Homenaje

Luis Alberto de la Rocha. Un grand maître, jatun yachachix

Como muchos cochabambinos, su vida y obra transcurrió fuera de llajta donde, entre infinidad cosas, fundó en 1957 el primer colegio franco boliviano del país: el Lycée Alcide d’Orbigny. También publicó poesía francesa en lengua quechua con poemas de autores como Gautier o Verlaine, Merecido homenaje a un gran maestro pupilo a su vez de Ferdinand de Saussure y André Martinet.
domingo, 13 de septiembre de 2020 · 00:06

Carlos Ernesto de la Rocha

 

Cochabamba, la ciudad de Juan de la Rosa, último soldado de la independencia, fue también cuna de las Heroínas de la Coronilla, de nuestra gran Adela Zamudio y de muchas personas de bien. Otros hijos de esa hermosa ciudad, unos conocidos, otros en silencio, han aportado, en la llajta y fuera de ella, a una superación espiritual e intelectual que siempre hizo falta y hoy, más que nunca.

Cochabamba también vio nacer hace cien años, un 7 de agosto, a Luis Alberto de la Rocha. Una calle paceña, colindante al otrora llamado Instituto Normal Superior Simón Bolívar, lleva el nombre de este maestro. Es ahí que el profesor Luis de la Rocha dio cátedra de francés por más de una década.

El profesor Luis Alberto de la Rocha habría cumplido 100 años el pasado 7 de agosto.

Cochabamba también vio nacer hace cien años, un 7 de agosto, a Luis Alberto de la Rocha. Una calle paceña, colindante al otrora llamado Instituto Normal Superior Simón Bolívar, lleva el nombre de este maestro. Es ahí que el profesor Luis de la Rocha dio cátedra de francés por más de una década.

Fue querido, respetado y admirado por sus personalidad jovial, su disciplina y puntualidad a prueba de temporales, rectitud imposible de quebrar, ecuanimidad ejemplar; su gran ética de trabajo era efecto de un gran amor por la patria, que inculcaba a sus alumnos tanto con el ejemplo como con la prédica.

Antes de dar cátedra en la Normal, fue parte de los planteles fundacionales del Liceo La Paz y del Colegio Antonio Díaz Villamil con la asignatura de francés en tiempos en que ese era el idioma de mayor prestigio en el mundo y su enseñanza era obligatoria en la secundaria de Bolivia.

Fue becado a la patria de Rousseau y Molière, cuyas obras apreció mucho y puso en práctica y escena. Estudió en la Facultad de Letras de la Sorbona y su Instituto de Fonética, a menos de una década de haber terminado la segunda guerra mundial. En París colaboró con el periódico Le Monde Latin, publicó Léxique des Verbes Français. Culminó sus estudios y lo enorgulleció haber tenido como maestros a los doctos lingüistas Ferdinand de Saussure y André Martinet.

Fundó en 1957 el primer colegio franco boliviano del país: el Lycée Alcide d’Orbigny, en homenaje a ese ilustre científico francés que vino por nuestras tierras en misión oficial de investigación etnográfica y biológica.

Su dedicación a la enseñanza de idiomas le llevó a producir textos como Petite Anthologie Écolière, Cours abrégé de français, Short cours of english, en una realización no sólo intelectual sino material: compró con gran esfuerzo, propio de los profesores secularmente mal remunerados, una pequeña imprenta tipográfica; mandó importar tipos del alfabeto francés para imprimir él mismo los textos que le ayudarían en su labor docente, que realizaba con la vocación de quienes habrían dado su vida por la formación de las nuevas generaciones: en vacaciones organizaba cursos gratuitos de verano para el estudio de lenguas extranjeras en instalaciones de escuelas fiscales.

Fundó en 1957 el primer colegio franco boliviano del país: el Lycée Alcide d’Orbigny, en homenaje a ese ilustre científico francés que vino por nuestras tierras en misión oficial de investigación etnográfica y biológica.

En la vacación de 1970-71 colaboró a su esposa, Dora Justiniano Callaú, en la preparación y publicación de Mi Poemario de Lectura, una obra con base científica (lingüística, psicológica y pedagógica) para la enseñanza de la lectura, plasmando el método globalizador (sin descomposición silábica) y con base en poemas. Dora, autora intelectual; René, maquinista; Jorge, componedor tipográfico; Carlos, distribuidor de tipos y compaginador: esposos e hijos en la producción intelectual y material de un libro de vanguardia. El eje de esa fusión del trabajo intelectual y manual: Luis.

En los '60 publicó cuatro volúmenes de la Collection de Littérature Bolivienne d’Expression Française: Bilan du Féminisme Mondial, de Joachim de Lemoine; Louange de la France, de Nicolás Fernández Naranjo; Poèmes, de Antonio Ávila Jiménez, Regain, de Adolfo Costa du Rels. Para garantizar la perfecta ortografía francesa de esas ediciones, Luis Alberto se remangó la camisa y se puso a componer cada línea tipográfica, dándole el toque final con colofones en forma del Arco del Triunfo, la Torre Eiffel, la Flor de Lis, ¡con tipos de estaño y zinc, en su pequeña imprenta, que apenas había perfeccionado los materiales, que no el sistema, de la imprenta de Guttenberg, y estaba lejos de la linotipia, más lejos de las imprentas offset y ni soñar con los sistemas electrónicos de composición e impresión de hoy!

Para garantizar la perfecta ortografía francesa de esas ediciones, Luis Alberto se remangó la camisa y se puso a componer cada línea tipográfica, dándole el toque final con colofones en forma del Arco del Triunfo, la Torre Eiffel, la Flor de Lis, ¡con tipos de estaño y zinc, en su pequeña imprenta, que apenas había perfeccionado los materiales, que no el sistema, de la imprenta de Guttenberg...

En esa misma década organizó la Asociación Boliviana de Profesores de Francés, con el objetivo de mejorar la formación profesional de sus afiliados. Participó activamente en la organización y la fundación, en Québec, de la Federación Internacional de Profesores de Francés, en 1967, de la cual fue su primer vicepresidente.

En 1968, pocos meses después del mayo francés, recibió una invitación por tres meses, que el Gobierno francés otorgaba a personalidades extranjeras, para realizar un viaje turístico por aquel país. Luis de la Rocha aceptó esa invitación, pero inscribiéndose en un par de cursos de postgrado, de duración anual, obtuvo sus certificados de Orientación Pedagógica y de Francés Usual.

En los primeros años de la década del 70, un Congreso Nacional de Profesores de Francés que dirigía fue entorpecido por esbirros de la dictadura. Renunció a su cátedra de lengua francesa a fines de 1974.

Cobró fuerza su amor por una de sus lenguas maternas: el quechua. En 1973 participó en el Primer Congreso de Lenguas Nacionales y su convicción científica de las bondades la alfabetización en lenguas nativas. Publicó varios números del periódico mensual Killa, enteramente en quechua. Organizó la Academia Boliviana de la Lengua Quechua, de la cual fue su primer presidente, iniciando la serie de ingresos a la misma con su tesis La escritura de la lengua quechua, en 1987.

Organizó la Academia Boliviana de la Lengua Quechua.

Cobró fuerza su amor por una de sus lenguas maternas: el quechua. En 1973 participó en el Primer Congreso de Lenguas Nacionales y su convicción científica de las bondades la alfabetización en lenguas nativas.

En 1975 solicitó ir a trabajar a una provincia de La Paz y explicó esa decisión: -Hasta aquí he trabajado por una lengua extranjera, ahora debo trabajar por una lengua de mi propia patria. Asumió la dirección del colegio de Tiwanaku. Fundó el Colegio Nacional Arthur Posnansky, en homenaje a ese ingeniero austro-húngaro, héroe de la Guerra del Acre y fundador de la Tiwanakología. A pesar de algunas oposiciones dadas más por dogma que por doxa, argumentó ante las autoridades sobre la necesidad de crear un Liceo de Señoritas en esa ciudad milenaria, para quitar el subterfugio a machistas seculares de impedir el estudio de sus hijas. Funda el Liceo Genoveva Ríos, que años después quedaría en el abandono.

En 1975 solicitó ir a trabajar a una provincia de La Paz y explicó esa decisión: -Hasta aquí he trabajado por una lengua extranjera, ahora debo trabajar por una lengua de mi propia patria.

Jubilado ya, fundó el Centro Socio Cultural Hogar Tiwanaku que, entre otras actividades, ofreció una carrera profesional a los bachilleres, en años en que la Universidad Católica no había organizado su Unidad Académica Campesina. Así, el Centro Cultural abrió su carrera de Técnico en Turismo, con especialidad en Tiwanakología. Muchos de sus estudiantes pudieron capacitarse y ejercer como guías en el más importante sitio arqueológico de América del Sur.

Primer congreso de lenguas nacionales.

Inició en esos años la edición de Páginas Doradas de la Historia de Bolivia, comenzando por una reseña de Tiwanaku. Dedicando a los estudiantes de diferentes ciclos publicó: Ciudad Eterna. Historieta Cultural; Esplendor de Tiwanaku; Cronología de Tiwanaku; Bibliografía de Tiwanaku. Realizó el Concurso Internacional de Tiwanakología, que llegó a tener tres versiones y la participación de estudiantes de Bolivia, Perú, Chile y Argentina, principalmente.

En 1954, estando en París, escribió el siguiente “Message”: “Colegas y amistades retornan a sus añorados lares por el mundo, con alegrías, o tristeza… Nuevamente la nostalgia por la patria chica y los suyos ponen a prueba el corazón y la voluntad. Se impone un viaje, no como Ulises, pero sí como Du Bellay, hacia Roma. Aprendí de éste que los palacios monumentales, ni otros idiomas, valen tanto como la cabaña o la expresiva lengua suya. Pronto retorno a París, preparativos y “loisirs”, y hé aquí: Empezando por los versos de Joachim, los encantadores poemas del francés al quechua, también mi adorada lengua, aprendida en mi valle florido…”  Es en 1991 que publica Poesía Francesa en Lengua Quechua. Esta obra presenta poemas de autores, como Joachim du Bellay, Claude Rouget de Lisle, Théophile Gautier, Paul Verlaine, y su traducción directa al quechua. Estos versos de La Marseillaise, son un ejemplo:

            Allons, enfants de la Patrie,                 Jaku, rina, Suyunchij-churikuna!

            Le jour de gloire est arrivé ;                 atipana p’unchay ña chayamunña,

            Contre nous de la tyrannie,                  ñoqanchajman jamuspa, wanchijkuna

            L’étendard sanglant est levé !              yawarlla wiphalankuta oqharimunku.

Esta obra fue realizada «En homenaje a mi abuelo, el español Matías Angulo, profesor de latín en el Seminario Conciliar de Cochabamba, a fines del XIX; En memoria de mi madre, Felicidad Angulo-Reyes de la Rocha, mujer cochabambina que fundó su escuela privada en la ciudad de Tarata, durante “La Belle Époque” y prefirió hablar a sus hijos en la bella lengua quechua; Dedicado a mi hijo menor Carlos Ernesto de la Rocha Justiniano, nacido el 1er día de la V República Francesa, que también se educó en París y ejerce hoy su magisterio de Bellas Letras en La Paz».

Fue condecorado por el Gobierno con la “Gran Orden Boliviana de la Educación” y con la medalla “El Sol de Tiwanaku” por el H. Alcalde Municipal de la milenaria urbe.

El último año de su vida publicó La enseñanza del Francés en Bolivia (1ra parte: del siglo XIX a 1950). Desde 1987 estuvo preparando el libro, aún inédito, Amalia Villa de la Tapia, nuestra pionera del aire (obra dedicada a la primera aviadora militar de Bolivia, a quien también tuvo el honor de colaborar en la preparación, redacción y edición de Alas de Bolivia; una historia en tres tomos de la aviación boliviana).

Desde 1987 estuvo preparando el libro, aún inédito, Amalia Villa de la Tapia, nuestra pionera del aire (obra dedicada a la primera aviadora militar de Bolivia, a quien también tuvo el honor de colaborar en la preparación, redacción y edición de Alas de Bolivia; una historia en tres tomos de la aviación boliviana).

En 1991 publicó Etimologías Quechuas en la Lengua Francesa. Estuvo preparando, entre otras obras, una que es de lamentar mucho que no haya podido culminar y de la que sólo tuve referencias: un diccionario quechua en lengua quechua (sin ninguna traducción al español ni otro idioma). Él decía que “eso le daría la ‘mayoría de edad’ a la lengua quechua”.

Empezada esa obra que iba a ser monumental, y antes de terminarla, Luis Alberto de la Rocha se fue atravesando su Arco del Triunfo, su Puerta del Sol, el 11 de septiembre de 1992.

Una calle con su nombre en
La Paz.

El 11 de abril de 1996, la Embajada de Francia, la Alianza Francesa y la Asociación de Ex becarios y Residentes de Bolivia en Francia se honraron en invitar al descubrimiento de la placa con el nombre del profesor Luis Alberto de la Rocha, en un salón de la Alianza Francesa, en homenaje a su labor de divulgación de la lengua y la cultura francesas. El Dr. Alberto Laguna Meave, Presidente de la Sociedad Científica Arqueológica de Bolivia resaltó que “el profesor De la Rocha ha sido miembro de dicha Sociedad Arqueológica y que había encontrado la etimología de la palabra aymara que nosotros ignorábamos hasta entonces, como contracción de otras tres palabras aymaras ‘jalla’-‘mara’-‘aru’; jalla: lo lejano, mara: los años, y aru: el idioma; esa es la significación de ese vocablo que se llama aymara… Por esa razón agradecemos profundamente la perpetuación de su nombre en esa placa, por ahora y por siempre para las juventudes de La Paz, de Bolivia y del mundo…”.

El profesor De la Rocha había encontrado la etimología de la palabra aymara que nosotros ignorábamos hasta entonces, como contracción de otras tres palabras aymaras ‘jalla’-‘mara’-‘aru’; jalla: lo lejano, mara: los años, y  aru: el idioma; esa es la significación de ese vocablo que se llama aymara…

 

  • Carlos Ernesto de la Rocha es camba colla, amante de Bolivia y ciudadano del mundo. Cree en el amor históricamente eficaz y en una ecología radical. Enseña lenguaje, literatura y francés. Ha publicado Versos para no morir.

 

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