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Pornocracia

Poco o nada se habla de sexualidad y educación sexual integral, es así que la información de muchos respecto al tema viene de la pornografía. Una industria de millones, mujeres objetivadas y muchas aspiraciones irreales, ¿podremos consumir otro tipo de placer visual?
domingo, 11 de octubre de 2020 · 00:03

Natalia Lucía Siles Costa

 

El documental Pornocracy (2017), dirigido por Ovidie, una exactriz porno francesa, explica cómo, desde mediados de la década de los 2000, la industria pornográfica cambió de forma drástica. Antes se constituía de productoras que vendían largometrajes para cine, televisión, dvds o sitios internet. Con la aparición de los sitios “tube”, en los que puedes ver contenido pirata gratis, sin siquiera la necesidad de descargarlo (por streaming), todo cambió. No sólo se abarataron los costos y se incrementó exponencialmente la oferta, sino que esta también se fue volviendo cada vez más variada y más “hardcore”, es decir, más explícita, dura y violenta.

...la industria pornográfica cambió de forma drástica. Antes se constituía de productoras que vendían largometrajes para cine, televisión, dvds o sitios internet. Con la aparición de los sitios “tube” todo cambió.

En este tipo de porno, que es el que reina en todo internet, no importa la trama, la verosimilitud, ni la dignidad o el placer de las mujeres. Todo se centra más bien en la objetivación sexual de ellas. La mayoría de los videos ni siquiera cuentan con una trama narrativa detrás, son directamente sexo. Las categorías para escoger lo dicen todo: japonesas, maduras, adolescentes, lesbianas, etc., etc.

Una industria de millones que utiliza a la mujer como mercancía de intercambio / Fotografía de Fanpan para Pixabay.

Los cambios en la industria también han significado una profundización de la explotación laboral específicamente de las actrices, quienes, ante un mercado tan amplio, cada vez deben cobrar menos por hacer cosas más “rudas”. Y, por si fuera poco, según Pornocracy, todo apunta a que la industria se vincula con el lavado de dinero para negocios ilícitos a cargo de mafias alrededor del mundo. Empresas como Mindgeek (que es un gigante dueño de sitios web tan famosos como Pornhub, Redtube y Youporn) hasta ahora han sido muy poco investigadas, pese a actividades sospechosas.

Los cambios en la industria también han significado una profundización de la explotación laboral específicamente de las actrices, quienes, ante un mercado tan amplio, cada vez deben cobrar menos por hacer cosas más “rudas”.

Todo esto nos lleva a la necesidad como sociedad de ser más conscientes con nuestros consumos, pero primero habrá que quitarnos la vergüenza. Si de por sí nos incomoda hablar de sexo, mucho menos vamos a hablar de porno. Mientras tanto, miles de usuarios del porno tube, a falta de información y de una educación sexual integral, creen que así es como se debe tener relaciones sexuales, que a eso es a lo que deben apuntar.

Visión europea de la sexualidad a inicios de 1800 / Cuadro Erótica del siglo XIX.

Como dicen algunas activistas feministas: “El problema no es el porno, sino que nos falta crear mejor porno”. Existen propuestas como la de la directora sueca Erika Lust, que muestran alternativas al porno “tube”. En este caso se trata de una narrativa centrada en el placer femenino y en la complejidad de una interacción sexual, por lo que va mucho más allá del acto coital. Créanlo o no, hace un par de años, como parte de un ciclo gratuito de cine erótico, se exhibieron cortos de Lust en el Cine Teatro Municipal 6 de agosto. Quizás nuestra sociedad esté más preparada de lo que pensamos a animarse a abrirse a estos temas…

 

  • Natalia Lucía Siles Costa es escritora en Talleres de Lu en Facebook, madre de estrenitos, bruja de la luna y aprendiz del retorno de la luz. Es socióloga con publicaciones sobre sexualidad y vendedora en Sacred Sex.

 

 


   

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