Para bailar, para gozar / CARTELERA

domingo, 17 de enero de 2021 · 00:00

Rebeca Paz Prada

 

Lo que buscamos seguramente es un momento para ver una película que nos deje ir por un rato a otro lugar. Dejarnos llevar por una narrativa paralela, dejando el cuerpo olvidado, quietito, como lo estuvo todo el año pasado. A falta de movimiento, de pulso acelerado por algún “temón” y de la sensación al bailar con otros, el baile brilla más aún por su ausencia. Inevitablemente, la situación actual no nos deja hacer mucho más, es por eso que el cine puede tratar de hacernos recuerdo de lo que el baile es capaz de darnos y provocar desde el cuerpo.

Climax  - Gaspar Noé (2018)

El mundo competitivo de la danza, retratado desde un espacio en reclusión.

Ambientada en una Francia de los años noventa, Climax nos da la oportunidad de ver un grupo de bailarines callejeros actuando en un thriller psicodélico, bailando con la música del rapero y dj Kiddy Smile, también presente en el reparto. Esto le dota de autenticidad a las escenas de baile improvisado (“free-style”) como en las coreografías. Sin embargo, la trama busca indagar más allá, en el mundo competitivo de la danza, retratado desde un espacio en reclusión. La última fiesta será el punto de partida hacia la locura y sus revelaciones: en un mundo donde supuestamente la libertad y autenticidad priman, el espanto y la ansiedad se apoderan de las personas, dejando poco para respirar. De manera contradictoria, la película no deja de maravillarnos, siguiendo los movimientos de estos jóvenes artistas a través de la cámara psicodélica de Noé.

Paris is Burning – Jennie Livingston (1991) / Netflix

Competiciones de baile organizadas por temas, en las que los participantes actúan desfilando para un público conformado por ellos mismos.

Documental entrañable que marcó una época porque visibilizó una tradición de grupos marginales LGBT, latinoamericanos y afroamericanos localizados en los Estados Unidos en los años ochenta: la cultura “ball”. Originaria de las danzas callejeras en Nueva York, se resume en competiciones de baile organizadas por temas; allí los participantes deben actuar desfilando para un público conformado por ellos mismos. Un acontecimiento indefinible, entre acto “Drag Queen”, danza callejera, teatro o happening, donde una profunda necesidad de expresión artística como política hace frente a una sociedad homofóbica y represiva. La asertividad de las entrevistas logra hacernos conocer personas entrañables, compartiendo la intimidad de sus pensamientos desde la marginalidad y expresividad de sus modos de vida. Este documental nos deja claro cómo el baile se vuelve una necesidad y una fuente de cuestionamientos identitarios y sociales. 

Lil Buck, real swan – Louis Wallecan (2020)

El protagonista logra entrar en el mundo del ballet clásico para mezclar diferentes estilos de baile y crear sus propios pasos.

La vida –y el muy reciente éxito– del bailarín callejero llamado Lil Buck se retrata con gran minuciosidad en este documental. Originario de Memphis –donde hay una tradición de baile creado y concebido en el mismo lugar por adolescentes que escapan de la violencia que los rodea–, logra destacarse como el mejor bailarín del estilo “Jookin”. Las entrevistas a otros bailarines y amigos dan cuenta de la importancia de los eventos que se creaban alrededor del baile, inspirados por la cultura del hip-hop y el rap, y que dieron lugar al surgimiento de gran variedad de identidades urbanas. Vemos luego cómo el protagonista logra entrar en el mundo del ballet clásico para mezclar diferentes estilos de baile y crear sus propios pasos –el documental nos regala escenas aparte solo para verlo bailar y valorar así la autenticidad de su improvisación–. Una historia en la que se aprecia el camino de un artista en desarrollo.

Ya no estoy aquí – Fernando Frías (2019) / Netflix

Estos jóvenes adolescentes conforman el grupo llamado los “Terkos”, que bailan al son de Kolombia, una cumbia más lenta.

Película aclamada de Fernando Frías, postulada a mejor película extranjera para los Óscar, muestra desde una ficción muy realista la historia de una tribu urbana localizada en Monterrey, a principios de esta década. El escenario es un barrio popular en una época de suma violencia por la guerra contra el narcotráfico donde estos jóvenes adolescentes conforman el grupo llamado los “Terkos”, que bailan al son de Kolombia, una cumbia más lenta o “rebajada” venida desde, precisamente, Colombia. Entrañable en el esfuerzo creativo y autentico que adquiere el protagonista, bailarín e integrante respetado por su comunidad, aun cuando toma la forma de un outsider a la hora de salir de México hacia Nueva York por un exilio forzado. El director logra retratar no sólo el ambiente sino las sensaciones de aquella cultura con sus propios protagonistas. 

  • Rebeca Paz Prada es artista visual, investigadora en arte contemporáneo y diseñadora boliviana, se cuestiona constantemente sobre los modos de ver y percibir la realidad hoy en día. Reside actualmente en París, con un amor intenso y discreto por la expresión cinematográfica.

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