Renzo Abruzzese

Los grupos de choque en el Estado totalitario

martes, 10 de agosto de 2021 · 05:12

Si algunos ingenuos piensan que la presencia de grupos violentos en las calles para evitar la expresión libre de los ciudadanos es meramente un recurso más del régimen para neutralizar un acto de protesta, están totalmente equivocados. Los “grupos de choque”, los paramilitares o mercenarios que el MAS puso en circulación ya desde el 2019 son una parte constitutiva del Estado totalitario, no son un recurso más, son un dispositivo de poder inherente a la naturaleza dictatorial del Estado que administran, así van a actuar de forma “natural” mientras estén en el poder.

El fascismo italiano creo el principio ideológico de estos grupos antidemocráticos: Credere, obbedire, combattere; creer, obedecer y combatir, ese fue el lema que guiaba desde 1937 la “Juventud Italiana del Lictorio”, la organización que agrupaba a la “juventud fascista”. Se trataba de grupos violentos encargados de sofocar, impedir y arremeter bestialmente contra cualquier expresión democrática del pueblo. Fue tal el terror que infundieron que la sociedad civil quedó prácticamente paralizada. La experiencia de Mussolini la aprovechó y perfeccionó Hitler. Bajo esta consigna los “camisas negras” italianos creían a ciegas en todo lo que se les diga, obedecían a ciegas todo lo que se les ordenaba y actuaban violentamente cuando se los pedía el “jefazo” o su testaferro. 

Para que creer, obedecer y combatir parezca el precepto perfecto de la libertad y la democracia, se construye una  lógica subyacente encargada de invertir el orden de todas las cosas, así, terminan absolutamente convencidos de que la violencia que ejecutan no es violencia, es pacificación, que los derechos que intentan conculcar o suprimir no son derechos, que los que no están de acuerdo con ellos están equivocados, que el único país que existe es el que ellos conciben, que los únicos ciudadanos dignos de tomarse en cuenta son ellos, los otros son advenedizos, que la dictadura es la democracia, que el fraude es golpe y que la única historia verdadera es la que se inventaron ellos.

Cuando el Estado y el gobierno se va organizando en torno a esta manera de concebir las cosas, a los dictadores les parece normal que sus grupos de choque salgan a patear mujeres indefensas solo porque no piensan igual, o por que reclaman un legítimo derecho. A los cobardes que se prestan a esto se los considera militantes ejemplares, así, de a poco, pero sin pausa el partido se transforma en una máquina de violencia, simbólica, física y política para beneplácito de sus líderes y opio de sus militantes. Muy rápidamente estas organizaciones entran en una espiral en que no hay ninguna otra manera de hacer o decir las cosas que no sea de forma violenta, agresiva, insultante o racista.  Embrutecidos por el éxito que esta manera de gobernar suele tener, ya ni perciben el carácter fascista de sus actos al punto que todos los atropellos y afrentas las conciben como la quinta esencia de la democracia, es decir, de “su” democracia. Todo esto no sucede como un acontecimiento coyuntural o episódico, esto solo se produce en los interiores de los estados fascistas y totalitarios. Es la expresión más depurada de las dictaduras modernas.

Renzo Abruzzese es sociólogo.

 

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