Elecciones made in USA

A hard day's night - Recuento de un martes de locura

Las elecciones en EEUU son un quilombo. Cada Estado organiza la votación bajo sus propias reglas, y ahora incluso mandan las papeletas a cada casa para que el voto se haga por correo. Esto se entiende mejor con unas chelas bien frías.
domingo, 15 de noviembre de 2020 · 00:08

Diego Mattos

Me preparo, como se debe, para mirar en la tele los resultados de las elecciones. En los Estados Unidos, sucede cada cuatro años, el primer martes de noviembre, ocho de la noche en CNN. Hay otras cadenas, por su puesto, pero sigo la costumbre. Ya me he acostumbrado al viejito (le digo Lobo, apellida Wolf) que anuncia los datos de último momento, y a su colega de timbre soprano que manipula un iPad gigante, habla rápido como vendedor callejero queriendo encajarte algo. Esta es mi cuarta elección por estos lados. Siempre es un espectáculo: las pantallas, los gráficos, las proyecciones, los porcentajes, las opiniones, las fotos de los candidatos, los dos colores que priman, el rojo del partido Republicano, el azul del partido Demócrata. ¿Qué pasará? ¿Ganará el republicano Trump?, ¿ganará el demócrata Biden? Es la pregunta. Al final de la jornada se sabrá, siempre se sabe.

llustración de Belén Miranda del Carpio / estudiante DGR UCB.

Siempre es un espectáculo: las pantallas, los gráficos, las proyecciones, los porcentajes, las opiniones, las fotos de los candidatos, los dos colores que priman, el rojo del partido Republicano, el azul del partido Demócrata. ¿Qué pasará? ¿Ganará el republicano Trump?, ¿ganará el demócrata Biden?

Ocho de la noche, luego de un día agitado (A Hard Day’s Night, diría Ringo Starr) por fin me siento en el sofá junto con mi six-pack, es decir, mi paquete de seis cervezas personales, aquí vienen así, de a media docena, y se pide de la siguiente manera: 

—Señora, me da un six-pack, ¿por favor?

—¿Fría o al ambiente, caballero? –Ahora me llaman caballero, el joven ha pasado a la historia.

—Friíita pues, casera.

—¿Se lo anoto o me va a pagar? 

—Anótemelo nomás. 

(Con un gesto de desagrado y desconfianza toma nota en una libreta).

La transacción fue así en mi inconsciente, un intento de bolivianización del consumo; la realidad fue nomás comprar el six-pack más barato en el supermercado de siempre, interactuando y pagándole impersonalmente a un cajero automático.

Vuelta a la tele. El mapa de Estados Unidos gobierna la pantalla, 50 Estados de color gris que, a medida que lleguen los resultados, se irán tiñendo de rojo o azul, de acuerdo a quién gane los votos electorales de cada Estado.

Aquí surge la pregunta: ¿votos electorales?, ¿qué es eso? 

Ilustración de Andrea Linares / estudiante DGR UCB.

Aquí va la aclaración: Cuentan que, cuando en 1787 se estaba escribiendo la Constitución de los Estados Unidos, los representantes se pusieron de acuerdo en todo, menos en algo fundamental: “¿Cómo vamos a hacer para elegir Presidente?”. Lo más lógico era por mayoría popular. Pero, algunos Estados objetaban que eso le daría control a los Estados con ciudades grandes y que solo (entonces y a futuro) ahí se determinaría la designación del presidente. Así que luego de largas horas, días en realidad, de negociaciones, se llegó al acuerdo de no ir por la mayoría popular, sino de asignar a cada Estado un número de votos electorales de acuerdo a su población. Actualmente a California, por ejemplo, le toca 55 votos, a Vermont 3. El quid del asunto es que el candidato que gane en cada Estado se lleva todos los votos electorales, todos, al segundo le toca… cero. Y así es desde esa vez. El candidato qua gana es el que acumula más votos electorales. Desde que hay 50 Estados, para ganar se necesita 270. 

Cuentan que, cuando en 1787 se estaba escribiendo la Constitución de los Estados Unidos, los representantes se pusieron de acuerdo en todo, menos en algo fundamental: “¿Cómo vamos a hacer para elegir Presidente?”.

Vuelta la tele. A medida que los espacios para cada botella en el six-pack se van vaciando, los colores de los Estados en el mapa se van coloreando de azul o rojo de acuerdo a lo esperado. ‘Esperado’ porque hay Estados que, sin que importe quién es el candidato de turno, siempre, pero siempre, votan republicano o votan demócrata. Por ejemplo, California, Oregón, Massachusetts, entre otros, son siempre demócratas; Texas, Kentucky, Kansas son siempre republicanos. Por eso también, al principio el número de votos electorales se calcula nomás fácil, porque se sobreentiende quién va a ganar. Y están los otros estados de población grande, que a veces votan republicano y a veces demócrata: Pennsylvania, Michigan o Florida, por ejemplo. A estos Estados que van y vienen en su decisión se les dice Swing States (Estados fluctuantes, o literalmente, Estados columpio). A veces, uno o dos de estos Estados son los que llegan a determinar el resultado de la elección. En la elección del 2000, el resultado final lo dictaminó Florida en favor de Busch (luego de un recuento y otros temas).

Ilustración de Jhon Capuma / estudiante DGR UCB.

...los colores de los Estados en el mapa se van coloreando de azul o rojo de acuerdo a lo esperado. ‘Esperado’ porque hay Estados que, sin que importe quién es el candidato de turno, siempre, pero siempre, votan republicano o votan demócrata.

Miro mi reloj, cerca a las once, quedan dos cervezas y el Lobo de CNN sigue proyectando Estado a Estado. Muy animado, se cuida de remarcar, sin embargo, que los votos son estimados y que hay que considerar los votos por correo. ¿Votos por correo? 

Miro mi reloj, cerca a las once, quedan dos cervezas y el Lobo de CNN sigue proyectando Estado a Estado. Muy animado, se cuida de remarcar, sin embargo, que los votos son estimados y que hay que considerar los votos por correo. ¿Votos por correo? 

Explicación: Votar en los Estados Unidos es fácil y difícil. Difícil porque se vota en martes, un día hábil de trabajo. Para votar necesitas pedir permiso a tu jefe, hacer fila y esas cosas. Fácil porque se puede votar el día de la elección, votar por anticipado (los recintos se habilitan para ello en fecha determinada), o votar por correo. Todo estaría bien si fuera solo eso. El tema es que cada Estado es independiente de llevar a cabo la elección de la manera que mejor le parezca. No hay una Corte Suprema Electoral central, cada Estado controla la elección. Cada Estado diseña la papeleta, las reglas, etc. La gobernación de cada Estado es la que controla el proceso. Es por eso que hay susceptibilidades. En el tema del voto por correo, por ejemplo (ampliada debido al Covid), cada Estado decidió cómo hacer. Algunos decidieron mandar la papeleta solo a las personas que hubiesen requerido votar por correo, otros mandaron papeleta a todos los registrados para votar, otros mandaron papeletas a todas las casas voten o no. Y hay que recordar que votar no es obligatorio. Es decir, un quilombo.

Ilustración de Luciana Noriega / estudiante DGR UCB.

Cerca a la medianoche, agarro lo último que queda del six-pack (debía haber comprado dos, pienso). Hay sorpresas. Biden ha ganado los 10 votos electorales de Wisconsin. En la anterior elección, Trump había ganado ahí. Y no solo eso, Biden está abriendo ventaja en Michigan. ¿Qué está pasando?, ¿habrá cambio?, ¿o es la cerveza?

De pronto la frase “Breaking News” invade la pantalla. El Lobo y su ayudante soprano tienen noticias, última información, el Lobo se prepara, mira fijo a la cámara, actualiza los datos y proyecta: “Con seguridad, CNN proyecta que Trump es el ganador en Florida y Ohio”. Y me digo: listo, eso sería, Trump va ganar. Siempre he escuchado (y se ha cumplido) que si ganas Ohio ganas la elección. Uno de los Estados-columpio decidiendo cosas. 18 votos electorales.

Ilustración de Ana Belén Sanabria / estudiante DGR UCB.

Avanzada la noche del martes, casi medianoche, sorbo las gotas de la última botella, y observo con lo que me queda de consciencia el mapa con los Estados azules y Rojos, porcentajes y votos electorales actualizados. Al irme al dormir, al Lobo le ha sido posible proyectar la victoria en cada Estado, menos en seis: Nevada, Arizona, Pennsylvania, Michigan, Carolina del Norte y Georgia. Al irme a dormir, no le ha sido posible decir al Lobo quién ha ganado, quién es Presidente. En cuatro elecciones, es la primera vez que me voy a dormir sin saberlo de cierto. Una rareza. Apago la tele.

Sueño pesado. En plena medianoche me despierto inevitablemente, mis ojos se abren luchando contras las legañas. Veo mi teléfono para ver si hay resultados. CNN. No hay resultados aún. Se espera saber los siguientes días. ¿Días?, me digo casi dormido. La novedad es que a las 2:30 de la madrugada Trump ha dado una conferencia de prensa declarándose ganador. Sabía, me digo medio dormido, Trump ha ganado Florida, estos cubanos de Miami, pienso. Me vence el sueño.

Poco sabía en ese momento de segundo sueño lo que vendría después. Que el recuento de los votos en esos Estados se iba a hacer lento, pero leeeento. Contando, sobretodo, los votos por correo que van llegando de a montones. Poco sabía que Biden, de acuerdo al Lobo, terminaría ganando en Michigan, Arizona, Carolina del Norte, Nevada, Pennsylvania y Georgia. Poco sabría que iba necesitar hacerme de otros six-packs para actualizarme miércoles, jueves, viernes, y sábado. Porque recién el sábado cerca al mediodía el Lobo dirá con certeza: “Con el 99,9% de los votos en Pennsylvania, CNN puede proyectar que Joe Biden es el nuevo presidente electo”. Y yo me digo, con el 99,9% de los votos yo también podría proyectar.

Ilustración de Regina Gómez / estudiante DGR UCB.

¿Y Trump? Eso tampoco lo sabía al irme a dormir en esa madrugada del martes. ¿O lo sabía?, ¿o lo habré soñado? ¿Habrá sido un sueño que Trump empezaría a hablar a diestra y siniestra de fraude electoral por parte de los demócratas?, ¿fraude? Poco sabía tampoco que el resto de los días me empezarían a salir ronchas internas al escuchar fraude a través de bombardeos en Twitter. Es el trauma remanente y vivo del 2019 en Bolivia, escuchar fraude me produce ronchas. De haberlo sabido de cierto, esa madrugada me habría dormido imaginando al Comité Cívico en Texas haciendo un cabildo al pie de algún Cristo, o a Trump pidiéndole consejos a Charly Table de cómo encarar el tema, o algo así. El tema es que no hay a quién reclamarle, cada Estado es independiente. Lo que queda es demandar a todos. 

Poco sabía tampoco que, incluso luego de que CNN y el Lobo declarare a Biden triunfador, y las celebraciones el sábado en innumerables ciudades, hasta ahora la victoria no sería oficial. Trump sigue jugando al golf repitiendo fraude, y Biden se apura a realizar la transición, porque si no, se duerme, igual que yo, en esa madrugada de martes, despertándome a cada rato con doble propósito: ver actualizaciones de las noticias y desaguar los traumas post-electorales.

 

  • Diego Mattos es paceño radicado en Massachusetts, degustador acérrimo de la Ranga Ranga, y añorador eterno de las tardes ventosas de Villa Fátima.

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