Artes

El callejón de la pandemia

Como esos callejones infames a los que se arroja al más débil para propinarle una paliza, así mismo parece habernos sucedido: un callejón, un virus y una paliza. ¿Cómo ha pasado el ámbito artístico el callejón de la pandemia?
domingo, 13 de septiembre de 2020 · 00:05

Sergio Antezana

Desde Rascacielos nos propusimos reflexionar sobre la realidad del ámbito artístico durante la pandemia, en particular la de los músicos y su industria (oferentes de servicios en vivo y tiendas de equipos). Para redondear, esta vez conversamos con diez directores de centros culturales, teatros y boliches* de todo el país, sobre la crisis y la eventual reactivación. El objetivo al integrar a estos actores fue, primero, tener un panorama nacional y no solo paceño y, segundo, aprovechar que son ellos quienes están en contacto con todo tipo artistas y tienen una perspectiva amplia del sector. De hecho, los espacios culturales son el centro de la actividad artística porque son los que articulan a los artistas con el público y sirven como centros de formación. Sin ellos, la cadena productiva del arte pierde su principal eslabón.

El Teatro Espacio Nuna, en La Paz. Uno de los espacios articuladores del ámbito artístico y cultural. 

De hecho, los espacios culturales son el centro de la actividad artística porque son los que articulan a los artistas con el público y sirven como centros de formación. Sin ellos, la cadena productiva del arte pierde su principal eslabón.

El consumo cultural durante la pandemia

Debido a la prohibición de eventos públicos, la relación artista – público fue posible gracias a la virtualidad. En buena parte del mundo y en nuestro país, el consumo cultural creció, en parte por el tiempo libre que tenían las personas durante la cuarentena y en parte porque la oferta salió de los escenarios y entró al mundo virtual llegando a una mayor audiencia de la usual. Surgen varias reflexiones al momento de evaluar esa situación:

  • No todo el público ve la diferencia entre un show íntimo lanzado por el artista desde su hogar y un concierto realizado en un escenario. El segundo es un espectáculo en el que se planifica de manera cuidadosa la participación de cada músico, la forma en que las luces apoyan a definir un ambiente, la inclusión de elencos de baile, etc. Mientras que lo primero es un show en el que el artista se presenta desde un espacio íntimo y sin una producción previa. No se trata de que uno sea mejor que el otro, pero sí de diferenciar el trabajo que se requiere para cada uno.
  • Existe el riesgo de que los shows gratuitos generen una idea en la gente de que la cultura no cuesta, y esto tiene dos aristas:
    • Por un lado, que no se valoren los costos de producir un buen espectáculo: el manejo del sonido, las luces, el tiempo dedicado al ensayo previo, etc.
    • Por otro, que el público crea que algo que no cuesta, tampoco tiene valor; algo muy común en la mentalidad actual, no solo en Bolivia sino en el mundo.
"Pulsos. Conciertos acústicos" una iniciativa que se desarrolla desde hace ya tiempo en Meraki Teatro Bar, Santa Cruz.

Mientras el show pagado se orienta a una base de seguidores, el gratuito puede llegar a gente que no sigue al artista e incluso generarle seguidores a futuro. La decisión de realizar un espectáculo gratuito obedece a la estrategia que tenga cada artista sobre su vigencia y proyección profesional, la relación con su audiencia y una serie de factores que incluyen su capacidad adquisitiva: no es comparable el concierto gratuito de un artista que cuenta con una gran cantidad de recursos, con el del artista local que vive o vivía de realizar presentaciones semanalmente. Algunos shows gratuitos aprovecharon ese espacio para dar mensajes informativos (usar barbijo, cumplir el distanciamiento social, etc.) o hasta alentadores a la población y, enfrentar así, una serie de emociones nuevas producto de la pandemia: miedo, desesperanza, y otras.

Algunos artistas y espacios buscaron auspicios de la empresa privada para desarrollar conciertos gratuitos, pero más como una estrategia de diversificación y generación de ingresos, que de sostenibilidad, la cual implica muchas más acciones a mediano plazo y que incluyen al consumidor de cultura.

El consumidor de cultura y su pantalla

Es evidente que durante la pandemia la gente convivió aún más con sus pantallas de lo “normal” y su consumo cultural vino por este medio. Si bien ya se usaba el streaming (transmisión de contenidos por internet sin que el receptor deba descargar nada previamente) para música (Spotify, Deezer, etc.) y cine (Netflix y otras) antes de la cuarentena, ahora se viene utilizando para conciertos también. Algunos espacios culturales grabaron el concierto en audio y video para luego “subir” este contenido a una plataforma que permita su visualización, otros realizaron todo en vivo: concierto y transmisión. Importante aclarar que la grabación de audio y video del concierto encarece notablemente su producción comparándolo con un concierto tradicional. En el caso de los espacios municipales paceños, ese costo lo asumió la Secretaría Municipal de Culturas; en el caso de los espacios privados se usaron distintas modalidades que pueden agruparse en: i) el artista paga los costos adicionales, ii) todos (artista, espacio cultural y productora audiovisual) cobran un porcentaje de lo recaudado corriendo así el riesgo juntos.

Algunos de los artistas consultados usaron plataformas especializadas que ya se dedicaban a la venta de entradas antes de la pandemia y que se adecuaron a la modalidad virtual; otros usaron cuentas personales y hasta transferencias mediante el sistema de billetera virtual de las compañías telefónicas debido al poco desarrollo de la banca digital en Bolivia.

Las experiencias en cuanto a conciertos vía streaming son variadas. Algunos tuvieron muy buenos resultados en ventas, mientras que otros no llegaron a sus expectativas. Se reconoce que el consumidor de cultura también está pasando por una crisis y que en muchos casos debe dejar de consumir cultura porque ha reducido sus ingresos o se encuentra en una situación económica de incertidumbre. Los espacios culturales tuvieron una amplia oferta vía streaming: música, teatro, danza, sesiones literarias, conversatorios, además de charlas magistrales sobre historia, arte y hasta sobre COVID 19. Algunos también ofrecieron talleres formativos en fotografía, encuadernación y un largo etcétera que incluye la elaboración de pan. Estas son algunas de las reflexiones sobre el tema:

  • Nada reemplaza la experiencia del arte en vivo. Se extraña y se espera esa retroalimentación y complicidad entre el artista y su público.
  • Antes del confinamiento, era común que una familia o una pareja acuda a un show en vivo generando varias taquillas, mientras que, en los shows en línea, con una sola entrada puede participar toda la familia. Es decir, se ha llegado a mucha más gente que la que se puede contabilizar con las entradas vendidas.
  • Un factor favorable según los entrevistados fue que los shows pudieron verse (y venderse) en otros países gracias a las plataformas virtuales; varios están considerando mantener ambas modalidades (virtual y presencial) cuando las cosas vuelvan a la “normalidad”. En algunos casos, el concierto virtual llegó incluso a superar el aforo presencial del teatro, es decir, si el artista hubiera realizado el concierto de manera presencial, hubiera tenido menos convocatoria que haciéndola virtual; esto se debió en parte a los consumidores que “llegaron” desde otros países.

...varios están considerando mantener ambas modalidades (virtual y presencial) cuando las cosas vuelvan a la “normalidad”. En algunos casos, el concierto virtual llegó incluso a superar el aforo presencial del teatro, es decir, si el artista hubiera realizado el concierto de manera presencial, hubiera tenido menos convocatoria que haciéndola virtual

Casa Teatro Grito, en La Paz.

La reinvención

Así como los artistas tuvieron que reinventarse, también lo hicieron los espacios culturales consultados. La reinvención pasó por varios caminos:

  • Desarrollar una nueva actividad económica o apoyarse más en aquella que ya estaba en curso, como ser la actividad gastronómica en varios casos. El Equinoccio aprovechó la pandemia para lanzar una cerveza artesanal propia, misma que ya venía desarrollando antes de ingresar al confinamiento pero que no había lanzado al mercado.
  • Innovar en el tipo de servicios ofrecidos o incluso en la manera de llevarlos a cabo. La Quimba, por ejemplo, desarrolló la mitad de sus actividades de manera presencial. Realizaron pequeñas muestras de teatro y títeres al paso, a veces desde sus ventanas o balcones y a veces en la calle; también modificaron las exposiciones de arte para que se vieran desde la calle.
  • Fruto de los aprendizajes, el Teatro Nuna y el Equinoccio, por ejemplo, están inaugurando nuevos servicios: El Nuna aprovechando la adquisición de equipos para ofrecer servicios de conferencias y talleres virtuales a instituciones y empresas, y el Equi inaugurando una sala de ensayos y servicios de producción audiovisual.

...el Teatro Nuna y el Equinoccio, por ejemplo, están inaugurando nuevos servicios: El Nuna aprovechando la adquisición de equipos para ofrecer servicios de conferencias y talleres virtuales a instituciones y empresas, y el Equi inaugurando una sala de ensayos y servicios de producción audiovisual.

"Limbo", el dueño del conocido Equinoccio, en La Paz / Foto Limberth Alarcón

Pero reinventarse no es tarea sencilla y menos en un tiempo en el que todas las actividades están paradas. Algunos espacios culturales tuvieron que negociar los alquileres, otros se mudaron, otros agotaron los ahorros propios e incluso acudieron a préstamos para mantener el espacio alquilado con la expectativa de reinaugurar en algún momento. El compromiso con el arte está ahí: en el tiempo invertido en buscar alternativas, en proponer cosas nuevas a la población, en seguir creyendo que el arte alimenta, enriquece y abre perspectivas para entender al mundo y a uno mismo.

Y ahora, ¿qué hacemos?

En La Paz, por ejemplo, la Secretaría Municipal de Culturas ya ha desarrollado los protocolos para espacios culturales y realizará su transferencia en los meses siguientes. La opinión generalizada es que incluso si la normativa de reapertura fuera rápida, el público no retornaría inmediatamente a las salas y que, por tanto, el retorno a la “normalidad” en los escenarios será gradual. Un entrevistado manifestó, con ironía, que si el retorno permitiera “solamente” un 30% del aforo, su espacio cultural no tendría mucho cambio con respecto a la época precuarentena en la que operaban más o menos a esa capacidad en la mayoría de las funciones. Otros, en cambio, esperan volver a llenar sus salas aunque saben que eso tomará tiempo.

La opinión generalizada es que incluso si la normativa de reapertura fuera rápida, el público no retornaría inmediatamente a las salas y que, por tanto, el retorno a la “normalidad” en los escenarios será gradual.

Meraki Teatro Bar, en Santa Cruz / Foto Pato Peters

La experiencia de la apertura de bares en Santa Cruz durante la primera semana de septiembre muestra que la gente necesita socializar y que tiene menos miedo a contagiarse de lo que estiman los gestores culturales o las autoridades municipales y sanitarias. Pese a la urgencia de reactivación, hay un consenso en torno a la responsabilidad que implica reabrir los espacios al público. Por eso se espera que el sector público local y nacional hagan una campaña informativa orientada a reducir el miedo a salir, sin minimizar la responsabilidad propia. Que la información sea clara sobre la real dimensión del riesgo de ir a un teatro, comparándola con el riesgo de ir al súper, a una iglesia o al Banco, por ejemplo.

Pese a la urgencia de reactivación, hay un consenso en torno a la responsabilidad que implica reabrir los espacios al público.

Finalmente, consultamos a los entrevistados sobre sus propuestas para la reactivación sectorial. Las respuestas fueron variadas y se las agrupó de la siguiente manera:

  • Hay quienes piensan que la reactivación sectorial pasa por devolver la jerarquía perdida al ex Ministerio de Culturas y promulgar la Ley Marco de Culturas que daría una mirada integral y estratégica al sector. Al mismo tiempo delimitaría las competencias de los gobiernos subnacionales, tal como se hace con la planificación, educación y salud. Al momento, por ejemplo, solo La Paz y Sucre cuentan con leyes de cultura municipales, mostrando el vacío institucional que hay en el sector. Al no haber obligación legal, cualquier dotación de fondos o política sectorial pasa por la buena o mala predisposición de la autoridad pública y usualmente termina siendo un “parche mal hecho”, como fueron los canastones entregados (y sin entregar) del ex Ministerio de Culturas y Turismo.
  • El 2019 varios espacios culturales en La Paz crearon la Coordinadora de Espacios Culturales, la misma que ha crecido en la presente gestión llegando a integrar centros a nivel nacional. La Coordinadora ha servido para articular a una masa mayor de interesados: actores, músicos, artistas plásticos, gestores y otros; fruto de lo cual se creó el Movimiento Todos Somos Culturas que viene organizando propuestas sectoriales con una visión amplia y recogidas desde las bases.
  • Algunos consideran que la reactivación sectorial pasa también por reactivar la economía del consumidor de cultura, que es quien siempre ha sostenido los espacios culturales. Se sabe que el público general pasa por un problema económico y que esto afecta su consumo cultural, pero también se reconoce que para el consumidor de cultura, ésta no es un lujo y que retornará a su consumo apenas las condiciones le sean dadas.
  • Si bien ninguno de los entrevistados obtuvo apoyo del ex Ministerio de Culturas, varios valoraron positivamente el Programa de Intervenciones Urbanas (PIU) ejecutado por el Ministerio de Planificación y el Fondo Municipal de las Culturas y las Artes (FOCUART) del Gobierno Municipal de La Paz. Ambos destinaron fondos específicamente para espacios culturales. En el caso del FOCUART 2020, los únicos requisitos para acceder a fondos municipales –como espacio cultural– eran contar con protocolos de bioseguridad y presentar una agenda cultural. Requisitos que cualquier centro cultural podía cumplir. La expectativa sería que se aprovechen estas experiencias, se cree un Fondo Nacional de Reactivación Cultural que incorpore aportes públicos y privados y que apoye a los centros culturales hasta que se puedan normalizar las actividades, siempre teniendo en cuenta que sin espacios culturales, la reactivación sectorial es muy complicada, por no decir, imposible. Los artistas necesitarán lugares donde realizar su trabajo, formarse, etc.

La expectativa sería que se aprovechen estas experiencias, se cree un Fondo Nacional de Reactivación Cultural que incorpore aportes públicos y privados y que apoye a los centros culturales hasta que se puedan normalizar las actividades...

Habrá, seguro, quién pregunte: ¿Por qué un fondo para el sector cultural? La pregunta en realidad debería ser: ¿Por qué no? El Estado ha aportado fondos a sectores que se supone que son totalmente rentables y privados como la agroindustria cruceña y el sector financiero (vale la pena recordar que así se obtuvo la mayoría accionaria en el Banco Unión, cuando éste no pudo pagar un préstamo público). Lo ideal sería que cada sector tenga un fondo de características particulares porque cada uno ha sido afectado de diferente manera.

"La Quimba", espacio cultural y gastronómico independiente, en Sucre.

Habrá, seguro, quién pregunte: ¿Por qué un fondo para el sector cultural? La pregunta en realidad debería ser: ¿Por qué no? El Estado ha aportado fondos a sectores que se supone que son totalmente rentables y privados como la agroindustria cruceña y el sector financiero...

Thomas Malthus decía que para sostener el empleo se debía contratar a una persona para que cave una zanja y a otra para que la tape. Con mayor o menor sofisticación, esta idea es la que va a primar en la reactivación mundial general. La Secretaría de Cultura en México, por ejemplo, ha optado prácticamente por un enfoque malthusiano y ha creado el Banco de Producciones que contratará a cerca de 1.300 artistas -solamente en Ciudad de México- para realizar presentaciones musicales, exposiciones fotográficas, y un largo etcétera que abarca a todas las artes.

Inglaterra anunció un fondo de 2.000 millones de dólares para reactivar su sector cultural - patrimonial. El fondo incluye mecanismos de subvención, préstamos de emergencia, fondos concursables que generen empleo (similar al mecanismo mexicano), la suspensión de impuestos, e incluso el pago de personal (acción que el gobierno inglés ha asumido con varios sectores como parte de su paquete global de reactivación). Si bien son realidades muy diferentes a la nacional, son buenos ejemplos de políticas para la reactivación en el sector cultural.

El arte vive peleado con el poder porque lo critica y, por eso, muchas veces las políticas públicas no lo toman en cuenta. En otras ocasiones, el arte es muy tomado en cuenta por el poder, pero solo si le sirve de propaganda. En ese péndulo están los artistas, espacios culturales y gestores procurando crear un momento en el que el arte sirva para conectarse con ese intangible del ser humano que puede llamarse alma, o espíritu, o algún otro apelativo, pero que es único en nosotros; ningún otro animal –que sepamos– hace arte. Un amigo dice que la música es lo más cercano que conoce a las descripciones de dios que le da gente religiosa. Admito que cada vez soy más creyente de esa fe que no pide sacrificios humanos, arrepentimientos ni intermediarios, y que ofrece la resurrección infinita, eterna y cotidiana.

 

* Gracias por su participación a María Fernanda Antuña - Productora y gestora cultural (La Paz), Francisco Barrios - Director de La Quimba (Sucre), Pato Peters – Socio propietario de Meraki (Santa Cruz), Limberth Alarcón – Propietario del Equinoccio (La Paz), Mabel Franco – Jefa de la Unidad de Espacios Escénicos de la Secretaría Municipal de Culturas (La Paz), Mauricio Canedo – Cantautor y co gestor del espacio cultural 8B (Cochabamba), Carlos Sivila - Cantautor y Gestor Cultural en Mestizo Cultural Lab/VirtuArt (La Paz), Luis Daniel Iturralde – Manager Teatro Nuna (La Paz), Lenin Butrón – copropietario de La Muela del Diablo (Cochabamba) y Bernardo Arancibia Flores – Integrante de Teatro Grito, representante de Casa Grito - Un Hogar para las Artes e integrante de la Coordinadora de Espacios Culturales (La Paz).

 

  • Sergio Antezana es desempleado a tiempo completo y aparapita sanzeano por vocación.

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