Zona verde

¿Los transgénicos nos pondrán a salvo de la crisis alimentaria?

Si el precio del gas se desploma ¿lo hace también el argumento de los empresarios agroindustriales? ¿Tiene sentido el uso de transgénicos para evitar la inseguridad alimentaria? ¿No será mejor apoyar a los pequeños productores?
domingo, 17 de mayo de 2020 · 00:06

Gonzalo Colque

El desplome del precio del gas ha puesto en crisis a los biocombustibles. Producir mucho maíz  y soja no es negocio. La oferta de alimentos en Bolivia no sufrirá grandes cambios. Entonces ¿tienen sentido los transgénicos para evitar la inseguridad alimentaria?

A escala global, el confinamiento a causa de COVID-19 está reconfigurando el acceso económico y físico a los alimentos y, en este contexto, los organismos internacionales como la FAO, OMS y OMC, emitieron pronunciamientos advirtiendo que podría darse una ola de medidas gubernamentales para restringir las exportaciones de productos agropecuarios. La consecuencia de algo así no sería otra cosa que la escasez de alimentos en el mercado global.

Los agropecuarios cruceños, mediante la Cámara Agropecuaria del Oriente (CAO), también se pronunciaron asegurando que, como proveedores de alimentos nacionales, necesitan el visto bueno gubernamental para cinco cultivos transgénicos: soya, maíz, trigo, caña de azúcar y algodón. Por eso está vigente el Decreto Supremo 4232.

Pero antes de ver si los transgénicos en verdad nos pondrán a salvo de la crisis alimentaria, debemos entender el escenario probable de la crisis pos COVID-19. Es muy probable que Bolivia esté expuesta al golpe por partida doble. Por un lado, la escasez provocaría alzas de los precios de alimentos con efectos inesperados; y, por otro lado, es seguro que la disponibilidad de ingresos será menor debido a la eminente ralentización de la economía.

Del libro Extractivismo agrario, de Ben McKay que realizó una investigación en el oriente del país.

Los países exportadores de granos como Estados Unidos, Canadá o Australia tienen mayor movimiento de cintura para sobrellevar las subidas de precios y sin exponer a grandes riesgos la seguridad alimentaria de sus poblaciones. Son países de ingresos altos, por lo tanto, no tienen necesidad de restringir sus exportaciones agropecuarias. Además, saturarían el mercado interno, los precios bajarían y los productores quebrarían.

Entonces, los países pobres como Bolivia van a mantener niveles aceptables de disponibilidad de alimentos, aunque a precios más altos. Debemos prestar atención al mercado de trigo porque la producción mundial ha sido golpeada por sequías y malas cosechas en algunos países. Además, Rusia, el mayor productor de este cereal, está presionando a la subida de precios. No ocurre lo mismo con el arroz dado que los principales productores como India, Vietnam y otros países asiáticos, destinan la mayor parte del grano al mercado interno. Incluso Japón, un importador neto de alimentos, tiene alta capacidad de autoabastecimiento de arroz. Bolivia también se autoabastece de la producción nacional, por lo que no está expuesta a los vaivenes del mercado global.

 (...) los países pobres como Bolivia van a mantener niveles aceptables de disponibilidad de alimentos, aunque a precios más altos.

El efecto por el lado de los ingresos, tiene relación directa con el precio del petróleo y de los commodities agrícolas como soya y maíz transgénicos. Todo indica que la caída del precio del crudo (estos días en torno a 25 dólares por barril) se traducirá en menores ingresos para Bolivia por exportación de gas y pone en jaque el proyecto público-privado de biocombustibles. A nivel global, prácticamente todas las plantas de etanol y biodiesel están en quiebra porque no pueden competir con el petróleo barato. Está en problemas la industria de etanol de los Estados Unidos que usa el 40% del maíz producido de ese país. Esto significa que las materias primas agrícolas como la soya y el maíz transgénico, tendrán menor demanda global. En otras palabras, bajarán los ingresos por exportación de gas y de soya. Vamos a sufrir un serio impacto económico generalizado. La tendencia de las exportaciones es a la baja tanto en cantidad como en valor. En consecuencia, sabiendo que la oferta no sufrirá grandes cambios, la seguridad alimentaria del consumidor estará limitada más bien por la menor capacidad adquisitiva y de consumo.

Agro boliviano / Fotografía Fundación Tierra

Todo indica que la caída del precio del crudo (estos días en torno a 25 dólares por barril) se traducirá en menores ingresos para Bolivia por exportación de gas y pone en jaque el proyecto público-privado de biocombustibles.

Ahora, volviendo a los transgénicos, la primera conclusión es que no hará falta que Bolivia produzca alimentos genéticamente modificados porque la oferta o la disponibilidad de alimentos no sufrirá grandes cambios ni en el mercado global ni en el mercado nacional. La única justificación que queda es que los nuevos transgénicos sean exportados y generen ingresos nuevos, pero ello está lejos de ser una realidad debido a que ya vimos que más bien el futuro de la soya y similares es a la baja. Estados Unidos tendrá excedentes de maíz transgénico debido al colapso de la industria de biocombustibles. El uso de la soya en la industria de biodiesel caerá a escala global. Todo esto significa que los transgénicos no generarán ingresos para Bolivia por largo tiempo.

(...) la primera conclusión es que no hará falta que Bolivia produzca alimentos genéticamente modificados porque la oferta o la disponibilidad de alimentos no sufrirá grandes cambios ni en el mercado global ni en el mercado nacional.

Entonces, si los transgénicos no son la respuesta, ¿qué se debe hacer para evitar la inseguridad alimentaria? Al menos dos medidas harán falta. Primero, apoyo estatal a la producción estable de alimentos y estabilidad en la disponibilidad de alimentos. Debemos cuidar a los productores de alimentos, pero no a cualquier productor sino a los pequeños productores de papa, trigo, cereales, hortalizas, para que tengan incentivos claros y puedan abastecer sin interrupciones el mercado interno. Segundo, el gobierno debe cuidar los ingresos de los consumidores. Dependiendo de cuán profunda podría llegar a ser la crisis económica global, el acceso a los alimentos dependerá de que la gente tenga ingresos mínimos y estables en el tiempo. Los bonos y las entregas de alimentos, si bien son necesarios en el corto plazo, tienen limitaciones a la larga: económicamente son ineficientes y tienen sesgos político-electorales.

Debemos cuidar a los pequeños productores, asegura Gonzalo Colque.

Debemos cuidar a los productores de alimentos, pero no a cualquier productor sino a los pequeños productores de papa, trigo, cereales, hortalizas, para que tengan incentivos claros y puedan abastecer sin interrupciones el mercado interno.

En conclusión, la crisis alimentaria dependerá de la disponibilidad de ingresos en los bolsillos del consumidor y no tanto de la oferta de alimentos en el mercado. Está por demás claro, que los alimentos transgénicos no son necesarios y tampoco generarán nuevos ingresos económicos por exportación para Bolivia.

 

  • Gonzalo Colque es economista, dedicado a estudios sociales. Director ejecutivo de la Fundación TIERRA en Bolivia.

En tiempos de cuarentena y restricciones usted necesita estar bien informado. Por eso, Página Siete pone temporalmente a su disposición de forma gratuita, nuestra edición de papel en versión digital. Para verla haga clic aquí.

Este servicio, con contenidos especiales y enfoques propios de las principales noticias del día, será parte de la App que lanzaremos próximamente. 

31
5