiación marxista en todas sus versiones.  Los tres primeros (POR, PCB y PIR) fueron sin duda las experiencias más notorias. Se incorporaría en 1971 a la cabeza de Marcelo Quiroga Santa Cruz el Partido Socialista, última expresión de la izquierda marxista-leninista nacional.

¿Qué tuvieron en común todas estas organizaciones?: un destino fallido. En efecto, los partidos de filiación marxista recorrieron en la historia nacional todos los senderos de acceso al poder, desde la Guerrilla del Che y la de Teoponte, el ELN fuertemente vinculado al PCB, las efímeras Ucapo, (Unión de Campesinos Pobres) de Zamora Medinacelli de tendencia maoísta, la Asamblea Popular que fue, sin duda, el momento en que las fuerzas de la izquierda marxista estuvieron más cerca del Poder, la Unión Democrática y Popular (UDP) que cobija no solo al PCB y al Movimiento Nacionalista Revolucionario de Izquierda (MNRI) de Hernán Siles Suazo, sino, también, al flamante Movimiento de la Izquierda Revolucionaria (MIR) cuya filiación en realidad fue socialdemócrata.

Al final del día, todas las experiencias de la izquierda marxista en sus diversas versiones en Bolivia (leninistas, maoístas, trotskistas, anarquistas y otras inclasificables) fueron intentos fallidos. 

Lo mismo ha pasado a lo largo y ancho del planeta. Desde la caída del Muro de Berlín el 9 de noviembre de 1989, todas las organizaciones de filiación marxista acompañaron su desplome. Por el avance del capital, el desarrollo del capitalismo, la tecnología que no permite sindicatos, la globalización que desdibuja los Estados-nación, el fracasado socialismo soviético que termina con la Perestroika (1990-1991) y la transformación de la imponente y poderosa China de Mao, que finalmente termina en la más poderosa nación capitalista (de régimen político socialista) del planeta, o lo que fuera, lo único que queda en pie es, Corea del Norte, Vietnam del Norte, Cuba y China (socialista a medias). De los propiamente socialistas, (Corea del Norte, Vietnam del Norte, y Cuba) lo único que rescatamos es la brutalidad de sus dictadores y el sufrimiento de sus pueblos. De las imitaciones de mal gusto (Venezuela, Nicaragua, la Bolivia de Evo y algunos otros intentos mal habidos) solo observamos despojos, intentonas y furiosos rebrotes totalitarios más próximos al fascismo que al comunismo.

Como se ve, el inventario es desastroso. El socialismo que había diseñado Marx y del que en realidad no aplicaron casi nada los regímenes socialistas, es definitivamente funesto. Todos fueron, de principio a fin, intentos fallidos.

Lo grave de estas experiencias es que se llevan pueblos enteros al desastre, la miseria y la devastación. Si estos caudillos de papel, que fugan o se esconden tras la primera reacción del pueblo tuvieran la entereza moral y política de un Lenin o de un Mao, de Marx o de un Engels, de un Trotski o de una Rosa Luxemburgo, quizás las cosas habrían salido mejor, el hecho es que, a estas alturas del partido, todos fueron contundentes fracasos manchados de sangre, corrupción y miseria.

 

Renzo Abruzzese  es sociólogo

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