El primer hospiceboliviano atiende en Sucre hace un año

El centro recibe a pacientes previo análisis de sus casos y coordinación con las familias. Su objetivo es alivianar los últimos días de vida de forma integral.
jueves, 2 de julio de 2020 · 00:04

Natalí Vargas y Mónica Mercado / La Paz y Sucre

Los  hospices son centros especializados en atender a pacientes terminales en sus últimos días. En Bolivia el primero, y único hasta el momento, es la Casa de Acogida Sor María Catalina que funciona en la ciudad de Sucre atendido por las Siervas de María Ministras de los Enfermos.
   
En la Capital, la Casa de Acogida  es dirigida la hermana Luzvinda Díaz Lara, desde su apertura hace poco más de un año. “El objetivo de la Casa  es acoger a pacientes de todas las edades, de toda condición social y de toda religión en la fase terminal de sus vidas. Muchos de los  que han venido acá sí sabían que la hora estaba próxima, otros no”, explica la directora.

Y añade: “Lo que realmente nos queda a nosotras es la alegría y la satisfacción de haberles ayudado a transitar este momento final de la mejor manera, brindándoles cariño y amor; no solamente tratando el dolor físico, sino apaciguando la parte psicológica y social. Es decir, tratando de acompañar a los pacientes en todas las dimensiones”.

 Nuevas visiones sobre el fin

Producto de cambios culturales, demográficos y epidemiológicos; de la profesionalización y de los avances en el campo médico, durante el siglo XX se afirmó la tendencia a que la muerte ocurran dentro de la esfera de la medicina. A partir de la década de 1950 surgieron  los cuidados intensivos, que modificaron la visión de la gestión médica del final de la vida.

 La enfermera, trabajadora social y médica inglesa Cicely Saunders ( (1918-2005) fue una figura central en la emergencia y desarrollo del “movimiento hospice”. A partir de la atención de pacientes moribundos y de la investigación, Saunders promovió innovaciones técnicas y conceptuales en el control del dolor por cáncer, y en la identificación de necesidades sociales, espirituales y prácticas de los  pacientes y sus familias.

Estos aportes  y los avances en el campo médico, como la transplantología, derivaron en la formulación de nuevos criterios para la definición de la muerte. Se estableció, por ejemplo el concepto de la “muerte cerebral” y el fin de la vida dejó de determinarse únicamente por la detención de las funciones cardiopulmonar o cardiorrespiratoria.

Pero frente a esta visiones está la voluntad de los pacientes y de sus familiares acerca de cómo desean pasar sus últimos días. Muchas familias tienen  dificultades para cuidar de un enfermo en casa  o es  el mismo paciente quien decide ir a  un centro especializado que lo atienda en  etapa terminal. Los hospices son una respuesta a estas necesidades 

  
La organización de los hospices se sustenta en  el cuidado holístico, que supone atender no sólo a los aspectos físicos de la enfermedad terminal sino a las necesidades emocionales, sociales y espirituales de las personas al final de sus vidas.

Las instalaciones   del centro que atiende en Sucre


 
El hospice boliviano

La Casa de Acogida que funciona en Sucre   tiene dos entradas, una de ellas por un jardín delantero  habitado por dos gatos cariñosos. La otra conduce a un patio  que se une con un área verde   resguardada por dos canes que se  convirtieron en mascotas terapéuticas que acompañan a los pacientes.

El centro cuenta con salas para adultos y salas para niños con una decoración especial para los más pequeños. Los servicios de  cada ambiente están adaptados a los requerimientos especiales de los pacientes. 

Tiene farmacia,  cancha, áreas verdes, piscina, dependencias para voluntarios extranjeros y una capilla; además de las dependencias básicas: dormitorios, cocina, comedor, sala de estar, guardarropía y sala de lavado y planchado.

El personal incluye a voluntarios predispuestos a ayudar en  lo que sea necesario. El resto de las labores de cuidado y atención recae en las hermanas de la orden Siervas de María. 

Fue así desde   octubre de 2018, cuando se abrió la Casa de Acogida sucrense que debe su nombre a la Beata  Sor María Catalina Irigoyen Echegaray. 

   “Cuando nosotros internamos pacientes, damos un abordaje multidisciplinario a la familia y al entorno. Se debe hacer un ingreso idóneo y un seguimiento integral, que implica el conocimiento de diferentes instrumentos que contamos en cuanto a cuidados paliativos. Se busca   dosificar no sólo lo físico, sino todas las esferas que conlleva un ser humano”, explica la directora médica del centro,  Zoraida Navarro Arias. 

Los métodos paliativos que menciona la doctora hasta hace unos años no se implementaban en Bolivia. Navarro los conoció en Europa, donde realizó sus estudios de especialización.

 “Estos instrumentos nos ayudan a ver cómo ingresa el paciente  y hacer el seguimiento. La escala tiene  puntos que se pueden analizar y evaluar desde diferentes esferas. Esto permite que todos los profesionales puedan  calificar al paciente de forma individual y también a su familia”, complementa la hermana Díaz.

En el hospice, una habitación para niños.

Hogar de paz

La Casa de Acogida Sor María Catalina, ubicada cerca al que fue el aeropuerto Juana Azurduy, es vecina del Hospital San Pedro Claver y resulta ser la última parada de algunas líneas de microbuses de la zona denominada La Jastambo. Está alejada de la ciudad, de la contaminación acústica y ambiental, en el objetivo de ser un  hogar para sus internos.

“La mayoría de los pacientes llega ciertamente con mucho dolor, pero mientras pasa el tiempo realmente creo que  logramos nuestro objetivo, que es darles esa calma, esa paz y sobre todo ese calor de hogar. Hasta el momento, en mi experiencia, no escuché a ninguno de nuestros pacientes decir ‘quiero morir’, sino más bien  han disfrutado los momentos  aquí, con su familia y con nosotros, que tratamos que su estancia sea lo más cálida posible”, asegura la  psicopedagoga Patricia García,  que es parte del equipo de 22 voluntarias.

En su primer año de funcionamiento, en octubre, la Casa de Acogida había atendido y confortado en sus últimos días a 13 pacientes terminales, entre niños y adultos. Hoy, con todas las restricciones de la pandemia, continúa con su labor. 
   

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